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"El Señor López y otras historias"

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El verano ha llegado y nadie sabe cuándo ha sido, porque nos han quitado tres meses de en medio con confinamientos, pandemias y otros argumentarios que bien podrían, ojalá,resultar ficción. 

Resulta que íbamos con chaqueta de lana en el momento en que un bichejo incontrolable contagiaba al mundo entero cebándose, cómo siempre, hasta los virus son clasistas, con los más débiles. Y hemos anochecido, con nuevos términos acuñados por vaya usted a saber, envueltos en una "nueva normalidad", que viene a resultar que la normalidad, como el DNI, tienen fecha de caducidad.

El caso es que pasamos de la chaqueta de lana a creer que la vida era una mala versión de sí misma, todos en tirantes, noches sofocantes pero mascarilla, imprescindible excepto en terrazas y exteriores muy lejanos y desérticos, para alegría, que tampoco les viene mal, de los hosteleros.

Yo he vuelto por mis fueros y cómo no hay medicamento que se me resista, pese a fisiólogas, benzodiazepinas, tranquilizantes, etc, no dan con la tecla quizá porque no la hay, vuelvo a pasar por las penurias propias del no dormir.  Así que recurro al flotador de la lectura, cómo última valla antes de la locura o la depresión generalizadas.

Y en mi empeño de descubrir todo lo que podría perderme sin saberlo (la aguja en el pajar) dí con el que podría ser, según dicen, uno de los grandes dramaturgos emergentes del teatro español. Solamente.

Nando López (Barcelona, 1977), novelista, dramaturgo, profesor, de los polifacéticos creadores, esos que investigan y prueban y se atreven y posiblemente hasta lo logren.

A mí es que me tocó dar con "Hasta nunca Peter Pan" (Espasa, Planeta, 2020), y seguro que es cosa mía y cuestión de orden que tiendo a saltarme. Quizás no debería haber empezado por ahí, la historia de un guionista mediocre que lleva mal la crisis de los cuarenta (él y todo su entorno), que todavía no ha roto el cordón umbilical con unos padres cultos, impecables y disciplinados, encadenando una ruptura amorosa tras otra, indeciso, friki del cine y la música de los 90, con una hermana melliza que obtiene profesionalmente todos los éxitos que él no consigue, y que deja a cargo de David (nuestro guionista) a su hijo adolescente durante un tiempo en el que ella debe viajar a la otra parte del mundo. Unai, cómo buen adolescente de novela, se las trae y no. Ha sufrido una separación traumática de su padre que le trae consecuencias y rupturas consigo mismo.

De ahí se podría sacar petróleo para un experto en literatura española contemporánea, literatura infantil y juvenil y literatura homosexual española (os prometo que no sabía que dentro de una literatura había tantas literaturas, como muñecas rusas, todas escaladas y bien catalogadas).

En resumidas cuentas no me ha gustado poco la última incursión en la novela de Nando López. No me ha gustado nada, tediosa, lenta y hasta me atrevería a decir, (yo, que he terminado la que posiblemente sea mi primera y última novela,  "Cómo esos viejos árboles" y que sin duda tendrá más taras que aciertos) que mal escrita, anodina, con un ritmo muy flojo, simple.

Pero siempre hay un roto para un descosido grande o pequeño, siempre.

Y surgió la vieja patria argentina con su hermoso lenguaje (te adaptas con algo de dificultad al principio, luego vuelas) y Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967) es un inafalible, cómo sólo puede serlo quién co-escribió el guión de "El secreto de sus ojos" o "La noche de los Giles". Sólo él, con su emotiva sencillez y su buen gusto ante todo, con novelas intergeneracionales cómo "Ser feliz era esto" (2014), también criticada en este blog, te devuelve a la maravilla de lo creíble. Lo compro a ojos cerrados. 

Su última novela se titula "Lo mucho que te amé" (Alfaguara, 2020), centrada en los años 50 y 60 del pasado siglo, cuatro hermanas y sus parejas componen un grupo compacto amante del cine. Van creciendo a la vez, teniendo hijos, discutiendo de política, cumpliendo con las costumbres y los ritos, conviviendo con una tía insoportable, hermana del padre, una de esas amas de llaves de las películas de miedo. ¡Ay la tía Rita y su maledicencia!  Por no hablar de sus presentimientos y del barniz de la escalera...  No hay familia sin secretos ni amores imposibles, hay memoria, hay respeto, el qué dirán y una mujer entre todas ellas que alcanza la medida de saltarse los patrones sociales porque quiere y porque puede.

Es linda y hermosa, cómo dirían los argentinos, "Lo mucho que te amé", sin demasiado almíbar ni demasiado de nada, tiene un punto exacto y limpio de sencillez y manos boca arriba.

Gracias Sacheri, porque cuando te leo o veo las películas en las que intervienes, esas en que alguno de sus protagonistas suele ser, para mayor seducción, Ricardo Darín, siento que la vida es fácil, que menos es más, que hay que mirar al lado y buscar ese hombro incondicional porque la soledad y la melancolía, a veces inevitables, no son el camino hacia la felicidad de las cosas pequeñas.

Este quilombo macanudo mereció la pena, pibe.


28/06/2020 07:54 Puri Novella Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"EL CHICO DE LAS BOBINAS"

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Pasa. Son las rachas, de repente, desde cualquier parte del mundo, se escribe sobre señoras que han equivocado sus vidas y se lo cuentan en torno a una taza de café, de té (más literario) o de mate, una tarde de la semana casi siempre a la misma hora, y entonces todo se parece a algo que ya hemos visto u oído, incluso repetido, de alguna manera, en alguna parte.

