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MARTES DE CENIZA

"SIEMPRE HAY UN TREN"

"SIEMPRE HAY UN TREN"

Incierto.

Me mintió tu cuerpo y la marea,

los trenes que nos llevan al asfalto

y a la parte en sombra de nosotros mismos.

 

Siempre hay un tren cuando se habla de ruptura.

Un tren parecido al viento,

al final del verano           

y a mi derrota.

 

Siempre hay un tren cuando todavía queda tiempo

para cogerlo

o dejarlo pasar.

 

Yo ya no vivo

cerca de ninguna estación,

necesito dormir

sin vías férreas que crucen mi salón,

con la esperanza intacta

y el deseo domesticado.

 

Incierto.

La vida nos pone trascendentales

pero no se fija en los besos que nos damos,

en los besos que nos dimos

y que no fueron a ninguna parte,

disolviéndose en las sombras mediocres

de tantas despedidas.

 

Nada es tan importante como parece.

Nada.

 

Cuando las canciones cumplen años con nosotros

han llovido amaneceres sobre los jirones de piel

que dejamos atrás,

y al escucharlas comprobamos

que se encuentran cerradas las heridas,

esperando el tiempo que nos queda por vivir.

POESÍA DE AGOSTO: LUIS ROSALES

POESÍA DE AGOSTO: LUIS ROSALES

Y otra vez Granada en lo cotidiano, en la memoria...

Ya he dicho en otras ocasiones que no vengo yo aquí a descubrir nada nuevo, porque no es mi pretensión y porque suelo llegar tarde a los descubrimientos que cambian el mundo.

En el rincón mensual que este blog dedica a la poesía le corresponde el turno a Luis Rosales Camacho (Granada, 31 de Mayo de 1910/ Madrid, 26 de Abril de 1992), en cuya casa familliar de Granada fue apresado en Agosto de 1936 Federico García Lorca, pese a las garantías que había recibido Rosales y que avalaban la seguridad del genial autor.  Eso debió pesarle siempre, aún tratándose de un hombre de férreas convicciones religiosas y políticas; estas últimas fueron evolucionando desde las ideas arraigadas de corte falangista hasta el espíritu democrático.  En el documental "La maleta de Penón", donde se narra la primera investigación, por parte de un escritor americano, sobre la desaparición de Lorca y su posible lugar de enterramiento, se cuenta que la madre de los Rosales se enfrentó a quienes irrumpieron en su casa reclamando a Federico... este nunca pudo imaginar que terminarían fusilándolo.  Posiblemente Luis Rosales tampoco, aunque los indicios apunten a una responsabilidad clara por parte de su hermano Miguel...

De conjeturas al respecto podríamos seguir llenando el mundo.  El caso es que Luis le brindó su casa como se brinda un abrazo en tiempos de guerra, y no puedo ni quiero dudar de la autenticidad de ese gesto.

Luis Rosales, cabeza visible de la generación del 36, fue Premio Cervantes en 1982 por el conjunto de su obra.  Dámaso Alonso lo definió como uno de los mejores exponentes de la poesía arraigada.  Respecto al contenido, su poesía es conocida como "poesía de lo cotidiano".  Fue también investigador de manuscritos del Siglo de Oro español, y miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1964.  Editorial Trotta tiene publicada su obra completa.  Su obra evoluciona desde el clasicismo al vanguardismo surrealista.  En 1949 publica la primera versión de "La casa encendida", considerada por la crítica su mejor obra, que se fue revisando y ampliando hasta verse de nuevo publicada en 1967.

En el centro de su ciudad natal hay una plaza pequeña, con una fuente pequeña, un rincón encantador, que lleva su nombre, y donde se pueden leer los siguientes versos relativos a su autobiografía:

    Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan
    para morir;
    y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
    hasta la última,
    hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
    así he vivido yo, con una vaga prudencia de caballo de cartón en el
    baño,
    sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
    sino en las cosas que yo más quería.

 

 

Sobran más palabras 

 

 

"MAÑANA NO SERÁ LO QUE DIOS QUIERA"

"MAÑANA NO SERÁ LO QUE DIOS QUIERA"

Recomendar un libro sin haberlo leído es, cuando menos, una inconsciencia, por mucho que se trate de lo último de Luis García Montero y sea del dominio público que yo  me declare cada dos por tres una de sus más fervientes admiradoras.  Eso ocurrió a principios de verano.

