Blogia

MARTES DE CENIZA

JESÚS MARCHAMALO

JESÚS MARCHAMALO

Si no conocéis a Jesús Marchamalo (Madrid, 1960), periodista, escritor, director de programas y contenidos de RTVE hoy puede ser un gran día para indagar.

http://jesusmarchamalo.com/

Es un especial apasionado de los libros, se nota en cómo habla de ellos, en las fotos que se hace con ellos y en lo que escribe de ellos.  En el suplemento cultural de ABC da buena muestra de ello, firmando artículos sobre creación literaria, ediciones, traducciones, etc.

Una de las primeras entradas que hice en este blog fue sobre su libro de 2008 "Las bibliotecas perdidas", donde se tratan curiosidades sobre ejemplares y autores, manías de escritores y escritoras, anécdotas que ocurrieron entre y por los libros, colecciones impagables que con el tiempo y la guerra fueron desapareciendo... un cuidadoso engranaje de detalles literarios que hacen más humano y más hermoso el oficio de escribir, que, como cualquier otro, guarda sus peculiaridades.

Su última perla "Donde se guardan los libros" (Siruela, 2011), plantea un recorrido por las bibliotecas personales de afamados escritores contemporáneos españoles. Digo yo que perfectamente podría combinarse con el anterior: "Tocar los libros":Por qué guardamos libros que no vamos a volver a leer; cómo los ordenamos o nos deshacemos de ellos, cuántos libros hay que tener…El libro no sólo habla de las relaciones del autor con sus libros, sino que indaga en las manías de conocidos escritores: Lezama Lima, Octavio Paz, Sergio Pitol, Brice Echenique,  y también Herman Hesse, Umberto Eco, Julio Cortázar y su manera de vivir con libros.

Creo que para quienes no sabemos, o no podemos, vivir sin leer, los libros de Marchamalo producen un placer innegable, una manera de conquistarnos, sutil, transparente y seductora.

A las personas (Esperanza, Eli, Noelia, Carlos, Eduardo...) que recurrieron por mi reciente cumpleaños al infalible (este año más infalible que nunca) regalo de los libros, darles las gracias desde la más profunda veneración que supone adquirir títulos pendientes, como los de Jesús Marchamalo. 

11 DE MARZO DE 1971

11 DE MARZO DE 1971

1971: Declarado Año Internacional de la Lucha contra el Racismo y la Discriminación Racial por la Organización de las Naciones Unidas.

Se fundó Médicos Sin Fronteras y GreenPeace, le otorgaron el balón de oro a Johan Cruyff, se estrenó El violinista en el tejado de Norman Jewison, y fue censurada por su contenido violento La naranja mecánica de Kubric.  En Londres nació el grupo Queen mientras Karina quedaba segunda en Eurovisión con una de mis canciones preferidas de la época: En un mundo nuevo.

El Nobel de Literatura fue para Pablo Neruda y los premios Antena de Oro recayeron en Crónicas de un pueblo en Televisión y para Juana Ginzo (esa inolvidable voz de la radionovela Ama Rosa) en radio.

En 1971 erupcionó el volán Teneguía en la isla de La Palma, la empresa Mercedes-Benz patentó el Airbag, fallecieron Coco Chanel Louis Amstrong y vinieron al mundo Ricky Martin, Luis Tosar y Arantxa Sánchez-Vicario.

Todo este preámbulo para decir que yo también soy del 71, 11 de marzo del 71, y en un ejercicio de narcisismo importante me regalo, hoy que cumplo 42 años, esta belleza que quiero compartir con tod@s vosotr@s, siempre atentas y atentos a lo que escribo, algo impagable.

En cada lealtad hay un rumor de transparencia

Yo he querido un respeto de cristal.

Que la lluvia viniese sobre mí
con sus alas de tarde,
que la noche difícil se moviera
como un vaso de agua en nuestra mano,
que las enamoradas
buscasen un espejo donde sentir los labios,
y que la historia 
con su tacón injusto
no pisara mi vida,
porque  la lluvia y yo
y las enamoradas y el espejo
no somos partidarios de los cristales rotos.

