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MARTES DE CENIZA

CAROL

CAROL

Patricia Highsmith (1921-1995) escribió de un tirón el argumento de esta novela tras vivir una anécdota laboral en los grandes almacenes en los que estaba trabajando.

Había publicado ya su primera novela "Extraños en un tren", llevada al cine por Hitchcock, y todavía desconocía que se convertiría en una de las escritoras más originales y perturbadoras de la narrativa contemporánea, más allá de cualquier etiqueta de género y pese a ser mundialmente reconocida por sus tramas de suspense.

Graham Greene dijo sobre ella:  "Uno no cesa de releerla. Ha creado un mundo original, cerrado, irracional, opresivo, donde no penetramos sino con un sentimiento personal de peligro y casi a pesar nuestro, pues tenemos enfrente un placer mezclado con escalofrío".

"Carol" es por fin mi primera lectura perteneciente a la obra de Highsmith.  Digo por fin porque, no sé si por haberme empapado en mi adolescencia de todas las novelas de Ágatha Christie, o porque tanto personaje psicopático moviendose entre el bien y el mal no me seducen a la hora de sentarme a leer,el caso es que iba dejando para mejor ocasión el deber de concerla.  Elegí "Carol" porque me pareció lo que es, diferente, una historia de amor entre mujeres en los Estados Unidos de los cincuenta, ahí es nada.  Para Highsmith la idea de  felicidad está indisolublemente unida a la de peligro, en eso estamos de acuerdo.

Nada mejor para romper con los tópicos y las etiquetas que empaparse de ellas, "Carol" tiene una estructura magistral, escrita en 1948 es una novela capaz de convencer y conmover a lectores de todos los tiempos.  Esa es la grandeza de un buen argumento.

La publicó bajo el seudónimo de Claire Morgan, con un título inicial de "El precio de la sal".  Treinta años después el texto se reimprime con el título actual achacando su creación a Patricia Highsmith, que explica en el epílogo las comprensibles razones del anonimato y manifiesta: "Me alegra pensar que este libro le dio a miles de personas solitarias y asustadas algo en que apoyarse".

Como para no leerla

"POR LA DIGNIDAD DE UN POETA"

"POR LA DIGNIDAD DE UN POETA"

Publicado en ELPAIS.com el 29 de Diciembre pasado.

 

"Por la dignidad de un poeta"

 

 

 

Hubo más gente fuera, en la protesta, que dentro en la presentación del poemario El canto del cisne del poeta, de Miguel Barcala. Los manifestantes, convocados por varios colectivos cívicos y asociaciones, criticaban la cobertura oficial del Ayuntamiento de Orihuela al acto de presentación de este libro que contiene ataques al presidente del Gobierno, llama "asesino" a Santiago Carrillo y alaba a algunos dirigentes del PP como Esperanza Aguirre, y que se presenta como un "homenaje a Miguel Hernández". Unas 300 personas, con una pancarta en la que se podía leer "Por la memoria, la dignidad y el compromiso por el pueblo", abuchearon al centenar corto de personas mayores con abrigos de pieles y trajes con corbata que entraron en el Auditorio Municipal de Orihuela. "Estamos cansados, nosotros hemos pedido salones para hacer actos y reuniones y el Ayuntamiento del PP siempre dice que están ocupados, y ahora para este libro que es de los suyos hacen hasta invitaciones", denunció Ángel Campillo, del Movimiento por la Tercera República. A la presentación no acudió ningún concejal del PP en el Gobierno municipal, pese a que ellos convocaron el acto. Los manifestantes dejaron claro que respetan la libertad de expresión, que cada uno con su dinero puede publicar lo que considere, pero criticaron que se use el nombre del poeta Miguel Hernández, del que se celebra su centenario el próximo año. En la puerta del auditorio cantaron un Aguinaldo Oriolano en el que entonaban que "esta afrenta no la borra ni un decreto de la alcaldía" y "No denigre el centenario/ digamos con rebeldía/la concejala Ferrando/ a estudiar ortografía". El villancico acababa con la petición de dimisión de la alcaldesa, Mónica Lorente, por permitir que se use el nombre de Miguel Hernández de esta forma. Otras pancartas cargaban contra la concejal de Cultura, Josefa Ferrando, y algunas decían un escueto "Gran patada a la cultura". Dentro del auditorio, Barcala, acompañado de su hija, presentó su último poemario. "Es momento de retirarme y dejar paso a la gente joven", concluyó. Al final, un reducido número de jóvenes increparon al autor con gritos de "fascista".

