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MARTES DE CENIZA

"ANILLOS DE ORO"

"ANILLOS DE ORO"

No la hay actualmente. Una serie de televisión que aborde la realidad social del momento, el reflejo de quienes somos y cómo vivimos.

"Anillos de Oro" consiguió ser fiel a una época (los 80) y a un país que tenía lo que tenía... la resaca de la dictadura y de la redicha transición, la recién aprobada Ley del divorcio que permitía terminar con una parte de esa doble moral tan nuestra, tan de escandalizarse mientras se mantiene una doble vida.

Sera porque la escribió Ana Diosdado (1938-2015) y la dirigió Pedro Masó (1927-2008), será porque Imanol Arias (1956), tan joven, ya crecía imparablemente... el caso es que venció porque se atrevió a contar con los mejores ingredientes, ponerlos en marcha, cuidar a un público que no se conformaba con cualquier cosa y... voilá.

Hasta hace poco creía que me quedaba cada vez menos tiempo para seguir leyendo, descubriendo autores, historias, momentos... por eso no retrocedía volviendo a leer obras que me conquistaron o no, dándoles una segunda oportunidad, o varias... Sigo convencida de la fugacidad inmisericorde de un tiempo que no perdona, pero si es verdad que una siempre vuelve a los lugares donde amó la vida... a algunos libros hay que volver despacio, porque son sitios que ya no se repiten, por respeto a lo que aprendimos de ellos y porque siempre nos estarán esperando.

"Anillos de Oro", escrita en formato teatral, cargada de imágenes y secuencias aún antes de convertirse en serie, narra en trece episodios a finales de 1983, lo que acontece en un despacho de abogados que comienza a llevar los primeros casos de divorcio, en contra de la moral y el recato predominantes. Y lo hace con buen gusto, desde todos los ámbitos y/o estratos sociales, tocando además temas aledaños cómo la homosexualidad, el adulterio, la emancipación femenina, los grupos sociales al calor de los bares-madriguera, etc.

Ana Diosdado dominaba la escena. Hija de padres exiliados, ahijada de Margarita Xirgu (¡ahí es nada!), dramaturga, guionista, actriz... siempre tuvo una mirada (por dentro y por fuera), inteligente, sagaz, evolutiva.

Cuándo se estrenó "Anillos de Oro" yo tenía doce años y entendía muy poco de casi todo, pero me quedaba con imágenes, y sobre todo con palabras, que puestas en el lugar y en los labios adecuados consiguieron salvarme de muchas cosas tristes.

Recuerdo el pelo de Lola (la abogada de la serie interpretada por Diosdado), ese maravilloso corte de pelo tan de "antiseñora"... y la relación, fuera de connotaciones de pareja, que mantenía con Ramón (el otro abogado del despacho, interpretado por Imanol Arias), cuando yo ya intuía que un hombre y una mujer podían ser amigos de verdad sin ser pareja sentimental...

El guión es en muchas ocasiones un drama con tintes de comedia y a la inversa, cómo la propia vida. 

Recuperar todas aquellas reminiscencias y traerlas al presente me ha hecho recordar la Librería Pérez, dónde compré a precio de ganga los dos tomos en los que se estructura la obra, cómo crujía aquel suelo de madera, la oportunidad tan enorme que suponían las librerías de viejo contra el invierno del alma... 

Desaparecemos. Todos. La vida es cíclica.

Pero obras como ésta, tan absolutamente hermosas, humanas y necesarias, tan llenas de arte... son eternas.

"QUÉDATE ESTE DÍA Y ESTA NOCHE CONMIGO"

"QUÉDATE ESTE DÍA Y ESTA NOCHE CONMIGO"

...Por dónde empezar...

Quizás sirva el ejemplo, un fragmento, esta idea:

"Están, desde luego, los colectivos.  Siempre aparecen, como hogueras, como respuestas, como archipiélagos.  Rodean algo.  Esto es lo más difícil de aceptar.  Que en este momento de la historia tengan que rodear algo.  Que no puedan, simplemente, ser.  Que tengan que vivir empujados y a la contra.  Hay colectivos cuyos miembros consiguen derribar los marcos y cruzar al otro lado juntos.  Alivia saberlo."