("Un invierno propio", Luis García Montero)


"EL PENSIONADO DE NEUWELKE"

"EL PENSIONADO DE NEUWELKE"

El Pensionado de Neuwelke

 José C. Vales

 Editorial: Grupo Planeta, AE&I / 17 Enero 2013

 ISBN: 978-84-08-03537-4Género: Narrativa

Es un libro de contacto.  Para ser tocado, varias veces.  Y olido, manejado, sopesado, calibrado.  Es de los que sugieren al primer vistazo.  Un pedazo de LIBRO.  De esos que te vacían tanto el estómago, o te lo dejan tan lleno de sensaciones y pequeños detalles que cuesta volver a iniciar otra lectura porque tienes la garantía de que no puede ser tan extraordinaria como la que acabas de concluir.
José C. Vales se inicia con esta novela como escritor.  Su página web se llama "Las luciérnagas no usan pilas" (http://www.josecvales.com/) y allí reina la siguiente cita que a su Pensionado le viene a la medida:

 Un poco de alegría es belleza para siempre.QuasiKeats.  

Es Zamorano, de 1965, redactor, traductor y editor, siendo la literatura decimonónica su fuerte y a la que homenajea fielmente en su primera novela.
La literatura del romanticismo y yo nos conocíamos de lejos, de bastante poco y bastante lejos, y ya no digamos nada si a eso le añadimos subgéneros del tipo: ghost stories, novela sentimental, novela epistolar, novela gótica, drama romántico, ambientes dickensianos, cliffhangers, etcétera... mi ignorancia rayaría lo tremendo.  
El caso es que me enamoré del Pensionado de difícil pronunciación, porque es, fundamentalmente, una belleza, con una recreación de paisajes, momentos, vestuarios y climas absolutamente únicos, tanto es así que llegas a sentir la densa niebla, y el ligero perfume de las lilas.  Por no hablar de la perfección de los personajes, ninguno está de más como ninguno se olvida. Émilie es la protagonista principal, la reencarnación de Lucifer o de un fantasma para algunos, simplemente la mujer que conocen para otros... y Émilie es ante todo la atemporal historia de un bulo que puede llegar a destruir una institución.

Introducción:

 

El Pensionado de Neuwelke es la historia de una joven institutriz francesa aquejada de una rara y terrible afección que la convierte en una proscrita. Tras recorrer Europa huyendo de un implacable exorcista, la maestra llega al Pensionado de señoritas de Neuwelke, en los gélidos y desolados parajes de Livonia. Allí, por fin, Émilie cree haber encontrado el sosiego y la paz que anhelaba: el propietario del colegio, los profesores, las damas de compañía y las alumnas, junto a un viejo y malhumorado jardinero escocés, conforman un paisaje humano en el que la amistad, la generosidad y la honradez se verán forzadas a luchar contra los celos, las ambiciones y el fanatismo. 

Fragmento:

 

«Ojalá —pensaba la señorita Émilie Sagée—la vida fuera sólo el feliz resultado de nuestros deseos y nuestra voluntad, y no una mansión a oscuras en la que andamos a tientas y tropezando desconcertados.»

No sé si necesitáis más, pero el compendio de institutrices, pensionados, alumnas, profesores, cocineras, jardineros es todo un regalo que no me sorprendería ver en pantalla, porque nada le falta.

 

ESPERT EN "LA LOBA"

ESPERT EN "LA LOBA"

Hace 26 años que conozco a Berta Munárriz.

Berta es un regalo de la naturaleza humana.

Un ser infrecuente, si existiesen más Bertas el mundo sería un lugar menos inhóspito.

Mi fortuna tiene rostros, lugares, nombres, palabras precisas.

Ella encarna todas esas cosas.

El 22 de Febrero tiró de mí hasta la fila 15 del patio de butacas del Teatro Principal, asientos 11 y 12. Había estreno, la nuestra es una ciudad de provincias y lo más granado paseaba sus visones y trajes por el pasillo central del gran teatro, me encogí un poco en el asiento por si la lana (con bolisas) de mi jersey no fuese lo más apropiado para el evento (esa eterna sensación de no concordancia...) y me dispuse a disfrutar rabiosamente de una oportunidad única: ver a Nuria Espert representando el papel de hermana mayor de una familia burguesa en "La Loba", obra de Lilian Hellman adaptada por Gerardo Vera y traducida por Ana Riera.