 

Creo que sobran las-más palabras.

2010= MIGUEL HERNÁNDEZ

2010= MIGUEL HERNÁNDEZ

En el año nuevo que ya asoma se conmemora el centenario del nacimiento de Miguel Hernández Gilabert (Orihuela,30 de Octubre de 1910, Alicante, 28 de Marzo de 1942).  El último espacio poético mensual de este año se lo quiero dedicar a este poeta considerado por Dámaso Alonso como "genial epígono de la generación del 27". También, parafraseando a Pablo Neruda, considero que es un deber recordarlo a plena luz, sacarlo de su cárcel mortal.  Porque este hombre que dejó de estudiar por imperativo paterno para dedicarse al pastoreo, lector ávido, que logró formar una tertulia literaria junto a otros jóvenes en la biblioteca de su pueblo, y colaborar con las misiones pedagógicas, militante republicano, fue detenido una vez terminada la guerra y condenado a muerte en marzo de 1940 (pese a una primera puesta en libertad lograda por Pablo Neruda).  Enfermó siendo preso en el Reformatorio de Adultos de Alicante, donde compartió celda con Buero Vallejo.  Primero una bronquitis, complicada con el tifus y finalmente tuberculosis acabaron con la vida del extraordinario poeta a la edad de treinta y un años.

Quienes le conocieron cuentan que era un amigo incondicional, un defensor de la palabra y de las libertades.  En los primeros días del mes de Noviembre de 1936 las tropas franquistas bombardean Madrid quedando seriamente afectada la casa de Vicente Aleixandre; sus pertenencias y su extensa biblioteca se vieron reducidas a escombros.  Miguel Hernández consigue un salvoconducto para entrar en la zona bombardeada y allí lleva, dentro de un carro de mano, a su amigo Aleixandre en delicado estado de salud.  Pudieron recuperar muy pocas cosas, entre ellas la primera edición de "Canciones" dedicada por García Lorca.

Hace una breve escapada en medio de una guerra fraticida para casarse con Josefina Manresa en 1937.  En Diciembre de ese mismo año nace su primer hijo, que muere a los pocos meses y a quien dedica "Hijo de la luz y de la sombra", así como otros poemas recogidos en "Cancionero y romancero de ausencias".  Dos años después nace su segundo hijo, Manuel Miguel, a quien dedicó desde la carcel las famosas "Nanas de la cebolla".

Por desgracia, fue uno más de los poetas, artistas y creadores a quienes sorprendieron una guerra y una posguerra que levantaron de cuajo y sin remisión sus profundas raíces y expectativas literarias.

La guerra terminó con muchas cosas y personas que nos hubieran hecho mejores, pero no pudo extinguir versos como estos:

Ausencia en todo veo:
tus ojos la reflejan.

Ausencia en todo escucho:
tu voz a tiempo suena.

Ausencia en todo aspiro:
tu aliento huele a hierba.

Ausencia en todo toco:
tu cuerpo se despuebla.

Ausencia en todo pruebo:
tu boca me destierra.

Ausencia en todo siento:
ausencia, ausencia, ausencia.

Miguel Hernández
("Cancionero y Romancero de Ausencias", 1938-1941)

NUEVA DELHI

NUEVA DELHI

Antes de insertar en "Martes de Ceniza" mi última poesía quiero manifestaros a todas y a todos los que visitáis mi página y con paciencia y ánimo os tragáis lo que escribo mi más sincero agradecimiento por vuestro afecto y constancia.  "¿Escribo acaso para los que no me leen?" Se preguntaba Vicente Aleixandre.  Yo escribo por pura necesidad de subsistencia, porque pocas cosas más sé hacer mínimamente bien y escribo para los que me leen y buscan el encuentro con mis palabras.  A quienes dejáis comentarios después de cada entrada y a los que no, muchas gracias por vuestra confianza.  Os deseo a todos un próximo año cargado de empatía y solidaridad.

 

"NUEVA DELHI"

Como vienen las olas

viniste tú.

 

Como vienen las olas.

 

Tierra adentro

se desconoce el argot marinero,

no sé hacer nudos de cuerda

y a veces tengo dudas con la proa y la popa,

las marejadas,

estribor,

los peces pequeños

y los faros encendidos.

 

Llegaste y el agua

levantó los tejados.

Rompió los enanitos

de los jardines artificiales.

Nos asustó un poco,

ya sabes.

 

Tierra adentro

no pisamos descalzos la arena de la playa

ni abandonamos sin límites la mirada,

pero estamos preparados para los temporales

y sabemos que todo pasa,

mucho más rápido de lo que parece.