El último libro de Belén Gopegui (Madrid, 1963) vuelve a la necesidad de los seres sociales, del calor de hogar, de una palabra que modifique el orden de las cosas, la paz impuesta.

Es complicado explicar cómo escribe esta autora, al menos complicado para mí, que me declaro fan incondicional suya desde que mi amigo Félix me regaló su primera novela: "La escala de los mapas" (1993), y me pasó con ella lo que todavía me pasa con  las obras excepcionales de Gopegui, me veo inmersa en una espiral surrealista de la que temo no poder salir y cuando pienso que no entiendo nada, que ya no entiendo nada, surge la palabra precisa, la clave exacta para ver amanecer en sus novelas y creer lo que sigo creyendo desde el principio, que es una autora irrepetible, capaz de crear un universo literario que supone compromiso social y revolución.

Me sumo a la frase de María Unanue de Pikara Magazine: "Belén Gopegui es mi búnker".  Cuándo todo se viene abajo, cuándo vienes leyendo más de lo mismo y necesitas algo que te remueva, que te haga reivindicar la literatura por encima de todas las cosas, publica Gopegui y todo vuelve a latir. Yo me siento así.

Cojo lápiz, una pequeña regla y asedio cada línea, podría subrayar el libro entero, anotaciones, conceptos nuevos o nombres nuevos para los conceptos de siempre: merecer, cambio de paradigma, profecía autocumplida, "el imperativo de NO resignarse", "la poesía es una exactitud inesperada"...

Sinopsis

 Dos generaciones, dos vidas que no estaban llamadas a encontrarse ponen a Google contra las cuerdas.

Esta es la historia de Mateo y Olga, y es una solicitud de trabajo que tiene a Google por destinatario. Es también la confesión de quien ha de valorar la propuesta. A Mateo, interesado por los robots, le obsesiona averiguar si el mérito debe ser desterrado de las relaciones humanas. Olga, matemática y empresaria retirada, cree que los modelos estadísticos son narraciones y que la probabilidad es una forma más precisa de nombrar el acto de ser libre.

Podría ser una historia de amor en la medida en que el encuentro, el diálogo y el deseo de oír la voz del otro construyen un relato común. Y porque, como en las historias de amor, ese encuentro alberga el desencuentro de dos formas distintas de ser y estar en el mundo. Mateo tiene la vida por delante y se niega a aceptar que esa vida no se pueda escribir desde la libertad. Olga, bastante más allá del medio del camino, no teme relegar el yo al fondo de un cajón ni asociar su cuerpo a una sociedad de la mente. Les une la misma voluntad de entender el comportamiento de la realidad y de sentir qué sucede cuando una máquina se da cuenta de que es una máquina. Un Dante vehemente y una Beatriz a punto de partir recorren un espacio que es infierno y también paraíso.

Por si alguien necesita algo más concreto, aunque la fórmula es por inmersión.

La Gopegui de "El lado frio de la almohada" (2004) o "Deseo de ser punk" (2009) se va descentralizando, dejando un poco atrás la importancia del personaje y su entramado relacional pese a definirlo con exactitud en cuatro pinceladas. Quita paja, florituras (si es que alguna vez las hubo y/o fueron innecesarias) y acude al epicentro, el dolor concreto, la derrota cotidiana, para enseñarnos en el espejo lo que decimos ser y lo que somos.

No vale leerla por puro entretenimiento. No funciona.

Es un viaje ideológico, un de parte de quién estás porque no sirven el silencio ni la pasividad.

Cuándo quieres darte cuenta estás luchando.

"Los seres humanos tienen esa capacidad de convertir casi cualquier modo de vida en un diamante único, faroles apagados que en el parque, al encenderse, modifican el estado de ánimo de un sueño"

...Qué más se puede decir...

Mi calidad de vida mejora leyendo a Belén Gopegui. Lo juro.

"EL BAR DE LAS GRANDES ESPERANZAS"

"EL BAR DE LAS GRANDES ESPERANZAS"

Esta novela se publicó hace dos años. La había escrito un corresponsal de Los Ángeles Times premiado con el Pulitzer, un tipo, según dicen, guapo y exitoso. La portada reinaba en el escaparate de todas las librerías, una imagen atractiva de un chavalito pecoso de ojos claros rezumando ambiente setentero.

