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MARTES DE CENIZA

OTRA PIEL

OTRA PIEL

Cuando alguien me para por la calle para comentarme que se ha enterado de que he escrito un libro.

Cuando los escasos ejemplares que he llevado a los distintos puntos de venta se venden y yo salgo apretando el dinero en la mano como si fuese un cheque en blanco, contagiada al mismo tiempo de ilusión y de sorpresa.

Cuando veo llover y sé que mi novela está en la calle.

Cuando pienso en la alineación de todos los astros y de todas mis amigas geniales.

Cuando leo un par de páginas y no me tiemblan las piernas porque me reconozco en ellas. Y podrían estar mejor escritas, depuradas, lo sé, pero son mías. Una idea, una emoción, un desarrollo.

Una novela contiene muchos ingredientes y un momento vital único.

Una novela es tomar posiciones y dirigir la mirada.

Cuando sucede todo lo que he descrito es como si mudase de piel. Como si las cosas y las personas bienintencionadas pudiesen cambiar el mundo o una sola tarde.

Es cuando creo en lo que hago y creo que puedo seguir haciéndolo.

A pesar del edadismo, de los bocachanclas, de la desprotección, del mercantilismo, de las imperfecciones graves, de las grietas del sistema por las que me caben los dos brazos, del cansancio, de lo cíclico, de los juicios sumarísimos, del trabajo (que ya sólo se parece a trabajar, de no ser por algunos maravillosos personajes fugaces), de la que espero sea mi última mudanza, de los veranos intransigentes, del insomnio y de la vida pequeña, la que aprieta porque calza menos de lo adecuado.

A pesar de todo lo que no transmuta y respira como un rinoceronte creo que puedo seguir haciéndolo. Escribir. No demasiado mal.

Cambiar a la piel del convencimiento.

Porque la literatura genera un respetuoso hábitat de conciencia con espejos.

Y siempre me ha salvado la vida.

Le debo varias.

 

"Principio de Invierno"

De venta en Amazon.

Librería Cuéllar (Paseo Cuéllar, 39. Zaragoza)

Taberna Pottoka (Martín Carrillo, 5. Zaragoza)


SER ESCRITORA

SER ESCRITORA

Está claro que hubo un momento en que me perdí la pista.

Yo sola, cómo una autómata.

Me olvidé de acumular el valor y la autenticidad necesarios para creer que podía serlo. Que me lo debía.

Escritora, digo. Ser escritora.

Cuándo comencé este blog allá por 2008, en el pequeño apartado de presentación describí que seguía intentando no defraudarme por completo, mantener el empeño de escribir, conseguirlo.

Ser escritora, digo.

No tengo oficio, un despacho propio, un tiempo definido y definitivo... Pero ahora sí que me estoy desprendiendo a duras penas del síndrome de impostora.

Un puñado de mujeres y Principio de Invierno son las culpables.

Escribí la novela que me hubiese gustado leer.

Yo pensaba que era diminuta, nada destacable.

Pero, dos meses después de su publicación la miro a los ojos y me doy cuenta de mi menosprecio, porque crea vínculos y genera experiencias inolvidables, pedagógicas, que me servirán para el resto del camino.

Lo urgente, lo prioritario, no dejaron margen para lo importante.

Escribir, como respirar.

Yo podía hacerlo.

Convertirme en escritora.

Es emocionante el reencuentro con una misma, con lo que queda de las ganas.

Es emocionante emocionar.

Subirse a esta montaña rusa, que acabará más pronto que tarde y pensar que lo logré.

Ser escritora, digo.

No defraudarme por completo.

CHARLAMOS SOBRE DISTINTOS TIPOS DE VIOLENCIA

CHARLAMOS SOBRE DISTINTOS TIPOS DE VIOLENCIA

Mi novela va a servir para establecer una charla-coloquio con mujeres sobrevivientes de violencia machista.

Mi novela va a servir. Para aprender. Y yo con ella. Para caminar juntas.

Es cierto que, sin tratarse de su eje principal, está impregnada de violencias múltiples, que se entrelazan y ramifican, que modelan a los personajes, implícitas en sus vidas como en la cotidianidad del mundo.

Ser sobreviviente a ellas contiene un plus de superación, capacidad y autonomía.

Ser sobreviviente es una cosa y superviviente, otra.

Esto me lo enseñó la Asociación Somos+ y sobre ello trataremos el 15 de Enero a las 18h en el Centro Joaquín Roncal de Zaragoza.

Gracias por contar conmigo y con mi historia, somos pequeñas, pero estamos dispuestas a crecer y sobre todo a sacudirnos esas violencias desde lo colectivo, la incondicionalidad y las redes solidarias.

Estoy orgullosa de que la novela nos permita abrir ventanas, ventilar las estancias, despojarnos de lo rancio.