Difícil era, muy difícil, que los setenta y ocho años de la gran actriz catalana, sesenta y dos de ellos sobre un escenario, interpretando a Yerma, Doña Rosita, Medea, Virginia Woolf... no convencieran y fuesen ovacionados. Yo diría que ya de partida era prácticamente imposible.

La Doctora Honoris Causa de la Complutense salió a escena como las grandes damas, apenas perceptible, entre un importante número de actores y actrices a la altura de su acompañamiento (Hector Colomé, Carmen Conesa, Victor Valverde, Jeanine Mestre, el veterano actor Zaragozano Ricardo Joven...), el montaje, la escenografía y el buen hacer del Centro Dramático Nacional lo apostaron todo a una historia atemporal sobre lazos familiares y codicia, frustración, paso del tiempo, poder y corrupción, nada que nos suene extraño pese a estar ambientada históricamente en los Estados Unidos (colonialismo sureño) de finales del XIX.

Bette Davis llevó el mismo papel al cine en 1941 dirigida por Willian Wyler. La Espert no tiene nada que envidiarle. A nadie. Entiendo que con constancia y un trabajo progresivamente impecable ha construído el trono de las insustituibles, eligiendo muy bien las obras, los personajes y los momentos.

"La Loba" es teatro en estado puro, comprenderlo y amarlo. La vida no es ficción y la ficción no es sino pura vida.

Poder contemplarla supone todo un regalo.

"PAPEL QUEMADO"

"PAPEL QUEMADO"

"Te llaman Porvenir

porque no vienes nunca"

("Sin esperanza, con convencimiento"- Ángel González)

 

Era fácil

cuando había más tiempo.

 

Aquel brillo en la piel inusitado…

 

Esa insolencia sin futuro.

 

Siempre tuve sensación de envejecer,

sentía la temporalidad en el pulso

y en la sílaba final de algunas palabras,

todo era a veces

irreal y breve,

papel quemado.

 

Que nada es para siempre.

Que el dolor se acaba o se transforma.

Que la memoria es un caserón

donde se acumulan deudas,

promesas,

vacíos,

mentiras…

el sonido del mar.

 

No pude aprenderlo.

Lo traía de serie.

 

Y esa forma imposible

de haber vivido

supuso

permanecer

y estar ausente,

comprender

la desembocadura de los finales,

no apostar.

 

De volver a intentarlo

sería trashumante,

comenzaría cada día

haciendo gárgaras amnésicas,

con la ilusión intacta.

 

Me llamaría Porvenir.

"LA NIEVE ESTÁ VACÍA"

"LA NIEVE ESTÁ VACÍA"

"Era ese momento en el que se apaciguan las luces y se sofocan los ruidos; los comercios empiezan a cerrar y en las casas hay fuegos encendidos y bañeras llenándose, hay hombres silenciosos en mangas de camisa, hay líquidos que hierven y mujeres cansadas, hay niños que se quitan despacio un uniforme."

Página 125 de "La nieve está vacía" (Benjamín Prado, Espasa Calpe, 2000).  Las descripciones tienen el punto meticuloso del gran observador, son minuciosas, detalladas, precisas y envolventes.  Con las novelas de este autor siempre tengo sensación incompleta, por una parte me parece un gran narrador con fragmentos de una estupenda prosa lírica, por otra resulta inasible, cogido con pinzas, poco hecho.  En esta novela que acaba de reeditarse por Punto de Lectura la trayectoria de los personajes y la trama mejoran con el tiempo, adquieren peso, pueden verse desde la ventana.  Tres amigos, tres formas de ser, de entender la vida y apostar por ella.

"Muy poco antes había estado lloviendo, de modo que la ciudad aún mostraba una extraña combinación de aceras húmedas y calor sofocante cuando uno de nosotros tres salió anoche de su casa, alrededor de las once y media, para matar a Laura Salinas"

Así comienza "La nieve está vacía", con tintes de novela policíaca y poca presunción de serlo.  Una buena narración con un final sorprendente que se centra principalmente en el tejido emocional, la piel del sentimiento que se eriza por una mirada, por un recuerdo, por una imagen, por una trampa. Hay trampas sí, de las peores porque no se intuyen, inimaginables.

¿Somos responsables de lo que provocamos? ¿Quien mide la conciencia? ¿Existe la pena o sólo es un sentimiento transformado?