La dejé pasar por lo de siempre, los grandes bombazos editoriales me abruman o acobardan.

Pero desde las estanterías de una de las mejores bibliotecas del mundo que es la de mi barrio volvió a mirarme el chiquito aquel, era otoño y permanecía la certeza de unos ingredientes que conmigo funcionan cual caballo ganador: la infancia, una familia compleja, unas relaciones intensas, una localidad pequeña, con mar, con bar... uno de esos bares que son el epicentro de todos los seísmos, las celebraciones y las angustias, un refugio imperecedero a través de los tiempos. Y me lo llevé bajo el brazo.

"J.R. creció con su madre, pues su padre los abandonó cuando J.R. no había pronunciado su primera palabra. Él, sin embargo, sabe quién es su padre: un DJ de Nueva York que tiene un programa de radio y cuya voz J.R. escucha con la oreja pegada al aparato. Hasta que un día la voz desaparece del aire y J.R. se queda sin nadie a quien escuchar. Encontrará refugio en el amor de su madre y en el Dickens, el bar de su barrio, un sitio donde poetas, policías, apostadores, soldados, boxeadores y estrellas de cine tienen una historia que contar. Allí, entre todas esas voces que lo cautivan como en un sueño, J.R. podrá darle voz a su propio destino y podrá forjarse, también, una identidad. Conmovedor y emocionante, firmado por un premio Pulitzer, El bar de las grandes esperanzas es un libro hermoso que puede leerse como una novela de aprendizaje o como una historia apasionadamente sincera y real."

Desde el principio esta biografía novelada tiene una estética impecable, es una historia absolutamente hermosa, bien contada, trabajada a conciencia y  entrañable.  No sé cómo lo consigue el autor (la nostalgia en su justa medida, la búsqueda de un lugar propio, un padre ausente que el inconsciente y la necesidad buscan en otros hombres y en otras voces, la magia irresistible de los perdedores literarios, los vínculos que proporciona un refugio seguro, la poesía, el acohol, los cambios generacionales... todo sin prejuzgar, ordenado meticulosamente) pero la emoción al borde de la lágrima te atrapa desde la primera a la última página. No me refiero a la emoción fácil, la resultante de una suma de factores exactos, no, sino a la conexión que se establece con la piel, con la propia intimidad, por una serie de pequeños matices comunes a cualquier alma.

Los personajes, totalmente cinematográficos, amparan a J.R a lo largo de toda su trayectoria, desde su nacimiento en 1965 hasta el fatídico atentado contra las torres gemelas... hechos que son la partida y el punto y seguido de una narración global, basada en un aprendizaje permanente, en la necesidad de ser alguien no heredado, pero fragmentado, porque también somos la huella de quienes nos transitaron.

La importancia de los bares (en este caso un típico bar-restaurante en una población reducida cercana a Nueva York) y de quienes los dirigen (Steve y su encantadora sonrisa a la que el protagonista compara siempre con la del gato de "Alicia en el País de las Maravillas"), los ritos iniciáticos, el valor, las costumbres, las apuestas deportivas... todo forma un entramado donde no cabe lo invisible.

Y la importancia de los finales, de los ciclos que acaban aunque no queramos y nos parezca imposible que puedan terminarse.

Porque nada es eterno y a veces es verdad que lo que no te mata te hace más fuerte, o mejor superviviente.

Creo que es un hallazgo de libro, creo que redunda en un tema típico en el que cientos de autores han recalado: un bar y sus gentes como reflejo social e identidad (una dentro de sus paredes, otra fuera, menos auténtica, quizás, menos segura), pero contado de una manera que lo convierte en especial y genera un escenario íntimo, afectivo y cálido.

Dos años después de estrenarse, "El Bar de las Grandes Esperanzas" fulmina mis prejuicios (cómo otras obras que también lo logran) contra la pompa y el boato de algunos best-sellers.

Suelo repetirme que debería reconducir esta manía... pero llevamos tantos años juntas...

 

 

"HOY AÚN ESTAMOS VIVOS"

"HOY AÚN ESTAMOS VIVOS"

La guionista belga Emanuelle Pirotte publica su primera novela, "Hoy aún estamos vivos", Editorial Grijalbo, en Mayo pasado. Precedida de gran éxito, esta novela, que se confunde a veces con el borrador de un guión o con el orden que precede a lo que queremos contar y no podemos permitir que se nos olvide, atrapa un gesto, una situación y unos personajes desesperados por sobrevivir, pero absolutamente netos, sin mascaradas.