La literatura también tiene sus modas, no sé porqué el empoderamiento femenino de repente convierte en mujeres que ya están empoderadas, aunque no lo sepan,  a féminas que abren floristerías, cuidan hijos solas, se consideran afortunadamente imperfectas, no hacen deporte, malcocinan, pero tienen algo dentro que no las convierte en anodinas porque si no no serían protagonistas de ninguna novela y la cosa del mercado decaería.

No es un mercado tan Cainita cómo el farmacéútico (crucemos los dedos) pero se deja mover por los mismo hilos que el resto del mundo, y si de repente (no sé cómo se decide eso) se venden libros de adolescentes en peligro, de artistas incomprendidas o de infancias que, cómo la mayoría, no vengamos ahora a edulcorar la torrija, tuvieron un poquito o un mucho de lo suyo,  pues te encuentras con montones de esas temáticas en las secciones de novedades, actualidad, presente inmediato, venidas desde Checoslovaquia, Italia, Estatos Unidos o Tetuán.

Y es fácil caer en la trampa por varias cosas, porque, cuando eres más rara que un perro verde, y hay otras temáticas que ni de lejos a estas alturas te pondrías a hojear (romanticismo, histórica, policíaca, de terror, bosques que silban, hadas modernas, voces del río...) pues entonces la cosa se complica bastante,  porque acabas eligiendo por eliminación, lo que, en la vida, la mayoría de las veces, te conduce a comerte de bruces la pelota de frontón y  en la literatura también,  porque te has gastado el dinero y las energías en una historia que a partir del capítulo tres no se la regalarías envuelta  ni a Mª Glori que lo último que leyó, si es que eso se lee, fue lo de la sombras de Grey.

Y si seguís este blog y me conocéis sólo un poco (lo que a estas alturas de mi trayectoria vital es imposible porque yo no soy de danza de siete velos, soy la que soy, o conmigo o sin mí, o te vienes o te quedas... el todo o la nada, el incondicionalismo, la lealtad, bla,bla, bla, ya sabéis de que pie no cojeo) tampoco le puedo echar la culpa al sueño, como en la entrada anterior porque amigas mías, dormir, lo que se dice dormir casi como persona normal que se acuesta de noche y se levanta de día, eso lo estoy consiguiendo a base, ya os lo cuento en otro momento, de inventarme otra vida sólo para dormir, bueno, hay quien ejerce dobles y triples vidas, hay quien es poliédrica, poliamorosa o qué sé yo, y todo vale mientras el mundo ruede y una de las partes no se sienta damnificada ¿no?. Yo duermo principalmente porque me he creído que tengo que hacerlo y porque me he vuelto una animal de costumbres, pero eso para otro día.

En la última entrada, la del  insomnio y el libro forrado con la tela de un vestido, la infancia de Marina marcaba el trayecto de un verano que resultó fronterizo en su vida.  Porque después le dio por comprender y crecer. Y ya nada fue igual. Y porque Elisa Victoria cuenta la historia de una manera magistral que te deja pegada al agua, las sábanas, la ausencia de la madre y el sol de aquel verano.

"Vozdevieja" es un premio, con el punto exacto de todo lo que tienen que tener los premios que no son ñoños.

Así que decidí seguir en la racha, ver cómo cuenta o se inventa cada uno esa parte de su vida que lo catapulta a todas las demás, que es como uno de esos paisajes nevados guardados dentro de una bola de cristal que durante años no puedes evitar agitarlos hasta que cualquier día te olvidas de ellos y aunque sigan estando sobre el mismo tapete y en la misma mesa forman parte del decorado como los estertores del olvido a los que se les confina.

Primero fueron "Los años impares" de María Sirvent (Andújar, 1980), una muchacha contratada por la agencia literaria de Carmen Balcells, que fallecida hace cinco años y con un olfato literario infalible, consiguió representar a Luis Goytisolo, García Márquez, Terenci  Moix y Rosa Montero entre otros y otras. Decir que María Sirvent escribe mal, yo, que no he salido de cuatro premios rurales de la España profunda tendría cuando menos guasa. Entreteje con arte, las secuencias temporales son buenas, pero no dejaba de recordarme a "El turismo es un gran invento" o a cualquiera de otras películas de la época que venían a explicarle al españolito medio lo que era Ibiza, los bikinis, y todo lo que cargaba uno en la maleta cuando volvía al pueblo, que cada vez procuraba hacerlo menos porque cómo buen emigrado ya no sabía ni de dónde era. El drama rural, las cartas, las viudas, las mujeres que nunca pudieron salir de dónde quisieron hacerlo, me resulta un tanto asfixiante y un mucho repetitivo, convencida de que la muchacha no tiene culpa ninguna. A veces no conectas. No es el momento. No te lo crees.

Después continué con el empeño, por aquello que os decía antes del extenso panorama en el que puedo elegir, y me acordé de los buenos ratos que me ha deparado la Editorial Tusquets y me fui directa a por "Temporada de avispas", de Elisa Ferrer (1983), que se llama igual que la de "Vozdevieja" (será también que se han puesto de moda las Elisas), pero el apelido no era coincidente. Pues la chica no sólo se estrena en la novela con "Temporada de Avispas" sino que gana el Premio Tusquets.  Me entraron ganas de llorar. Las sinopsis son otra pandemia que asolará el mundo, mienten más que hablan, prometen, y lo que hay que hacer es olvidarse de ellas y coger el libro por el bazo, el esternón o la clavícula, por cualquier parte, y leer un fragmento de cualquiera de esas secciones. Pero yo no lo hice, y me creí la seriedad de Tusquets y la foto con la niña bajo la sombrilla en mitad de la playa.  Nuria dibuja avispas por todas partes, es un impulso creativo, una desazón, porque cuando era pequeña a Nuria y a su hermano les abandonó su padre y creó una familia paralela y ella escuchó muchas broncas y muchas discusiones, y aunque se ha convertido en una buena ilustradora ella se ha dejado muchas puertas sin cerrar y en las ciudades que hace frío y  humedad eso es fatal.

