OTRA PIEL

Cuando alguien me para por la calle para comentarme que se ha enterado de que he escrito un libro.
Cuando los escasos ejemplares que he llevado a los distintos puntos de venta se venden y yo salgo apretando el dinero en la mano como si fuese un cheque en blanco, contagiada al mismo tiempo de ilusión y de sorpresa.
Cuando veo llover y sé que mi novela está en la calle.
Cuando pienso en la alineación de todos los astros y de todas mis amigas geniales.
Cuando leo un par de páginas y no me tiemblan las piernas porque me reconozco en ellas. Y podrían estar mejor escritas, depuradas, lo sé, pero son mías. Una idea, una emoción, un desarrollo.
Una novela contiene muchos ingredientes y un momento vital único.
Una novela es tomar posiciones y dirigir la mirada.
Cuando sucede todo lo que he descrito es como si mudase de piel. Como si las cosas y las personas bienintencionadas pudiesen cambiar el mundo o una sola tarde.
Es cuando creo en lo que hago y creo que puedo seguir haciéndolo.
A pesar del edadismo, de los bocachanclas, de la desprotección, del mercantilismo, de las imperfecciones graves, de las grietas del sistema por las que me caben los dos brazos, del cansancio, de lo cíclico, de los juicios sumarísimos, del trabajo (que ya sólo se parece a trabajar, de no ser por algunos maravillosos personajes fugaces), de la que espero sea mi última mudanza, de los veranos intransigentes, del insomnio y de la vida pequeña, la que aprieta porque calza menos de lo adecuado.
A pesar de todo lo que no transmuta y respira como un rinoceronte creo que puedo seguir haciéndolo. Escribir. No demasiado mal.
Cambiar a la piel del convencimiento.
Porque la literatura genera un respetuoso hábitat de conciencia con espejos.
Y siempre me ha salvado la vida.
Le debo varias.
"Principio de Invierno"
De venta en Amazon.
Librería Cuéllar (Paseo Cuéllar, 39. Zaragoza)
Taberna Pottoka (Martín Carrillo, 5. Zaragoza)
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