Y se olvida.

 

Temblaron los cristales.

No son frágiles,

sólo temen.

Las aves migratorias

no hicieron escala

en mi almohada.

 

Después de toda la fuerza

queda la calma.

Los espacios habitados,

la marea pequeña

que nos deja a los pies

caracolas enormes,

como un sabueso bien amaestrado.

 

Es difícil,

en mañanas de cielo abierto,

recordar los desastres naturales.

La memoria tiene el don de la ubicuidad.

 

 

70 ANIVERSARIO

70 ANIVERSARIO

Se cumplen mañana 70 años del estreno de la película basada en la novela de Margaret Mitchell (ganadora de un Pulitzer), "Lo que el viento se llevó".

He perdido la cuenta de las veces que la he visto, mi escena favorita es la de Escarlata visitando a Rhett después de la guerra, ataviada con un traje de terciopelo verde confeccionado con las cortinas de "Tara".  Aunque conozca las escenas y diálogos al dedillo siempre descubro algo nuevo, algo que me deja pensando en la riqueza de sus personajes y sus bien tramados mundos interiores.  Los caminos relacionales de esta película, además de los ojos de Vivien Leigh y la sonrisa de Clark Gable, son lo más interesante.  Según la voy viendo me hago incondicional unas veces de Escarlata, otras de Melania, Rhett o Ashley ... son complejos, plurales, poliédricos, esta película es fundamental en la historia del cine por que se trata de un argumento sin caducidad, de una historia que aunque en este caso se centre en la guerra de secesión, podría extrapolarse a cualquier ámbito.

En el momento de su estreno fue la película más larga y cara que se había rodado.  Su rodaje duró 140 días, suponiendo cambios importantes en las técnicas cinematográficas.  Dirigida por cinco directores sólo aparece Victor Fleming en los créditos.  Se ha convertido en la película más taquillera de la historia del cine, por encima de "Titanic".

Las anécdotas, vicisitudes y rumores que una cinta de esta magnitud puede causar han engrosado las páginas de miles de artículos.  Por ejemplo, en la escena de la quema de Atlanta, cuando Rhett y Escarlata huyen de la ciudad en llamas sobre un coche de caballos, ella lleva la cara tapada porque no se trata de Vivien Leigh, puesto que todavía no habían contratado a la actriz principal y decidieron comenzar a rodar ciertas escenas sin ella.

Después de dos años de casting y 1400 candidatas para el principal papel femenino, tras el rechazo de Katherine Hepburn, se decide contratar a la inglesa Vivien Leigh para el que sería el gran papel de su vida y por el que ganaría un Oscar.  Como lo hizo Hattie McDaniel por su papel de Mammy en la película, tratándose de la primera actriz negra en ganar la estatuilla.

El libro ("Gone with the Wind" en inglés) es uno de los libros más vendidos de la historia, su autora, Margarett Mitchell, era una periodista de Atlanta que tuvo el honor de ser una de las primeras mujeres con columna propia en un diario del Sur de Estador Unidos.  Comenzó a escribir la historia que la llevó a la fama tras fracturarse un tobillo y tener que permanecer en cama. La terminó obligada por el encargo de un editor, ocho años después, sin demasiado interés ni esperanzas puestas en su obra.  El éxito fue tal que antes de su publicación cincuenta mil estadounidenses ya habían reservado sus ejemplares.  En la Navidad de ese mismo año había vendido un millón de copias.

La novela tiene una final abierto, en el que la imaginación juega el papel más importante.  "Después de todo, mañana será otro día".  ¿Quién no ha parafraseado a Escarlata alguna vez?

SIETE PIELES

SIETE PIELES

No calentaba el sol ese día.

Parecía de papel.

Brochazos amarillos sobre la lentitud de un invierno regocijado en sí mismo.

Nada prometedor.

Para colmo era lunes, así que el cúmulo de factores en contra vaticinaba una cita fracasada, empapada de realidad.  

Los fines de semana se buscaban desesperadamente, como náufragos.  Se llamaban de madrugada replegados en un rincón de sus cuartos de baño, prometiéndose un destino diferente, abandonando sus maletas furtivas junto al libro de familia y las facturas por pagar, alentados por esa calentura de héroes trasnochados que brota de repente entre las siete pieles de los tramposos.  Creían en lo que decían y hasta contaban las horas que restaban para la trashumancia, pero llegaba el domingo por la tarde, y entre el olor a café y la demora de los deberes tardíos se acomodaban en sus costumbres sin fuerzas para mirarse al espejo ni mantener su palabra de honor.