Es moderno, muy moderno y muy traumatizado pero qué quieras que te diga, nadie dijo que esto fuera fácil, y ya está, y todo eso.

Antes de estos dos yo estaba absolutamente conmovida, sin leerla, (absurdez muy propia) por "Piel de Plata", de Javier Calvo (1973) tenía una intuición de esas que muy pocas veces me fallan, pero que cuando lo hacen me explotan cómo una bomba casera en la cara y me la llenan de esquirlas de cristales desilusionados.  Pues eso.  Y mira que los adolescentes se llaman Pol y Bronwin y se conocen en la consulta de un psiquiatra, pero ni aún así, ni aunque tengas cuentas pendientes con tu propia niñez sin resolver o sin ni siqiera, que no lo sé, haber sido vivida de lejos, puede ser todo tan decadente, tan dependiente de las drogas, tan al borde siempre de la psicosis y la esquizofrenia... porque no es verdad, porque ni siquiera uno de los mejores libros que he leído sobre adolescencia, "Deseo de ser punk" (2009), Belén Gopegui, es tan sumamente apocalíptico.

Y así estaba el plan. Dormía, cada vez mejor en mi nueva vida nocturna inventada. Pero sin un pedazo decente de pan que poder echarme a la boca antes de creer que puedo conseguirlo, que soy dueña de mi cuerpo y yo decido dormir.

Así que el ultimísimo día previo al estado de alarma (ese del que ya me venía avisando Pilar Alejandro pero yo no quise hacerle caso como buena desobediente civil y ella, inteligente, leída, sabida, todo lo contrario a mi ignorancia palpitante, soltaba sus puntos suspensivos alarmantes) fui al mismo sitio que pienso ir en cuanto el microsalivismo ya no sea un problema epidemiológico de consecuencias mortales. 

A una Librería. Ya tarde, a punto de cerrar. Le pregunté a Daniel cual quería, ahora la psicología deportiva nos lleva por la calle de la amargura, así que encontré una edición de bolsillo de lo que me pedía y cuando ya me iba se concatenaron las cosas. Ya sabéis a lo que me refiero. Sonó algo, una voz, un color, una cinta, un título desde una portada "El chico de las bobinas" de Pere Cervantes (1971).Que la cosecha del 71 es inigualable eso lo sabe todo el mundo, así que me detuve. Aunque me sepa mal eso de que se haga tarde y la gente después de un día de trabajo y de un país en el que no suena nada y sin embargo suenan todas las sirenas, se quiera ir a refugio.

Y resultó tratarse de la Barcelona de Posguerra, la Barcelona de claroscuros tan bien retratada por Marsé y en este caso por Pere Cervantes, una Barcelona chivata, traidora, fría y al mismo tiempo  solidaria entre vecinos que perdieron a tanta gente. En tiempos de cuerda floja sin red, cuando se sabe de la caída, la gente de bien guarda una manzana en el bolsillo, una taza de café aguado, una manta raída. Cual es el valor de una manta raída. Todo lo contrario a la traición. 

Nil Roig es un chiquillo que se pasa el día en bicicleta transportando de un cine a otro viejas bobinas de películas.  El día de su decimotercer cumpleaños es testigo de un crimen cometido en el portal de su casa. Mientras el asesino huye después de haberlo amenazado de muerte en caso de no mantener la boca cerrada, el moribundo le entrega el misterioso cromo de un actor de cine de la época.  A partir de entonces la vida de Nil, de su madre Soledad (que trabaja llevando las paupérrimas cuentas de una carpintería, la del anciano Romagosa, que no reclama sus deudas y deja pagar al debe) y de sus amigos, aquellos que conocieron a su padre, un maqui que se fugó al monte y del que jamás podrá olvidar su voz  porque fue actor de doblaje, cambiará para siempre.

Hay momentos de extraordinaria violencia, no gratuita, acordes a lo que se está contando, ineludibles. Hay momentos de extraordinaria belleza (la descripción de los viejos cines, uno de ellos, clave en la novela, escondido en los bajos de una librería, los proyectistas de cine y su amor por las películas, los carteles de actores y actrices.  Hay momentos de una amistad que les devuelve la vida).

Yo no sé si cómo expresa la editorial lo calificaría de un thriller nostálgico cargado de emotividad y misterio empeñado en mostrar la fragilidad y la ambigüedad de la naturaleza humana.  Personas buenas y malas ha habido siempre, gente que se mueve mejor entre el odio y el rencor que entre el perdón y el olvido, y cuando la propia historia se encarga de ir dejando a su paso deudas pendientes todo se complica.

Las mujeres de la novela, todas, a pesar de sus dolores y de sus fracasos, a pesar del miedo que todas respiran, se tienen un respeto a sí mismas y a lo que va quedando de aquello en lo que creyeron absolutamente admirable.

La novela empieza en 1945 y termina en 2021. Alguien gana hasta un Premio Goya.

No voy a desvelar nada más, sólo reconocerle a Pere Cervantes la suerte que he tenido de que "El chico de las bobinas" fuera la  novela de mi confinamiento, sabiendo desde el principio "lo bien" que iba a llevarlo, ha supuesto un regalo, aún no sé cómo se las arregló para que yo intuyese que me estaba esperando.

