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"PERROS QUE LADRAN EN EL SÓTANO"

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A Olga Merino (Barcelona,1965) no se le nota (tanto) lo periodista que es.  Hasta que no he dado con esta su última novela no había leído nada suyo.  Ahora tengo pendiente: Espuelas de papel (2004) y Cenizas Rojas (1999), que seguramente me convencerán tanto como Perros que ladran en el sótano (Alfaguara, 2012).  Decía que no se percibía claramente su profesión en esta novela, porque describe con pulcritud, detalle y maestría, pero dentro de un contexto de narración envolvente que se aleja de la crónica periodística.

Perfectamente estructurada de principio a fin, entre un pasado y un presente condenados a entenderse, esta novela va de la época del protectorado en Marruecos a los últimos años de la dictadura franquista, y se caracteriza por el rasgo principal que para mí define a una gran obra: imposible enjuiciar a los personajes tal y como están construídos, hay que dejarse llevar por un argumento que no cojea, al que no le falta una coma, y que sólo puede conducirte a la comprensión y el respeto.

Porque aunque lo parezca no es una historia sobre perdedores, sino sobre honestidad, fugas imposibles, cadenas perpetuas que te buscan por mucho y muy deprisa que huyas, y siempre terminan por encontrarte... y ante eso bajar los brazos no está mal, se sacude el rencor, se muestran las cartas y sólo queda continuar bajo los aleros que gotean.

Ingredientes como la vida de farándula en pueblos a los que sólo conducen carreteras secundarias, las noches suburbiales de la Barcelona de los 70, amores convulsos, pérdidas irrecuperables, lo que pudo haber sido y no fue, las cartas (indispensables en cualquier argumento que se precie), el dolor y la derrota, sumados al olor, el sabor y los colores de los lugares y las épocas que describe hacen que Perros que ladran en el sótano roce la maestría.

El contexto socio-político en el que nos desenvolvemos es tan determinante como el país en el que nacemos o el seno familiar en el que germinamos... juntos pueden provocar daños irreparables... o no.

Al fin y al cabo la supervivencia (casi) siempre está garantizada, y se trata de poco más.  Seguir adelante, a pesar de los anclajes.  Con ellos.

 

21/05/2012 10:07 Puri Novella Enlace permanente. sin tema

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