Todas estas preguntas quedan, como migas sobre el mantel, tras leer la recomendable historia de Benjamín Prado.  Una de esas, breves, intensas, borrascosas por momentos, que pueden leerse en el autobús y acompañarnos dentro del bolsillo.

SE NECESITAN BOTAS DE AGUA QUE ME SOPORTEN

SE NECESITAN BOTAS DE AGUA QUE ME SOPORTEN

Era invierno sin contemplaciones.

Aquella mañana también.

Incluso llovía.

En la ciudad, la lluvia siempre resulta inoportuna.  

Las calles olían a plomo, y aunque apenas había comenzado, aquel ya parecía un día vencido.  Brotó en mí el deseo compulsivo de volver a casa, bajar las persianas y meterme en la cama hasta que saliese el sol, pero hace ya tiempo que tengo domesticado al deseo.

Me detuve en los cruces a mirar las puntas empapadas de mis zapatos.  Unos pies húmedos pueden suponer el principio pequeño de un fin pequeño, algo más que un contratiempo y menos que una ruptura, cercano al desamparo.

Levanté la vista un instante en el que el agua colgaba de mi flequillo y me topé con el umbral de tu sonrisa.  Estaba ahí.  Junto a la ventanilla del autobús, seduciendo a alguien, las coordenadas exactas, el eterno dibujo.

Porque con el tiempo, los muros, los caminos y hasta las palabras se desvanecen, mientras algunos reductos permanecen inquebrantables, garantizando el pasado como un pedazo de tela prendido en una rama.

Era el umbral de tu sonrisa viajando en autobús, a pocos metros de mí, separado por un cristal donde los niños escriben sobre el vaho su nombre del revés.

Cambió el semáforo.  Sonó un claxon y luego otro.  Hubo un amago de caos urbano en la mañana recién estrenada.  El autobús pudo avanzar con tu presencia dentro, con tus gestos de hombre convencido, con tus manos tercas, desprendidas de tiempo.

Alguien me empujó.  Pisé de nuevo otro charco.  Qué poco pesa un cuerpo con memoria, qué fácil se maneja, se aparta de la circulación.

Memoricé de repente la lista de la compra, la agenda del día, las pequeñas tareas pendientes que te conducen al decorado de la verdad, que se parecen a una casa, a un perfil frente al espejo, a un carnet de identidad.  Y me puse en marcha como un muñeco de cuerda.

El umbral de tu sonrisa me sirvió para dejar de contar con los dedos.

Para relativizar la lluvia.

Para pensar que todo está bien mientras sigas sonriendo igual.

Hace tiempo que no te extraño, que no te echo de menos, y ese ejercicio físico y matemático descarta el factor sorpresa, la brusca mañana de invierno, la lluvia que me oprime en la boca del estómago y se mete a revolver mis trasteros.

Verte es que existas.  Que en alguna parte alguien te esté esperando y sepa de tus manías, que programe un reloj de cocina y unas vacaciones azules, con mar, y pies pequeños envueltos en sábanas blancas.  

Recordar lo que no fuimos se parece a lo que somos, a nuestro sitio.

Al mío le hacen falta como el comer unas buenas botas de agua.

"VIEJO CABARET"

"VIEJO CABARET"

"Es sin duda el momento de pensar

que el hecho de estar vivo exige algo"

 ("Arte Poética"-Jaime Gil de Biedma)

 

 

Siempre es verano

en los rincones perennes

del pasado.

 

Un verano amable

teñido de amapolas,

girasoles y avenidas,

con exceso de tiempo,

márgenes y deudas.

 

Un lugar

que no se parece a ningún otro,

que no espera

ni sirve de consuelo.

 

Lo peor del verano

es que no puede ser.

Los días largos

fallecen

como se extingue

la arena de la playa

pegada en los zapatos.

 

Después el frío,

el silencio de los teléfonos,

el silencio de los salones,

el silencio sin arco-iris

de las piscinas vacías,

de los kilómetros recorridos,

de la ausencia.

 

Nos convertimos en algo

que no se parece a lo que fuimos

y que procura no tener memoria.

 

En la memoria siempre hace frío.

Los decorados son de papel

y las bombillas de colores,

como en un viejo cabaret.

 

A pesar de la mentira

lo que se quedó atrás resulta

soportable

y hasta conviene,

si se compara a veces

con este

País de Nunca Jamás

también llamado

presente.