"Todo hombre bueno puede dejar de serlo. Un revés de la vida, la crueldad de un semejante o un achaque de locura, pero sobre todo... el abuso de los vencedores." Dice Bernardo en la página 476 (uno de esos personajes que te enamoran de principio a fin). Y tiene razón. Hay dolores que van a palpitar como un eco, toda la vida.

La novela es redonda, de buen gusto, bien compuesta, definida y hermosa, es un homenaje al cine de siempre y a la gente de posguerra, personas construídas a base de fragmentos, empobrecida pero leal, dispuesta a tender una mano cuando la causa lo requiere.

Y os prometo que en esta novela tienen cabida las causas más importantes de la vida sin faltar ninguna.


18/04/2020 15:31 Puri Novella Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

"VOZDEVIEJA"

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Me he olvidado de todo. Ya me disculparéis y quizá también pueda disculparme conmigo o contra mí. Pero me he olvidado, y ahí sí que entraba en situación de UVI, hasta del placer, inmenso, liberador y revolucionario de la lectura.

Padecer insomnio es cómo que te arranquen los párpados y ya no puedas guardar nada dentro de ellos, que te conectan además con una neurona que tiene memoria, retención para la literatura (no digamos nada si, como en este caso, encima es de la buena) pero al romperse la cadena de transmisión todo se convierte en agua sucia, un dolor gris que te acompaña en el ritmo contrario e invisible de las personas que no separan las noches de los días.

"Vozdevieja"(Elisa Victoria, Sevilla-1985) me ha salvado la vida un poco, mientras nada se detenía y todo amenazaba con sucederse y continuar, contigo o sin ti. Hubiese asimilado y disfrutado la historia de otra manera en caso de que las circunstancias fueran diferentes, pero no lo eran.

Y yo, después de haberme adivinado en la casa de madera junto al mar que nunca tendré, con los perros que ya no serán los míos, contando hacia delante o atrás cuando jamás me interesaron los números, respirando por la boca del estómago, no pensando, no pensando, no pensando en que dentro de nada será mañana, pero si ya es mañana, qué estoy diciendo... alargaba el brazo, daba la luz de la mesilla y me agarraba a "Vozdevieja" (Blackie Ebooks,2018) cómo al único arbol centenario en un desierto sin sombras.

El Verano del 92 en Sevilla para Marina y sus nueve años es especial. Ese verano de no querer crecer y hacerlo irremediablemente, más deprisa si cabe. La mejor amiga de Marina es su abuela, que está enamorada de Felipe González, a Marina en el cole la llaman "Vozdevieja", tiene dificultades, o eso parece, para relacionarse con gente de su edad,  su padre desaparece del mapa cotidiano y su madre es una madre inusual que baila como nadie las canciones de Diana Ross, que usa una colonia inolvidable, pese a que está muy enferma y pasa largas temporadas lejos de Marina.

A Marina no le tiene que explicar nada. Marina sabe. La ha observado tan bien y durante tanto tiempo que reconoce a su madre hasta el extremo. Marina lo descubre casi todo sola pero se siente querida y cierra los ojos muy tarde, en madrugadas ya muy abiertas, porque tiene curiosidad y miedo, le gustan los cómics y las películas para mayores, pero sobre todo, sobre todo, quiere salir a la vida cómo si cada día fuese una historia única, emocionante e irrepetible.

Lo de estas escritoras tan jóvenes, con esa facilidad pasmosa para describir lo que ellas mismas debieron vivir antesdeayer y dejarte además pensando cómo lo hacemos, cómo construimos sociedad, escalera, comunidad, mundo, maternidad... da mucha envidia. Te deja perpleja, conmocionada.

Mi insomnio sigue ahí como lobo que no abandona cueva ni presa (por otra parte se lo debo estar poniendo bastante fácil). A veces tengo miedo de que no se me pase nunca (siempre fui de dormir poco, pero esto es otra cosa), de no saber convivir con el dolor (que es algo que no tendría por qué producirse) de morirme. Yo que nunca tuve miedo a la muerte (aunque esto último parezca la frase de un bolero).  Tengo miedo de no volver a recuperar un poco, sólo un poco, de calidad de vida.

La gente que arrastra los pies y sale a trabajar, y se lava la cara varias veces al día y no recuerda lo que ha mirado, la gente que percibe un agujero en el centro de su cuerpo y teme que la noche amenace con no apagarse, esa gente, aunque no se sienta demasiado viva por dentro lo está, y quiere seguir estándolo.

Que a todo ello pueda ayudar un libro, una historia encuadernada con la tela de un vestido infantil, es cómo un pequeño milagro. ¿O no?

14/01/2020 20:44 Puri Novella Enlace permanente. sin tema Hay 1 comentario.

JUNTOS, NADA MÁS

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Antes de llegar a Anna Gavalda (escritora y periodista francesa, 1970) me demoré en "El libro de Jonás", de Ramón Pernas (Lugo, 1952).  Es éste, sin lugar a dudas, un libro peculiar, especial y un tanto extraño.  Aunque ya sabemos que los menús literarios son a gusto de los paladares, y que lo que a mí me produce un tipo de sabor a otra persona puede parecerle exquisito, o no...

La primera parte del libro resulta casi perfecta. Armónica, bien descrita, anzuelo afilado. El ingrediente evocador de la niñez, la descripción de un suceso infantil en una plaza gallega durante la primera mitad del sigloXX... un recuerdo casi palpable, propio de una biografía novelada. Pernas se desenvuelve con la soltura de quien maneja el oficio narrativo con los elementos escogidos a conciencia.  Después y a mi entender la cosa desvaría, yo hubiese preferido que me contase otra historia, de otra forma, pero él tenía muy claro el devenir de una novela que considero pierde aire, como un globo sin anudar, la calidad descriptiva se logra mantener, pero la trama se ramifica hacia lugares que poco tienen que ver con el inicio, rebuscados, sin encanto y sin resultado. 