Seguiré informando sobre los pasos de Principio de Invierno.

"PRINCIPIO DE INVIERNO"

"PRINCIPIO DE INVIERNO"

Tenía que intentarlo.

Porque no quería quedarme con las ganas.

Siempre me ha parecido tan precario aquello de lo que pudo haber sido y no fue...

Primero me conté a mí misma la historia, como cuando memorizas para un examen. Y después rebusqué entre mis bártulos literarios las herramientas que necesitaba para contarla como me hubiese gustado que me la contasen a mí.

Y nació. Era 2020.

Ha sorteado una carrera de obstáculos precipitada y caótica.

De hecho, en un principio, ni siquiera se titulaba así, pero cuando ya estaba dispuesta para saltar a escena resultó que no hace demasiado tiempo ni demasiado lejos, otro autor había seleccionado el mismo título para su novela.

Otra vez quise rendirme.

Una de tantas.

Este año no sé si se habrán alineado los astros, pero sí lo han hecho tres personas completamente diferentes entre sí, referentes en mi vida, que han decidido quedarse a mi lado cada vez que me rendía, esperando pacientemente a que me levantase para seguir ahí, convenciéndome para que publicase.

Sin ellas, yo no estaría escribiendo esto ni "Principio de invierno" habría acabado con mi síndrome de impostora.  Puede que sea un poco tarde para mi empeño infantil de convertirme en escritora, no sé si he venido para quedarme, pero sí para acompañar a una historia que habla de todos nosotros y nosotras, de lo que fuimos, de lo que deberíamos ser y de lo que ya no volverá.

Me gusta decir que es una novela de andar por casa, una narración común y corriente que pretende ser contada desde la emoción. Creo que es sencillo identificarse con cualquiera de sus personajes, contiene unos cuantos.

Al final, mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo, según decía Eduardo Galeano.

Eso es lo que pretendo contar y esta es, por fin, mi primera novela: "Principio de Invierno".

Espero que os abrace.

MEMORIAS AHOGADAS

MEMORIAS AHOGADAS

Esa editorial que me cautiva, "Pepitas de Calabaza", la que tiene, según sus propias palabras: menos proyección que un Cine Exin, continua la línea de publicar (nunca de cualquier manera, sino con cuidado, con respeto y con mimo) lo que considera imprescindible, aunque guarde escasa relación con lo publicado por parte de las grandes editoriales.

Encargarles un libro y que al día siguiente lo tengas entre tus manos, envuelto en papel de embalar y con la dirección escrita a mano. Un libro que huele a libro, nuevecito, bien encuadernado... no tiene precio.

Después de los relatos de despoblación y la narrativa de las bomberas forestales se siguieron viniendo arriba con esta publicación cuya portada ya insinúa, como un buen augurio, bueno y triste al mismo tiempo, porque hay cosas que no pueden ser de otra manera y contienen esa dualidad: "Memorias ahogadas", de Jairo Marcos y Mª Ángeles Fernández, un documento histórico, un documental, biográfico, extenso, detallado, narrado por testigos, por vencedores y vencidos, por perdedores todos, ellos y ellas, que dejaron atrás su tierra, sus muertos, sus escuelas, absolutamente devastados y obligados por un Estado dictatorial e inhumano que decidió (y nada se le puso por delante) anegar con pantanos y embalses cientos de poblaciones, arrasar campos, negocios, árboles frutales, raíces de muchas personas que ya no pudieron, no quisieron, no supieron ser de otra parte, renacer, por imperativo legal, en otra parte.

De norte a sur y de este a oeste quedan supervivientes explicando lo mismo, el lenguaje de lo arrebatado es idéntico en todas partes, no es lo mismo emprender un viaje por decisión propia que verse obligado al exilio.

El interés de las hidroeléctricas, los grandes poderes contra los que no se puede luchar aunque de mil maneras se haya intentado, las firmas de quienes tienen el valor y la conciencia para decidir sobre las vidas de los demás... múltiples factores empujando en una sola dirección convirtieron rincones de nuestra geografía en cementerios inundados, historia sumergida, a cambio de una construcción escasa, un huerto y poco más en pueblos de colonización, pequeños campos de concentración a los que las familias llegaban asustadas, cargadas de pasado y desconociendo su futuro más próximo, pero deslomándose a trabajar desde el primer día, qué otra cosa podían hacer si pretendían subsistir.

Los autores han recorrido caminos, recogido información meticulosamente, han apostado por una temática y una forma de narrativa poco frecuente pero absolutamente necesaria.

Socialmente estamos en deuda con todas aquellas personas despojadas de su lugar en el mundo, violentadas, invisibles. Les debemos, al menos, el hecho de conocer y la obligación de empatizar.