Por eso, el encuentro del primer día de la semana suponía un esfuerzo avergonzado y pueril, un venirse abajo después de tanto porvenir escrito en las estrellas.

Se turnaban sin ponerse de acuerdo.  A veces fallaba Laura.  Otros lunes Hugo.  Después nunca se lo reprochaban, conocían al detalle sus respectivos mapas y las fronteras para las que no tenían pasaporte.  Sobraban las palabras.

Hugo y Laura se reencontraron en el colegio de los niños, años después de la Universidad, cuando sólo quedaba en el acta de sus memorias un esbozo de lo que fueron, ella una estudiante a la que no le gustaba la carrera elegida, pero como chica obediente que era debía continuar la tradición familiar, él alguien deseando ser más que alguien, a fuerza de becas y de muchas horas hincando codos... salieron juntos unos meses, hasta que ella se fue al extranjero a perfeccionar el inglés y él no fue capaz de esperarla imaginándosela lejos, en una ciudad cosmopolita, entre hombres de mundo que no contarían mentalmente la calderilla que guardaban en sus bolsillos.

El mundo giró sacudiéndolos y no volvieron a encontrarse hasta el primer día de curso, hace un par de años, cuando a Hugo le llamó la atención aquella compañera de su hijo que tanto le recordaba a alguien ... Y entonces, al escuchar la voz de Laura llamando a su hija ató cabos, y se sonrojó, y tuvo miedo de que ella no lo reconociese, pero eso no ocurrió, sino que Laura le abrazó afectuosamente, oliendo a su perfume cítrico de siempre, sin maquillaje pero aparentemente maquillada, con la sonrisa de los atardeceres en los que el tiempo se detiene y todo se hace liviano, y pierde peso, y no importa.

“Así que tu hijo y la mía son compañeros de clase, mira qué casualidad”, dijo ella risueña, y él se prometió en aquel mismo instante no dejar nada en manos de la casualidad.

Cuatro meses después le confesó que tenía un piso alquilado para sus aventuras ocasionales, y ella quiso conocerlo, pero Hugo se negó, la primera noche la pasaron en una suite de lujo, celebrando el reencuentro, y posteriormente continuaron viéndose ya en el piso, dónde Laura colocó macetas en las ventanas, un felpudo de bienvenida, un armarito en el baño... “si no te importa... así parece menos una nave de carga y descarga”  A él no le importaba nada, podría haber pintado de rosa las paredes o graffiteado el pasillo, se sentía pletórico, ilusionado, absolutamente convencido de la vida y sus recompensas.

Con el tiempo, el destino los había situado fuera de los límites previsibles.  Un verano después de haber roto con Laura, en una fiesta a la que había ido a acompañar a un amigo, Hugo conoció a la hija de un empresario influyente, una niña harta de las restricciones paternas dispuesta a saltarse las normas y a llamar la atención.  Antes de dejarla embarazada Hugo se trabajó el restablecimiento del vínculo familiar de su pareja, pasando a ser el chico formal y honrado que la había hecho entrar en razón...

Rondaban los veinticinco años cuando se casaron, seis meses después nació Iván, y antes de que el pequeño caminase solo Hugo ya se había convertido en la mano derecha de su suegro, pasando a ser el gerente de algunas de sus empresas, para inquina de sus dos cuñados, que no habían querido continuar profesionalmente dentro del entramado familiar.

Con Carlota las cosas nunca fueron ni bien ni mal, después de nacer el niño adoptaron un ritmo monocorde, plano, institucionalizado.  Acudían juntos a fiestas y  presentaciones, a eventos familiares, repartían sus tiempos con Iván y cada uno respetaba la privacidad del otro dejándole hacer, callando.

Una vez estuvo a punto de abandonarla, aquel año en que se encaprichó de una becaria italiana con la que hizo planes de cambiar no sólo de país, sino de continente.  Hubiera sido capaz, de no ser porque Carlota volvió a quedarse embarazada y lo convenció con aquel argumento de las segundas oportunidades y los niños que vienen con un pan bajo el brazo.  Nació David, que no traía ninguna hogaza en sus bracitos menudos de niño prematuro, pero que lo condujo como por arte de magia hasta Laura, en su primer día de escuela, mientras tiraba moqueando de la gabardina de su padre, que ya había pisado mediante aterrizaje forzoso y dejando atrás la nave nodriza, el planeta Laura.