Pero llegó ese rincón del mundo que es mi librería de segunda mano, mi madriguera perfecta, ese lugar que siempre te espera. Y me enseñó a Anna Gavalda. Y ayer terminé "Juntos, nada más" (2007)... demoré cuanto pude el final, no quería acabarlo, no quería desprenderme de los personajes, de la casa en la que comparten su vida seres tan distintos y sin embargo afines, de los diálogos, del amor, no soy yo de hablar de amor a tumba abierta, pero es que este es amor del bueno, oigan, del cotidiano, del necesario, incondicional, vital, desinteresado, honesto y capaz.  Sólo eso. 

Cuando hay demanda hay cine. Novela convertida en argumento cinematográfico. Yo no he de verla, aunque es difícil que una historia tan sencilla, tan hermosa, tan comprometida y tan verdad se acabe convirtiendo en un fiasco, tiene mucho andamio del que poder agarrarse. Pero yo quiero imaginarme a Camille con sus cuadernos de pintura, hecha un ovillo en el sofá, cogiendo el metro, soportando a su madre a duras penas... y a Philibert con su porte aristocrático y su timidez de niño acosado abriéndose al mundo desde su tienda de postales... a Franck troceando verduras y batiendo natillas, siendo lo único que podía ser para sobrevivir, cocinero, y quiero imaginarme su moto y sus manos, cómo escucha música y cómo pescaba cuando era pequeño...la gran Paulette en su jardín, al sol, visitando museos con Camille, tejiendo bufandas, queriendo cómo se quiere cuando respiras o cuando andas, imperceptiblemente.

La novela es un milagro. Un pequeño milagro escondido en una historia de seres invisibles. Que casi nunca están, que apenas se quieren, que se temen a sí mismos... pero muy en el fondo guardan algo que les ayuda a continuar: generosidad y empatía. Resucitan porque el azar, o no tanto, les conduce a elegirse y a vivir juntos. La lealtad te convierte en familia y ellos crean una peculiar, enternecedora y única.

París ayuda. Y saber escribir. Y manejar los tiempos. Y las emociones.

"Estaba en la barra de un bar frente al restaurante en el que había quedado con su madre. Extendió las manos a ambos lados del vaso, y con los ojos cerrados, empezó a respirar muy despacito.  Esas comidas, por muy espaciadas que fueran, siempre la machacaban por dentro. Terminaba hecha polvo, tambaleándose, y como desollada viva. Como si su madre se dedicara, con una meticulosidad sádica, aunque probablemente insconsciente, a levantar las costras y volver a abrir, una a una, miles de pequeñas cicatrices."

La historia tiene fragmentos con los que resulta difícil no llorar, reir, recordar, conmoverse, conectar... la historia también es, en ocasiones, la mía, y conseguir eso, la identificación, es la excelencia de la novela, lo que la convierte en innolvidable.

Gracias, Anna Gavalda.

12/09/2019 10:07 Puri Novella Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

SIEMPRE ALBERTI

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El verano y yo somos enemigos íntimos.  Tiene un aire de superioridad, un halo fraudulento de que todo es posible que me enerva. Por no tocar su eternidad, esa extensión que no alcanza final y siembra de paréntesis las esquinas.  Sopla sobre la vida tratando de restarle significado.

Así ocurre con la literatura. A lo peor es que existe literatura de verano y de invierno (hasta de entretiempo), cómo nos da por clasificarlo todo... el caso es que, en eso sí voy a darle su valor, el verano es una estación propicia para la lectura, te la sirve en bandeja, y con esa promesa de contar con todo el tiempo que antes no has tenido augura intensidad.

Comenzó Mayo con trampolín de altura olímpica, el último libro de Luis García Montero: "Palabras rotas", tratando de reivindicar el valor de los lugares públicos y privados que nos dan sentido como colectividad, aquellas palabras que de tan manidas se perdieron.  Y yo me perdí tratando de encontrar la esencia del director del Instituto Cervantes, esa prosa lírica emocionante y ciudadana que sin duda estaba, por momentos, aunque sumergida en cultismos y en una aureola casi épica que por poco logran, y no me gustaría jamás volver a pasar por ello, que no termine, precisamente yo, un libro de García Montero.

Cuando me empeño en apostar a caballo ganador deberían chirriarme los dientes en señal de preaviso, a ver si así me doy por enterada. Patricio Pron había ganado el Alfagura de Novela con "Mañana tendremos otros nombres". Intuía desde el principio que a Pron no "le pegan" algunos premios... pero el calor sofocante nubla el entendimiento y me sumergí de cabeza en una novela tediosa y plana, más de lo mismo de lo que nunca se termina, desamores tristes en sujetos inacabados de clase media-alta, prototipos, una narración que en nada se asemeja a apuestas anteriores del autor como "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" (2011). Esta vez no me inmolé, no fui capaz de terminarla.

Miré a mi alrededor. Los chalecos salvavidas suelen estar al alcance. Llevan aparejada una tabla que siempre flota.  Recordé que algunos clásicos se llaman así porque no defraudan nunca, son perennes. 

Crecí maravillada con la Generación del 27, con sus trayectorias literarias y amistosas, con la Residencia de Estudiantes y la mala suerte de toparse con la maldita Guerra Civil.  Recuerdo presenciar en tiempo y forma, testigo privilegiada, la llegada de Alberti a España bajando las escaleras de aquel avión, demasiado tarde quizás, pero la justicia reparatoria no es perfecta. Cómo recuerdo todo lo que él y Mª Teresa León me han enseñado sobre el exilio, la poesía, el teatro y la vida.

