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PREMIO CERVANTES A CABALLERO BONALD

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Me puse muy contenta, aunque llegue un poco a destiempo me parece de ley.

ABC publicó un titular con el que no puedo estar más de acuerdo: "El Cervantes desagravia a Caballero Bonald".  Tras quedarse tres veces a las puertas de la RAE el escritor andaluz obtiene el mayor galardón a las letras hispanas por delante de Goytisolo, Mendoza o Muñoz Molina.  Cinco rondas de votos casi vuelven a dejarlo en la estacada, pero a veces, aunque sean pocas, se hace justicia.  No podía ser de otra manera.

A José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) le ha tocado vivir para contarlo, ser uno de los supervivientes de la Generación del 50 (Jose Ángel Valente, Gil de Biedma, Ángel González...), reivindicativo e inconformista hasta la médula. Muy recomendables sus tomos de memorias "Tiempo de guerras perdidas" (1995) y "La costumbre de vivir" (2001), donde un narrador de su talla, elegante y hábil, puede y sabe contar todo lo que deseaba manifestar.

Uno de mis poemas favoritos, al que recurro en múltiples ocasiones, corresponde a su libro "Manual de Infractores" (2005):

Fui feliz fugazmente algunas veces,
entre dos furias fui feliz,
lo fui de vez en cuando sin saberlo.

Por ejemplo en la ciudad solar que se veía
desde aquella azotea de la infancia,
tentadora ciudad flameando
en los celestes mástiles del tiempo,
mientras iniciaba la vida la aventura
de descubrir el mundo a escondidas del mundo.

Allí subsisto aunque no esté, allí
perduro en medio
de la devastación de esa azotea
que reconstruyo cada día para no claudicar.

Su último libro "Entreguerras", una auotobiografía construída en un solo poema de tres mil versos, parece ser el último de su dilatada carrera, puesto que manifiesta carecer ya de la necesidad de escribir (aunque siga abriendo paso a esos poemas que llegan discontinuos y dispersos, para instalarse).

Como cálido homenaje mejor Benjamín Prado que yo, para contarlo.

Todos los escritores que es José Manuel Caballero Bonald, y también él mismo, merecen el premio Miguel de Cervantes. Sus dos volúmenes de memorias, Tiempo de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir(2001), aparte de un ejemplo sublime de la elegante y afilada escritura de su autor, son también, junto con los libros biográficos de su amigo y compañero Carlos Barral, una obra imprescindible tanto para entrar en la cocina de la Generación del 50 como para saber de qué forma se malvivía en la España llena de lápices rojos y policías grises de la postguerra. Entre sus novelas, hay dos que para mí condensan los dos extremos de su estilo, la indagación lingüística y la capacidad de contar, que son Campo de Agramante en o En la casa del padre. Sus libros de poemas también podrían dividirse en dos, los más irracionalistas y los más comunicativos; ambos son sobresalientes, aunque yo prefiero los segundos y entre ellos la trilogía que forman Diario de Argónida (1997), Manual de infractores (2005) yLa noche no tiene paredes (2009). Es asombroso, por otra parte, que un hombre de su edad pueda mantener intactos tanto su capacidad de protesta, patente en esos tres tomos, como sus ganas de descubrir y ahondar nuevos caminos en su obra, como hace el ese tour de forcé que es su último trabajo, Entreguerras (2012). Por eso decía al principio también merece este galardón, y todos los que le den, desde el punto de vista personal, por su integridad, su lucidez y su valentía.

Finalmente, señalaría que este Cervantes es una medalla en la solapa de Caballero Bonald y una lámpara en la de la Real Academia Española, que le cerró dos veces sus puertas a este maestro indiscutible de nuestro idioma. Y me gustaría que con el impulso que un reconocimiento de esta naturaleza supone, la Fundación dedicada a él en Jerez de la Frontera, logre salvarse de la quema infernal que asola a la ciudad andaluza. Las llamas la están cercando, pero tal vez este premio Miguel de Cervantes sea agua caída del cielo, si es que alguien tan poco dado a las iglesias como Pepe Caballero me permite la metáfora.


17/12/2012 10:01 Puri Novella Enlace permanente. sin tema

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