Bélgica, diciembre 1944. Los alemanes han iniciado una contraofensiva en las Ardenas. Renée, una niña judía de siete años que ha sido acogida en una granja cuando huía de la persecución nazi, es confiada a unos soldados americanos. Sin embargo, al quedarse a solas con ellos, la pequeña descubre horrorizada que, en realidad, se trata de unos oficiales de las SS infiltrados en las filas aliadas. Los hombres no parecen tener dudas: hay que acabar con la niña de un disparo. En el bosque. Sin misericordia.

Tiene mucho de cuento infantil (un tanto tétrico, tipo Andersen...), de desastres de una guerra en la que cualquier situación es susceptible de empeorar, de personajes que son luz y otros sombra, cómo siempre en la vida pero acuciadamente en este caso... Contiene una belleza especial, algo que no termina de asentarse porque el ritmo narrativo es frenético en exceso, desde la primera línea hasta la última se tiene la sensación de viajar en un tren de alta velocidad carente de frenos. Los tiene porque consigue subyugarte, entrar en los refugios, subir a los caballos, mirar a los ojos de Renée... todo lo descrito es una trampa fácil para ávidos lectores, el argumento engancha, las peculiaridades la convierten en una novela nueva, sorprendente a pesar de los tópicos propios del contexto histórico... pero quiere contar tantas cosas y tan deprisa, con frases tan escuetas, breves e impactantes cómo disparos, que queda la sensación de querer terminar pronto, de finiquitar con la misma energía con la que se comenzó.

"Hoy aún estamos vivos" es una defensa del vínculo por encima de los lazos de sangre, de la libertad de elección y la ayuda mutua cómo defensa ante la propia miseria.

No cree ni fomenta los idilios, la música de violines (no están los tiempos para contar cuentos de hadas), las mentiras piadosas... Pero nos pone delante el segundo definitivo, el momento exacto que puede cambiarnos la vida, volcárnosla o dignificarla, quién sabe si al fin y al cabo es tan solo un parpadeo, algo insondable.

El premio final no es sobrevivir.

Sino estar vivos.

"LA MUJER DE LA LIBRETA ROJA"

"LA MUJER DE LA LIBRETA ROJA"

Que Antoine Laurain (París, 1970) es un apasionado del arte y trabajó como asistente de un anticuario no es de extrañar una vez leída su novela: "La mujer de la libreta roja". Quinta novela, traducida a quince idiomas, una belleza gráfica que muy probablemente se vea reflejada en la gran pantalla.  Porque puede. Porque tiene armonía de principio a fin, un ritmo de promesa por cumplir, una sonrisa permanente.

La protagonista, Laure, es doradora ("persona que tiene por oficio dorar, colocar pequeñas láminas de oro restaurando obras..."), y tiene un bolso en el que guarda los símbolos de su vida, entre ellos una libreta roja en la que escribe a ratos pequeñas frases sobre sus miedos e ilusiones. Una noche cuando vuelve a casa un ladrón le roba el bolso. Laure debe pernoctar en el hotel más cercano puesto que no tiene llaves, documentación, ni nadie a quien recurrir en ese momento. Durante el tirón ha sufrido un golpe en la cabeza que le ocasiona un coma reversible. Mientras, Laurent Letellier, antes dedicado a las finanzas y ahora propietario de una pequeña librería parisina, encuentra tirado el bolso en un rincón y pretende entregarlo en una comisaría, pero una serie de coincidencias provocan que el bolso se convierta en un rompecabezas que Laurent se empeña en resolver hasta dar con la propietaria.

Incluso el gato, Belphégor, juega un papel importante, cómo Chloé, la hija adolescente de Laurent, y William, amigo de Laure, y la pequeña librería, y una dedicatoria de Patrick Modiano, el taller de restauración, el vestido de la tintorería, "Habanita" (el perfume que usa Laure)... nada es azar aunque pretendan convencernos de lo contrario, todas las piezas son fundamentales y encajan, consiguen esa armonía sobre la que escribía al principio, son los ingredientes de una historia amena, entretenida, sencilla y muy hermosa, entrañable, una de esas pequeñas mentiras que, de vez en cuando, necesitas que te cuenten.