Guardo como canela en rama, azafrán en paño o trenza cortada, un "Retrato de Rafael Alberti" publicado por Galaxia Gutenberg y escrito por Mª Asunción Mateo poco antes del fallecimiento del "poeta en la calle" (cómo a él le gustaba definirse). Un Alberti anciano que jamás demostró serlo desgrana ante la periodista que se convertiría en su viuda, aspectos inéditos, pequeños, desapercibidos, de su extensa trayectoria. La espectacular galería de imágenes en blanco y negro que acompañan al libro, el testimonio de personajes que acompañaron a Alberti (Nuría Espert, Terenci Moix, Dámaso Alonso, Pablo Neruda....) convierten esta obra en una joya completa y en un equipaje imprescindible para quienes la literatura, de eso no me he olvidado, nos salvó la vida.

Entre las páginas conservo una factura del Círculo de Lectores por importe de dos mil quinientas sesenta y ocho pesetas de 1996 y una entrevista que reproduce Heraldo de Aragón tres años después a  Mª Asunción Mateo, un mes después del fallecimiento del escritor gaditano... curiosidades que palpitan en las estanterías cuando todo pasa por algo.  Se guarda mucho de lo que se guarda para ser recuperado en un momento clave.

Mi kit de supervivencia me ha salvado de la melancolía veraniega, del desencanto de los best-sellers refritos todos con los mismo aceites que se venden como churros.

Alberti nació demasiado pronto, pero aquel fue su tiempo, su capacidad inabordable para comprender y transmitir todas las cosas... para ser libre, a pesar de todo.

Lo que escribió cuando conoció a Mª Teresa León en 1930 me sirve para describir mi etapa antes de reencontrarlo: "Cuando tú apareciste/ penaba yo en la entraña más profunda/ de una cueva sin aire y sin salida".

Siempre vive Rafael Alberti.

13/08/2019 08:37 Puri Novella Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"ANTONIO MACHADO. LOS DÍAS AZULES"

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Me gusta recordar a Machado, evocar su figura y su obra es un acto de justicia social y cultural. Hacerlo de manera renovada, novedosa, supone que haya nuevas generaciones que apuesten por la memoria, que crean en la reparación. Y eso reconforta.

Que una muchacha (Cecilia Hill, Lleida, 1985) y un muchacho (Josep Salvia,  Mollerusa, 1981) se emocionen viajando, estudiando y creando esta novela gráfica que viene a reproducir impecablemente (con sumo respeto y buen gusto) lo que fueron los últimos días del poeta, su exilio, su mala suerte, la enfermedad, sus familiares y los personajes que le acogieron en Collioure, es un acto de generosidad y valentía a partes iguales, además de un lujo que se han permitido y por el que les envidio insanamente.

Diábolo ediciones acaba de publicar este libro que cuenta con colaboraciones cómo la de Verónica Sierra Blas, profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de Alcalá de Henares, Directora del Archivo de la Fundación Antonio Machado de Collioure, o la de Miguel Barrero, novelista, premiado en varias ocasiones, que cuenta cómo la historia de este último viaje de Machado "es una sincera y dolorosa elegía al fracaso de la que probablemente fue la mejor idea que tuvo nunca España de sí misma". Ellos, junto con la cronobiografía del poeta publicada al final del libro, las citas y apuntes históricos de interés y esa última carta que recibe Don Antonio el mismo día de su fallecimiento procedente de Cambridge, dónde le ofrecen trabajo, por fin, aunque demasiado tarde, redondean una historia cuidada con esmero y dedicación, profundamente conmovedora.

La misión pedagógica de este libro es informar sobre el tremendo atentado que sufrió la cultura durante la Guerra Civil. La barbarie del exilio. Informa con pulcritud. Es tan sumamente bueno que convence a quienes no hemos sido nunca especialmente aficionadas-os al cómic narrativo (llámese novela gráfica, ilustrada o vaya usted a saber...). Hasta huele bien. Se hace brevísimo. Y se palpa el dolor, la tristeza, la miseria, la solidaridad, los libros, las carreteras, las despedidas, el mar... todo es una pieza única, compacta. Una obra de arte, de las que te gusta apreciar cuando les concedes un lugar de honor en tu librería y tu mirada las busca al pasar.

Cuando el recuerdo perdura a pesar de las décadas transcurridas y del empeño de algunos en sepultar lo honesto será por algo.

Entre otras cosas porque vale la pena contarlo.

02/05/2019 21:44 Puri Novella Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"EL AZAR Y VICEVERSA"

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El trotamundos de la novela nació en Rota (Cádiz), cómo el autor, Felipe Benítez Reyes (1960).  La trama es el transcurrir vital de Antonio, un personaje marcado por herencias familiares, huérfano de padre marinero a temprana edad, con una madre ausente, excesiva, confusa, problemas ecónomicos y la suerte de cualquier lado menos de cara.

Cuánto tiene de autobiográfica la novela no lo sabremos nunca. Lo que no se puede medir es la exactitud. El planteamiento impecable. El juego de secuencias y personajes que se relevan veloces en un escenario vital, disparatado por momentos, pero siempre acorde, bien construído y magistralmente narrado.

Yo no quería terminar de leer una historia que me ha recordado mucho al Quijote, a todos esos imposibles que les ocurren a las personas que tienen por penitencia la propia vida. El ambiente de novela picaresca, sin abusar del drama ni de todo lo contrario porque el ritmo narrativo, fácil, ameno, seductor e inteligente, te atrapa de modo irremediable, atraviesa varias décadas, pasajes históricos que nos asoman a lo que ancestralmente fuimos, somos y nunca dejaremos de ser.