Los pueblos inundados generaron una historia de desalojo heredada de madres a hijas. Hay quien ha querido seguir con el testigo como hay quien ha preferido el silencio, no volver la vista atrás, aunque los ojos sean una cosa y la mirada otra.

Los coletazos de todos aquellos desahucios perduran hasta nuestros días, todavía hay quien espera una respuesta, asumir la responsabilidad, reconocer la injusticia cometida, aún sabiendo que ya no llegarán, pero que deberían hacerlo porque se harta uno de que siempre terminen perdiendo los mismos.

No podemos imaginar lo que sufrieron, qué pensaron, por cuantas fases pasaron hasta comprender que jamás volverían, que nunca más aquel recodo al sol, salir a la pizarra, hornear el pan, asistir a misa de doce.

Por no hablar de quienes emprendieron viaje habiendo sido expropiados sus medios de vida para nada, porque el agua no cubrió las casas, el pantano, finalmente, no alcanzó las poblaciones, dejándolas expuestas a la intemperie y la precariedad como esqueletos de los que burlarse.

"Memorias ahogadas" no es un libro triste, anciano, pasado de moda o revanchista, al contrario, es una narrativa actual, ser consecuentes con la memoria nos permite avanzar socialmente, aprender, tener una información privilegiada.

Es un libro necesario, mucho más para las personas que no nos vimos afectadas. El ejercicio empático y emocional al que te obliga te humaniza.

Creo que nos hace mejores a todos y a todas.

"CUESTIÓN DE DESPEDIDA"

"CUESTIÓN DE DESPEDIDA"

“Decidme, sí, decidme,
-aunque no pueda oírlo,
aunque nunca lo crea -
que nada ha terminado.”

(José Agustín Goytisolo)

 

Ahora,

que se me va muriendo la gente

como quien escribe

el punto final de un poema,

tengo prisa.

 

Aquello

que leí entre líneas,

las fotografías veladas,

el sol

derramándose en la arena,

las palabras precisas,

desencadenadas,

el salitre…

 

Nada

era trivial ni momentáneo.

 

Balas

incrustadas en los muros.

Sombras verticales.

Heridas y pozos.

 

La vida es líquida.

Tiene,

como el cuerpo humano,

un alto porcentaje de agua.

Se obsesiona

con meter los pies en la orilla de un río

y sentirlos livianos.

 

No pasa nada,

nada,

nunca pasa nada,

decían.

 

Desviar la mirada

no te convierte en invisible.

 

Ahora tengo prisa

y el corazón desbocado,

porque se me muere

la gente entre las manos

y me faltan veces

y no está todo dicho.

 

La soledad ya no me impacta.

 

El silencio

es una cuestión de despedida.

"SOÑAR COMO SUEÑAN LOS ÁRBOLES"

"SOÑAR COMO SUEÑAN LOS ÁRBOLES"

Sinopsis:

Las vidas de Gloria Felipe y de Nuria Valencia se entrelazan en torno al robo de una niña pequeña que conmociona a la capital mexicana en la decada de 1940. Por medio de una narradora que (en sus propias palabras) "no canta mal las rancheras", somos testigos de la batalla de los Miranda Felipe por recuperar a la menor de sus integrantes y de la crianza angustiosa de los Fernández Valencia para salvar a su propia niña de un peligro potencial que la policía no ha podido frenar y los medios reportan con el tono de un thriller.

Es México, con sus características, su estructura socioeconómica y cultural, su lenguaje. Pero podría ser cualquier otra parte del mundo, en cualquier otro momento y la historia volaría como lo hacen las palomas mensajeras, instalándose en el cuerpo vulnerable de cualquier mujer.

Considero determinante el factor género para sentarse a leer esta novela, que comienza como un drama llevadero, de narrativa ágil y sencilla, un argumento centrado en el robo de niños-as, en ocasiones una novela negra: policía, medios de comunicación, dinero... parece que todo encaja sin complicación, sin exponernos demasiado, hasta que, sutilmente, atravesamos el espejo, y estamos ahí, en escenarios que no imaginábamos, comprendiendo lo que cuesta admitir.

Brenda Lozano (CDMX, 1981) nombrada una de las mejores escritoras jóvenes de América Latina, nos plantea un entramado de herencias patriarcales adherido a la piel de las costumbres, de la historia, del conservadurismo atroz.

Sin dejar de tener en cuenta el hecho criminal no podemos juzgar la parte por el todo.

La segunda parte de la novela transcurre en una prisión, dónde un grupo de mujeres invisibilizadas y una obra de Lorca (Yerma)  conforman un propósito, un deseo, una colectividad, permitiéndonos comprender que no hay cristal sin aristas ni verdad absoluta, ni destino inquebrantable.

