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MARTES DE CENIZA

MALA GENTE QUE CAMINA

MALA GENTE QUE CAMINA

"Mala gente que camina y va apestando la tierra" (Cantares-Antonio Machado) de ese verso surge el título del libro de Benjamín Prado (Madrid, 13, de Julio de 1961), escritor de novela, ensayo y poesía, y coautor de algunas de las canciones de Joaquín Sabina. Colabora en el periódico El País y en programas de radio, es un tipo culto, interesado por la historia de la literatura y sus recovecos, con buena memoria, gran amigo de sus amigos entre los que se encuentran García Montero, Pereza, Sabina... personas de una tendencia determinada que marcan tendencia.

Benjamín Prado es cuidadoso al escribir, elige bien lo que cuenta y cómo quiere contarlo. Y lo consigue. Tiene experiencia. Ha estudiado y ha leído para seguir escribiendo. Es un autor polifacético que domina las letras y que elige títulos maravillosos: Siete maneras de decir manzana (ensayo, 2001) El corazón azul del alumbrado (poesía, 1990) Nunca le des la mano a un pistolero zurdo (novela, 1996).

Es un escritor elegante sin artificios, contundente sin pureza descarnada, lírico, irónico, poeta ... y pedagógico, así me lo pareció en Dónde crees que vas y quién te crees que eres (novela,1996) y en su ensayo sobre la obra de Ángel González.

A Mala gente que camina (novela, 2006) le tenía ganas por el título y por su portada, también por lo que contiene de memoria histórica, esa afición mía por saber y rebuscar entre los manoseados restos de nuestra posguerra. Y porque Benjamín Prado siempre sorprende, publicando obras que nada tienen que ver con las anteriores.

Un profesor investiga la historia de una escritora fiel al régimen franquista que, sin embargo, publicó una novela de denuncia sobre el robo de niños a las presas republicanas...
Pero la verdad resulta ser una gran farsa, representada en un mundo cínico donde los escritores falangistas más célebres no eran los tempranos opositores al sistema que cuenta su leyenda, sino oscuros manipuladores de la verdad y de sus propias biografías... Una novela que bucea en las aguas más negras del franquismo...

Este es el resumen muy resumido de la novela, que es muchas cosas además de una novela que no quiere ser ensayo, y un ensayo que no quiere ser sólo eso, y que habla del pasado con la claridad del presente, siendo este una excusa, un vehículo de contrabando, para llegar a la verdad absoluta que derraman, una vez saldadas, las cuentas pendientes. Porque eso me parece a mí, más que cualquier otra cosa, Mala gente que camina, una excusa para sacar a la luz historias que sin cierta literatura no podrían contarse, o serían más de lo mismo, injusticias en nombre de una historia injusta.

Se me queda coja la novela, insuficiente, extraña. El hilo conductor, sus personajes actuales no me convencen, parecen etéreos, colocados contra el viento, poco auténticos. El ensayo, que es como a mí me hubiera gustado leerlo, como un ensayo de la literatura de posguerra basado en la historia y el compromiso de cada uno de sus autores (especialmente autoras) resulta sólido, bien documentado, a pesar de cargar demasiado las tintas y querer consolidar una realidad ya de sobras conocida con informaciones hiperabundantes. De tan completa, de tan pretendidamente global, resulta apresurada, abrumadora a veces, un tanto confusa.

El intento es bueno, especial, la idea (poco asequible al desarrollo novelístico) brillante, Benjamín Prado es un escritor solvente que no debe ni quiere (supongo) ser perfecto. Y eso sí, encontraremos en las páginas pequeños diamantes en sus orillas, están ahí, entre la mezcla de barro y piedras, tienen el sonido de los buenos versos, son perfectamente reconocibles. Y los datos literarios de las escritoras de los años cuarenta tienen la riqueza de los incunables.

Tampoco de esta obra hay que desertar.

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