La crítica, la doble moral, la pobreza acompañada de ironía y azar no pierden relevancia pero se parecen menos a un imposible.

Apuntaba antes un dato curioso, no quería terminar de leer aún faltándome apenas unas páginas para la conclusión, eternizaba el momento. Quizás porque hacía tiempo que como lectora no sentía esa especie de duelo ante la despedida de lo que realmente merece la pena. Quizás porque sé que tardaré en volver a encontrar algo así, canto rodado, juego perfecto, todas las piezas encajan, el malabarista sabe que ha triunfado con su función, que era exactamente eso lo que pretendía. Conmover. Cautivar.

Comencé la lectura lápiz en mano, barruntada, dispuesta a atrapar todo eso que una hubiera querido escribir, sentir, mostrar ya sin remedio... y abandoné el intento a las pocas líneas, puesto que no podía subrayar el libro entero, sin desperdicio.

El primer párrafo se presenta así:

"No sé si estará usted de acuerdo conmigo, pero creo que todos llevamos una triple vida, sustentada en tres pilares: lo que creemos ser, lo que quisiéramos ser y lo que en verdad somos. La mezcla de los tres elementos suele resultar bastante mala, aunque conviene mostrarse optimista y hacerse cuanto antes a la idea de quilibrar de la mejor manera posible esa conjugación desconcertante."

Afortunadamente Antonio es un tipo tranquilo, más bien sereno, que deja de sorprenderse por los bandazos de su destino.  De Ley. Predestinado para el fracaso. Que está vivo, que ha vivido y necesita contarlo.

Entre ese párrafo inicial y uno de los últimos:

"La existencia es un prodigio vulnerable: lo mismo la desbarata un virus que una pesadumbre, lo mismo una guerra nuclear que el caerte rodando por una escalera.  Y es que hay un momento en que, por una cosa o por otra, todas las vidas -incluidas las más dichosas y afortunadas- se echan a perder sin remedio."

No conocía a Felipe Benítez Reyes, no sabía que es Premio Nacional de Poesía (1996) o Premio Nadal (2007) entre otros, ni que tiene un blog titulado: "Mercado de espejimos" dónde escribe sobre la actualidad cotidiana y piraña. Puede que me connvenga creer que ha llegado a mi pequeño panorama literario cuando tenía que llegar... pero bienvenido sea, ya para siempre.

10/03/2019 19:36 Puri Novella Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"ÚLTIMAS NOTICIAS DEL PARAÍSO"

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Con Clara Sánchez (Guadalajara, 1 de Marzo de 1955) he tenido encuentros y desencuentros. La he aplaudido ("Entra en mi vida", 2012), me ha decepcionado ("El cielo ha vuelto" Premio Planeta 2015) y hasta he sido incapaz de terminar una de sus obras ("Presentimiento", 2008). Osea, que cómo en casi todas las relaciones largas... ha habido tiempo para todo.

Lo que no se le puede negar es su capacidad creativa, la pluralidad de temas (nazismo, niños robados, adolescencias invisibles...)que la convierten en una autora de novelas insospechadas que despierta curiosidad. La curiosidad y la literatura son buenas compañeras, una lleva a la otra y si las expectativas se cumplen... se cierra el círculo. Fuegos artificiales.

"Últimas noticias del Paraíso" (2000) me ha parecido especial. Por el todo, por las partes, por la forma... no es sencillo escribir sobre adolescentes de clase media que viven en un urbanización a las afueras de una gran ciudad. La adolescencia son aguas pantanosas, ninguna se parece a otra y al mismo tiempo todas tienen características similares, pero si además es la narradora y protagonista de la historia...  el producto no puede ser cualquier cosa.

Y no lo es. El ritmo a veces parece ralentizado. Otras excesivamente rápido. En ocasiones brusco y rozando lo inverosímil... la trama lo requiere.

Eduardo y Fran son amigos, pertenecen a familias completamente distintas, abocados a entenderse por las circunstancias que les rodean y que ellos mismos provocan, pasan de la sencillez aparente de la niñez al terreno inhóspito de la adolescencia, que los catapulta hacia una edad adulta que no quieren habitar.

Cuándo Fran cumple trece años su madre dimite. Dice que ha perdido su juventud y se apea del carro de cuidadora. Fran falta a clase cuándo quiere y come lo que le apetece. Nunca pasa nada.

Pero sí pasa. Clara Sánchez apunta a lo escondido. A lo que palpita tras los muros del confort. Todas las paredes bien encaladas, todas las calles iguales, gimnasio, hipermercado, autobús propio, un lago, un parque, bicicletas... el decorado de una vida que exige ser vivida, que plantea retos, caos, posiciones... y hay que decidir.

Los chavales crecen condicionados por sus familias, por todo lo que no quieren y tampoco pueden evitar y se van distanciando, aunque hasta el final se eligen, han llegado a conocerse bien.

El misterio permanece bajo la tierra de la novela, no un misterio tradicional de los que deben resolverse cómo objetivo principal de la lectura, sino algo parecido a la inquietud, una cuerda floja, una desazón. En cualquier momento algo puede romperse.

Una historia que pretende la intrascendencia para tendernos una trampa.

Para sembrar la duda.

Convincente, emocional, dura, espontánea, viva, extraña... "Últimas noticias del Paraíso" tiene poso y es inteligente.

Esta vez también, Clara Sánchez.