"La mujer de la libreta roja" es una historia de seres buenos condenados a encontrarse, quizás demasiado "ideal", un poco Amélie, un mucho del París romántico, pero sin empalagar, bien argumentada, hábil e ingeniosa.

Es literatura. Y de vez en cuando hay que darse un paseo por las nubes.

"LA CHICA DE OJOS VERDES"

"LA CHICA DE OJOS VERDES"

Las bibliotecas sirven para refugiarse de la vida.

Cómo los escritores y las escritoras infalibles.

Ya he presumido en otras ocasiones sobre la biblioteca de mi barrio (que fue convento y cuartel, y después de todo eso se reconvirtió en un espacio infinito, hermoso, cercano... que siempre te espera y al que puedo acceder sin ni siquiera cruzar de calle).

De vez en cuando hay que buscar refugio seguro. Imperecedero. Volver al papel, a la sensación de coger un libro prestado, al ritual... pero todo ello procurando dar los pasos sobre las piedras firmes del rio.

Por eso Edna O, Brien (Irlanda, 1930), y el segundo libro de la trilogía protagonizada por Kate y Baba:  Las chicas de campo (ya comentado en este blog), La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas.  Un compendio de deudas pendientes, en clave de luz y humor, pero reflejando profundamente el nacionalcatolicismo de la época (años 60), la privación de libertad para las mujeres, las herencias familiares, el medio rural, oscuro y castrador... una trilogía que puede leerse por separado y que es una ventana abierta a cómo la historia y el entorno suponen grilletes en el tobillo de las protagonistas, liberarse de ellos y crecer son la huída hacia adelante que desgrana el argumento.

La naturalidad expresiva de la autora "rima" a la perfección con la puesta en escena, con el paisaje, los anhelos, los deseos y todo lo que quiere contarnos de una manera simple, directa, cómo si no hubiese tiempo de contar las cosas de otra forma, ni fuese necesario. 

En este segundo libro de la trilogía Kate se enamora, incluso se marcha a vivir, con huídas épicas y dramáticas por medio, con el protagonista de su desvelo, un artista maniático de buena posición, casado y con una hija pequeña, de las que hace tiempo vive separado.

Ten cuidado con lo que deseas porque se puede cumplir.

Frase que bien podría resumir una novela que en ocasiones y no por casualidad parece fácil y hasta banal. Si no se tiñese a veces de rosa, de broma soez, de eteno domingo... las heridas resultarían mucho más incisivas.

Una buena novela hiere, deja marca.

Eugene pretende cambiar a Kate para que esta deje de ser la chica de campo que conoció. La supremacía de la cultura es peligrosa, dominante. ¿Hasta que punto estamos dispuestos a dejar de ser nosotros mismos por querer al prójimo?.

Adentraros en cualquiera de los libros de Edna O,Brien. Ahí dentro está Irlanda, Inglaterra, las mejores tazas de té que hayáis visto nunca, sombreros, zapatos, salas de fiestas, trenes, simpre los trenes, los barcos que zarpan, los coches que ya no vendrán a buscarnos... Hay que bailar y hay que reir, ella sabrá conduciros, y en ocasiones, en el momento exacto, cómo por descuido, se os humedecerán los ojos.

Eso es escribir. Convencer al mundo. Lo que se cuenta en ese preciso instante es el único presente que importa.

Kate y Baba son unas supervivientes asombrosas. Están vivas.  Merece la pena darles la mano y echar a volar.

Contar con refugios seguros, aunque no salgamos más fortalecidos de ellos, siempre suponen el éxito de guardar un As en la manga.

«TÚ NO ERES COMO OTRAS MADRES»

«TÚ NO ERES COMO OTRAS MADRES»

La narración de Angelika Schrobsdorff recons­truye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista (y no con el «exce­lente partido» que le han buscado, un comerciante opulento y maduro). Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los «locos años veinte», un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de jo­ven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente. Sin embargo, en la dura prueba del exilio, Else encontrará una realidad nueva y reveladora tras una vida que hasta entonces ha estado ente­ramente dedicada a las fiestas, los viajes y el amor.