Hasta ese momento ella había logrado romper con el legado histórico de su familia, no se licenció en Derecho ni volvió cuando debía tras el año de estudios en el extranjero, es más, se quedó a vivir allí, absolutamente colgada de un artista bohemio, una eterna promesa que tan pronto pintaba cuadros extraordinarios por los que se peleaban los galeristas, como realizaba obras que sólo podían venderse en mercadillos callejeros.

Se sentía amada, despreciada y necesitada a partes iguales.

Un día comían caviar auténtico y al siguiente sardinas en lata, un día pintaban las paredes de la buhardilla, colocaban estanterías, cortinas, libros nuevos... y dos meses después vivían de prestado en la habitación de cualquier amigo.

Ella hubiera podido seguir así durante el resto de una vida por la que había apostado y de la que no pensaba apearse, pero se quedó embarazada de Andrea y supo desde el minuto cero que no podía encadenar a su hija a la montaña rusa de sus pasiones.

No se despidió de él, sus cosas apenas llenaban un bolso de mano, se tragó el orgullo y volvió a casa de sus padres como la hija pródiga que trae un regalo sorpresa.

La aceptaron sin reproches, que el tiempo acabase dándoles la razón sumándole además el nacimiento de su primera nieta, abriga las piernas de cualquier abuelo.

Le han ayudado mucho con Andrea, aunque a ella sigan tratándola como a una adolescente conflictiva que intenta  terminar sus estudios trabajando en ocupaciones eventuales.

No, no parecía este el camino previsto, las nubes limpias y estudiadas de su época universitaria.

Pero qué importa todo eso si al final, piensa Hugo, se han burlado del destino, volcados en un amor que los encoge y los ramifica, haciéndoles temer, reir y apasionarse con el detalle más pequeño, una nota bajo la almohada, un postre en la nevera, unas flores en el recibidor, seres despojados de otros seres, de fantasmas, de costumbres, seres primarios, seres vivos.

No, este no va a ser un lunes como los otros.

Se acabaron los lunes culpables y la cronología de lo cotidiano.

Acaba de recibir una llamada de Carlota anunciándole que quiere separarse, ha conocido a alguien por quien merece la pena empezar de cero, eso es lo que ha dicho, y él la ha comprendido, cómo no iba a comprenderla si a punto ha estado de darle las gracias.  Parecía una transacción comercial, si te parece, los niños pueden quedarse conmigo, tendrás un generoso régimen de visitas, como la casa en la que vivimos es de mis padres deberás buscar otro sitio... Hugo ha dado su conformidad, puedes ir en paz, le ha faltado decirle, cada frase de Carlota abría de par en par las ventanas a un viento salvaje, ella le da un plazo, él las gracias y cuelgan.

Y el mundo se ensancha, se hace luminoso y nuevo, por estrenar.

No coge el ascensor para llegar hasta el cuarto, sube las escaleras de dos en dos, de tres en tres, esperando que la llave no esté echada cuando introduce la suya en la cerradura.

Sería demasiada fortuna.

Es lunes, todo está cerrado herméticamente, como corresponde.  Llama a Laura mil veces seguidas en las que salta el buzón de voz, cuando descuelgue, cuando escuche su voz siempre alentadora, no quiere gritarle y al mismo tiempo desea chillar con todas sus fuerzas, piensa una y otra vez, mientras la llama sin éxito, en palabras escogidas, en las palabras justas, en esas que son imprescindibles para iniciar una vida, esta vida, la nuestra.

Cuando ha ventilado el piso y pasado por las tres pequeñas habitaciones que lo componen descubre un papel colocado sobre la cama, un folio doblado por la mitad que tiene su nombre escrito en rotulador verde.  Conoce bien esa letra, nunca tuvo que pasar los apuntes a limpio.  Saca del bolsillo de la camisa las gafas de lectura y se dispone a leer intrigado y divertido, imaginando algún juego de pistas, un regalo escondido o un poema, como en otras ocasiones.  Pero esta vez la letra parece rigurosa, se agolpa en líneas sucesivas que cubren prácticamente todo el folio, y él, que empieza a sentir prisa y angustia por saber, por querer leerlo todo, se enreda en la madeja de las palabras, algunas parecen saltar del papel volviéndose autónomas, sonoras, cubriendo los espacios vacíos de la habitación: Andrea, otra oportunidad, me marcho, lo siento... Cuando las palabras se emparejan su fidelidad es tan absoluta como la fuerza de su impacto.