04/02/2019 19:52 Puri Novella Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"IRLANDA"

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Espido Freire (Bilbao, 1974) debutó en el panorama literario con "Irlanda" (1998). Auguraron lluvia de estrellas, los libreros franceses le concedieron el premio a la novela revelación extranjera, fue traducida a idiomas que parecen imposibles, cómo el neerlandés... un año después se convierte en la escritora más joven en conseguir el Premio Planeta y en la actualidad, celebrando el veinte aniversario dentro del panorama literario, publica un relato que va acompañado de un perfume: "Floral".

Todo esto resumiéndolo mucho y sin adentrarnos en detalles cómo su defensa animalista, su escuela literaria en Madrid, esos estudios de Derecho que más tarde abandonó y cambió por otros... en definitiva, Maria Laura Espido Freire es una novela en sí misma, una trayectoria que no se detiene, que indaga, cambia y se transforma.

Recuerdo perfectamente el gran momento de su Premio Planeta, recuerdo el título de la obra que la encumbró: "Melocotones Helados", sus apariciones estelares en entrevistas, tertulias, programas radiófónicos... pero sobre todo y aunque nunca antes la haya leído, haciéndolo "bien" esta vez y empezando por el principio, recuerdo su presencia, su tez palida y sus ojos grandes, profundos, de ávida lectora, de chica culta que no puede evitar parecerlo.

Prefiero llegar después de la fiebre y de las modas de los presentes rabiosos, si es que llego. Descubriendo una moderna librería de segunda mano que me han instalado, nada es casualidad, a escasos metros de dónde vivo y trabajo, topé con "Irlanda", nada es casualidad. Era un día de profunda niebla, pefecto para cobijarse entre libros.  Y ahí estaba, más al alcance que nunca, en una de esas colecciones como "Escritoras de hoy", sin la ilustración ni la encuadernación merecidas, pero al acecho.

Es una novela breve, o un cuento mágico que pierde nitidez y encanto si espacias su lectura.  Me recordó a estilos inolvidables, a envolturas que utilizaban señoras cómo Ana María Matute o Mercé Rodoreda, un poco sí, algo de reminiscencia y de poso.

Natalia es la mediana de tres hermanas. Tres niñas. La mayor, Sagrario, arrastra una enfermedad incurable hasta que muere una noche, junto a Natalia. Ésta, de una sensibilidad extraordinaria, ve a su hermana en sueños y sombras, lo onírico, el más allá, el presente, la noche, todo es una mezcla de límites indefinidos que la hacen sentirse aún más peculiar y extraña, en un momento en el que ella sólo quiere, aunque no pueda, ser una adolescente más.  Su madre decide enviarla a la casa familiar donde sus primos pasan el verano, allí los tiempos los marca Irlanda, su prima, acostumbrada a ser el centro de atención y a que nada se le niegue.

Lo mejor, cómo en todas las grandes historias, es el final, propio y propicio para el devenir de la historia, pero no por ello menos impactante.

El concepto del mal es ambiguo. Desarrollar este concepto, dejarlo flotar entre los tules de los vestidos, los jardines, el libro de plantas que colecciona Natalia, las velas, los salones y los secretos es una herramienta y un propósito que la autora trabaja delicadamente. Que nada es lo que parece y que todo pasa por algo. Que hay que leer entre líneas y ser conscientes de lo que somos capaces, sobre todo si el dolor no deja de latir.

Maneja la descripción del miedo, de la soledad y de la penumbra, cómo pocas.

No sé si me he topado con Espido Freire demasiado tarde o a tiempo.  Quizás haber empezado por el principio, ha sido, por primera vez, factor de éxito.  En cualquier caso, un placer.

 

 

13/01/2019 19:51 Puri Novella Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"SER FELIZ ERA ESTO"

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Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967) se dio a conocer por escribir la novela que inspiró la magnífica película de Juan José Campanella:"El secreto de sus ojos".

Lo desconocía hasta topar con la portada amable y sugerente de esta novela de 2014, en la que Lucas y Sofía (padre e hija) están destinados a encontrarse, aunque él ignorase la existencia de su hija adolescente.  Lucas es un hombre tranquilo, un tipo pacífico, que ha publicado una novela pero no quiere ser escritor, con tres amigos anacrónicos que juegan al ajedrez y una compañera con la que decidió no tener hijos.  Sofía pierde a su madre y coge el autobús desde Gesell, un pueblecito costero que vive del turismo, para plantarse ante su padre y decirle que lo es. Una chica de catorce años directa, una superviviente, con amigas a las que trata sobre todo por internet, dos vecinas que la quieren y el mar. Ambos tienen el mismo lunar en el mismo lugar.

No sé cómo lo consigue, pero Sacheri hace que parezca fácil. Compone una historia sin tragedia ni dramatismos, en la que, los cambios en la vida de los personajes son brutales. Nadie queda indemne después de un terremoto o de algunas miradas. Aún así el ritmo de la novela, su sencillez y ese modo de acompañar a los personajes logran un clima especial traducido en una novela placentera, sin aspavientos, neta.

Ser argentino y escribir sobre emociones con los vocablos propios de tu lengua crea un escenario propio y muy característico en el que a los profanos nos cuesta un poco caminar. Al principio es cómo tropezar. Hay que releer. Después adquieres velocidad hasta que se arma el quilombo.

Aprender de Sofía, de la adolescencia en general, sin vivirla como una amenaza o un eterno conflicto, es una de las muchas cosas que nos enseña esta novela.

A querer más y mejor.

A escuchar.

Las zonas de confort no existen. Son un viejo sofá apolillado.

Con muy poco Sacheri nos prepara un menú de calidad.

Una historia que abriga.

04/01/2019 10:12 Puri Novella Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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