"Soñar como sueñan los árboles" es pedagógica, cruel, hermosa, triste, alentadora, despiadada, concéntrica, sagaz... una mezcla de ingredientes cocinados a fuego lento para obtener un resultado inquietante y conmovedor.

Una buena historia donde el amor y el deseo tampoco mueven el mundo, pero lo hacen diferente, hasta en sus partes más oscuras.

"LOS INGRATOS"

"LOS INGRATOS"

Pedro Simón (Madrid, 1971), autor de "Peligro de derrumbe" (2015)  y de la absolutamente magistral "Los incomprendidos" (2022), ganó el Premio Primavera de Novela 2021 con "Los ingratos", novela que me ha conmovido provocándome el nudo, ese nudo en la boca del estómago que deja marca, porque te revuelve las tripas investigándolas, las desordena, obligándote a mirarlas, a descubrir qué tienes ahí dentro, qué tienes, con qué estás leyendo la novela, qué inteligencia emocional posees, por qué conectas con la historia (al parecer tan sencilla, tan repetida en el tiempo, tan básicamente evolutiva...) y después de todo eso y mucho más, recoge de nuevo tus tripas, antes de que pierdan latido y se queden frías y vuelve a encajarlas, dónde estaban ya no podrá ser... necesitan otra ubicación.

 

Una emocionante crónica familiar y sentimental. El retrato de un país que miraba al futuro y se olvidó de dar las gracias a la generación que lo hizo posible.

«Nos rezaban que cuatro esquinitas tenía mi cama y que cuatro angelitos nos la guardaban, pero mi cama por lo menos tenía cinco. Y uno de ellos era una señora de campo que pinchaba cuando te daba un beso».

1975. A un pueblo de esa España que empieza a vaciarse llega la nueva  maestra con sus hijos. El más pequeño es David. La vida del niño consiste en ir a la era, desollarse las rodillas, asomarse a un pozo sin brocal y viajar cerrando los ojos en el ultramarinos. Hasta que llega una cuidadora a casa y sus vidas cambiarán para siempre. De Emérita, David aprenderá todo lo que hay que saber sobre las cicatrices del cuerpo y las heridas del alma. Gracias al chico, ella recuperará algo que creyó haber perdido hace mucho.

Los ingratos es una emocionante novela sobre una generación que vivió en aquella España donde se viajaba sin cinturones de seguridad en un Simca y la comida no se tiraba porque no hacía tanto que se había pasado hambre. Un homenaje, entre la ternura y la culpa, a quienes nos acompañaron hasta aquí sin pedir nada a cambio.

 

Utiliza Simón todos los ingredientes que me interesan desde que aprendí a leer y a escribir: el tiempo, los vínculos familiares, las relaciones sociales, la memoria, el medio rural, el olvido, la niñez, las emociones... frases cortas, prosa lírica, un disparo en la frente, una mano apretándote la garganta, porque fuimos, somos y seremos los personajes que describe, somos miserables, naúfragos, solitarios, sobrevivientes, estúpidos, fugitivos, rebaño, río, monte, oscuridad y futuro.

No quisiera describir una narrativa agónica o sufrida, de las que te hace pasarlo mal.  A mí me ha resultado necesaria, comprometida, un tanto sanadora, a pesar del dolor que produce la verdad inevitable.

Creo que es una historia exacta, bien calibrada, noble y absoluta.

No es un libro de aventuras pero te plantea la aventura de estar viva.

Nada de examen de conciencia, dolor de los pecados y propósito de enmienda.

La importancia de la memoria, por encima del tiempo, la importancia de cumplir las promesas, sobre todo cuando se las haces a alguien incondicional.

Me ha ocurrido algo por primera vez leyendo "Los ingratos".

He leído novelas que me hubiese gustado escribir.

Pero nunca he encontrado un personaje que me hubiese gustado ser.

Yo quiero ser la Señora Emérita y tener, sin saber como, ese milagro de inteligencia emocional, a pesar de todo, de la propia vida, que se empeña en borrarla.

Quiero ser la Eme, aunque esté sorda y más de medio pueblo se ría de ella.

Porque es verdad, es de verdad, de una pureza incalculabe.

Hubiese estado bien una crítica de "Los Ingratos" más técnica, algo más aséptica, invitando a una lectura liviana , dispuesta como un juego de pistas para que cada cual encuentre su sendero... Pero no tengo tiempo para enredaderas y la emoción y el agradecimiento me brotan a raudales, porque tanto esta novela como la siguiente, "Los incomprendidos" son un ejercicio de identidad literaria y de saber hacer importantes, un espejo brillante de lo que somos y del olvido que seremos (parafraseando a Héctor Abad Faciolince (Medellin, Colombia, 1958), tan admirado por Pedro Simón).