Se siente mareado.  Un viento húmedo y tenue entra por la ventana.  Huele a precipicio.  Y a despedida.

Laura vuelve con el padre de su hija, no tiene raíces aquí, no tiene nada, no quiere seguir en la clandestinidad de este amor oscuro ni depender de sus padres, ni que su hija crezca de esta manera, ni hacerle daño a Hugo, ni esperar siempre a que las cosas cambien... desea muchas cosas Laura en su carta, y el deseo es libre aunque hiera o aunque termine siendo papel mojado, el deseo levanta la tierra y las raíces de los árboles, confunde los lugares y suplanta a las personas.

Este Hugo, por ejemplo, no es el mismo que era hace un cuarto de hora, cuando el futuro parecían unas eternas vacaciones de verano y se firmaban  compromisos con los ojos vendados.

En muchas ocasiones somos gente desconocida.

Cierra las ventanas despacio, cansado.

Esta no es su casa y a la que se dirige tampoco... una casa es necesaria para convertirla en fuerte, en velero o en patria.  En una casa hay que esconderse, hay que resguardarse de la lluvia, fumar en la ventana,  reconocerse en las fotos y títulos que cuelgan de las paredes y convertirse en algo o en alguien que se parezca a los muros de esa patria.

Hugo conoce todas las teorías.  Fue un estudiante aplicado.

Hoy, vencido y atrapado en la espiral de las pasiones, sin nadie que lo busque, trata de recuperar algo en lo que creer.

La esencia minúscula de las cosas que abandonamos.

"VARSOVIA"

"VARSOVIA"

Tienes razón a veces.

 

Cuando me miras

y sabemos que todo podría haber sido diferente.

 

Otra ciudad,

otras velas encendidas,

los mapas de montaña

que ya no recorreremos con el dedo índice,

los hijos que nunca tendremos…

 

Cuando el tiempo

              consume sus fondos de inversión

              la vida se estrecha

              tornándose práctica y un poco

              cuadriculada.

              Sin poesía.

 

              Pero al final del amor

             quedan las calles del invierno,

             madrugadas que no se abren al día

             sin la llave maestra de la realidad.

 

 Que no son tus ojos.

 

Sino los hábitos que duermen con calcetines a rayas,

y preparan sopa para combatir

el punto exacto de melancolía.

 

No voy a decirte que todavía puedes

reinventar el mundo

porque te mentiría

y tú lo sabes,

cansado de querer ser,

otra vez,

Agosto en la memoria.

 

Un presente sin complejos

fiscaliza nuestras trampas.

Dejemos de jugar

a los misterios de la ciencia.

Es ya tarde,

y nos están esperando.

 

             

   

 

RINCÓN POÉTICO DE NOVIEMBRE: PABLO GARCÍA CASADO

RINCÓN POÉTICO DE NOVIEMBRE: PABLO GARCÍA CASADO

Me encuentro con los versos de Pablo García Casado por casualidad,  como se encuentran los grandes hallazgos, los que cambian la perspectiva poética en este caso, y te hacen comprometerte con su manera de contar las cosas, y necesitarla.

Andalucía es a letras lo que Lorca a Granada, lo que Miguel Hernández a la propia vida.

Este García Casado es García, que no García Lorca ni García Montero, pero García del Sur.

Que las cosas pasan por algo, vaya.

Que uno es de donde nace.

Córdoba, 1972.

Colabora en el Diario de Córdoba y tiene escritos tres poemarios: “Las Afueras” (1997) , ”El Mapa de América” (2001), y “Dinero” (2007).

Finalista del Nacional de Poesía.

Incluído dentro de lo que se viene en llamar “Generación del 99” (Véase: “La Generación del 99: Antología Crítica de la Jóven Poesía Española”, Jose Luis García Martín, 1999).

Poesía contundente, conmovedora, activa, apasionada, crítica y urbana.

De la que hay que leer, para no decir nunca aquello de "Es que no me va leer poesía, como no la entiendo...".

Jamás nunca, si nos tragamos las instrucciones incomprensibles de cualquier aparato electrónico, como no acercarnos a lo que García Casado puede enseñarnos.

Un placer.

LAS AFUERAS

por más que se extiendan las ciudades hasta juntarse
unas con otras por más desengaños que el sexo la muerte
o las oposiciones nos deparen quedarán siempre las afueras

la oscuridad de los polígonos industriales la ineficacia
el ministerio de obras públicas por más que se empeñen
colectivos ciudadanos asociaciones de vecinos seguirán

amaneciendo los restos del amor en las afueras