Errata Naturae, esa editorial elegante dónde prima el buen gusto, publica las memorias de Angelika Schrobsdorff (Friburgo, 1927), importante escritora de cuentos y novelas que han marcado la narrativa alemana durante la segunda mitad del siglo XX.

La infancia es el ángulo de sol exacto dónde germina la memoria. Dónde tejemos las esperanzas, y la pequeña Angelika imagina, cómo todas y todos, un mundo que poco tendrá que ver con la realidad y los años.

Los locos años veinte, la forma de entender la identidad propia y la de los demás, la herencia familiar, el amor (esa otra base principal de la memoria), Berlín, el nazismo y el irremediable exilio...  en los ojos incrédulos de una niña de familia acomodada que habita el mundo cambiante y caótico que los adultos deciden.

Escrito con pulcritud, esmero y respeto, "Tú no eres cómo otras madres" es también una cuenta pendiente y un éxodo, cómo casi todos los libros autobiográficos, es querer cerrar puertas, aún a sabiendas de que algunas siempre quedarán abiertas.

Denso en ocasiones, a veces un ensayo, cuesta leer las heridas, los homenajes, las valoraciones de otra persona que quiere contar con rigor lo que considera imprescindible.

Al fin y al cabo es cómo colarse en otra casa, aún con permiso, colarse y fisgar...

Las que hemos tenido y tenemos madres "atípicas", aquellas que pensaron que los hijos e hijas seríamos otra de sus extremidades y sobre todo silencio, nos reconocemos en la piel de la pequeña Angeli, entendemos sus fobias y sus miedos, su manera de buscar un pedazo de mundo amable.

Errata cuida lo que publica y siempre acierta.

Os invito a leer su seña de identidad:

http://erratanaturae.com/errata-naturae-un-proyecto-editorial/

"TODO ESTO TE DARÉ"

"TODO ESTO TE DARÉ"

Tengo tres amigas. Tres mujeres estupendas, distintas, grandes lectoras, a las que Dolores Redondo (San Sebastián, 1969) cautivó fundamentalmente con su trilogía del Baztán, obra traducida en quince idiomas y de la que se ha vendido cerca del millón de copias.

Mis amigas me conocen, saben de mis manías. Me apabullan los superventas, todo lo que se cataloga rápido y se vende aún más rápido, las "modas" literarias, las tendencias, los premios... sobre todo en este país nuestro en el que encumbramos a la misma rapidez con la que decapitamos.

Por ese escrúpulo sin fundamento y porque, quien bien te quiere te obsequia con lo que considera un hallazgo, una de ellas, Alicia, decidió regalarme: "Todo esto te daré", premio planeta 2016 y obra de la escritora vasca, una de las más prolíficas de los últimos tiempos, cuyos argumentos, con fuerte trama policíaca y cinematográfica ya se están viendo adaptados para la gran pantalla.

Reconozco que comencé la lectura emulando un verso del gran poeta Ángel González (Oviedo, 1925-Madrid, 2008): "Sin esperanza, con convencimiento"... el principio me resultó lleno de tópicos y llegar a la página cien un reto importante.

Después la autora tiene una velocidad narrativa y un desarrollo argumental veloces, cuenta lo que quiere y cómo quiere con una facilidad asombrosa, la de las niñas y niños que han escrito y leído mucho, buscando libertad, diversión, identidad o todo junto.  Muestra pericia, habilidad, dominio de un hilo conductor que, teñido lo justo de novela negra, te conduce hasta el momento exacto, el personaje justo, el final apoteósico.

Me ha recordado mucho a Ágatha Christie y he jugado a buscar al asesino entre todas las suposiciones.

Creo que Dolores Redondo ha cumplido sus promesas de autora incipiente. Se ha consolidado, no me extraña, escribir tanto en tan poco tiempo define su condición de abeja reina que encuentra su lugar y es capaz de mantenerlo.

El público le pide entretenimiento a un libro de seiscientas páginas y aquí lo hay por doquier.  Para leerlo hay que dejarse llevar y yo soy un poco rocosa y resistente al cambio.

La literatura debe hacerse cada vez más grande, ampliarse para cubrir el cielo de muchas lectoras y lectores.

Dolores Redondo ha sabido conquistar y aprovechar su momento.

Enhorabuena.