Por otra parte y sin ánimo de resultar exagerada ni grandilocuente, ahora que ya he cerrado la contraportada, diré que es uno de los mejores libros que he leído.  Partiendo de la base que tampoco es que me haya empapado de media Biblioteca Nacional, pero una es miope a fuerza de leer a escondidas en horas intempestivas, así que leer, algo he leído.

Esta biografía novelada del poeta Ángel González Muñiz (Oviedo, 09 de Septiembre de 1925, Madrid, 12 de Enero de 2008) es ante todo una cuestión de justicia, y un regalo.  García Montero iba por la mitad del libro cuando falleció su amigo, ese que no dejaba pagar ni una copa en la cafetería de debajo de su casa, la Kon-tiki, considerándola una prolongación de su propio hogar.  Lo terminó con la ausencia de los muertos de muerte imposible y la nostalgia de quien sabe que siempre echará de menos lo irrepetible.

Ángel González, niño mimado y tardío de una familia de maestros, queda huérfano de padre republicano antes de cumplir un año de vida, aprende de la guerra, crece con la guerra, a pesar de la guerra, es el mensajero que debe llevarle a su madre la noticia del fusilamiento de su hermano mayor, ve su casa convertida en una pensión donde se hospedan militares y su ciudad un despojo que ya no se parece a nada.  Pero aún con todo, desde el silencio, desde la música, desde la carpeta azul donde se resumen varias vidas que conforman la suya, se va creando un poeta que sin darle la espalda a la memoria evoluciona y continúa siempre hacia delante.

Gracias a este libro de memorias, a este tú me cuentas lo que quieres contar y yo lo cuento desde mi manera de contar las cosas (una manera irisada, cristalina y poética), comprendo lo que somos, de qué estamos hechos, y como el azar cronológico del tiempo que nos toca vivir diseña nuestra identidad.  Entiendo mejor algunos aspectos de la guerra, esos que se pueden entender, y por unos instantes me veo metida en los refugios, con los vecinos del barrio, con el grupo de amigos con los que leerá tantos libros de la librería Cervantes, y compartirá las cosas que los harán eternamente amigos (Véase "Para Parar las aguas del Olvido, 1982, Paco Ignacio Taibo, exiliado en Méjico, uno de los grandes amigos de Ángel González fallecido el mismo año que él).  Y me acerco más y mejor a su poesía, y siento en las yemas de los dedos su honestidad y su tristeza.

Aunque yo no pueda ser jamás Luis García Montero, ni quererle tanto como le quisieron quienes hicieron de él un poeta único.

 

FOTO DEL VERANO 2009

FOTO DEL VERANO 2009

El transcurso de una vida se puede resumir en las fotos de cada verano.

Para mí la fotografía es la conciencia clara de nuestra existencia, de lo que fuimos y de lo que somos.

La constatación de la efímera realidad que habitamos.  Nuestra memoria.

Siento que a mí se me acabaron los veranos hace tiempo, ahora son días largos y luminosos que nos lanzan la pelota de lás mañanas en las que no sonará el despertador.  Nuestros hijos, y por extensión la infancia, llevan clavado el verano en las pupilas, y lo propagan a través de sus juegos, de las canciones que escuchan y de la intensidad con la que apuran cada minuto, cada helado, cada beso, que nunca será el último pero ya no volverá a repetirse.  Ellas y ellos, como el verano, no tienen conciencia cronológica.

De momento y por fortuna.                    

La Foto está tomada en el Zoológico de Barcelona, durante una calurosa sobremesa de un siete de Agosto.

 

HUELLAS EN EL AGUA

HUELLAS EN EL AGUA

“Aquel tiempo pasó, o tú pasaste,

agitando una estela temporal ilusoria...” (“El Poeta”-Luis Cernuda)

 

 

Eran las siete de la mañana hora española.  Cuando sonó el teléfono ya sabía que era su desesperación quien me llamaba, sin importarle que fuese domingo y sin contar con mi terrible resaca, dado que la noche anterior habíamos celebrado la despedida de soltera de Marian.  Estuve a punto de no cogerlo, pero me asustó su capacidad para insistir y además yo le había dicho en el aeropuerto que podía llamarme a cualquier hora, así que decidí proceder como hermana consecuente.

-¿Sí?- acerté a decir con voz cavernosa negándome a levantar los párpados.

Oí el llanto bajo de una secuestrada a quien le prohíben gritar, no lograba articular palabra, sólo aquel lloro gatuno y estremecedor.

-¿Quién es?, Amaya, ¿eres tú?

-No puedo más Lucía... esta vez sí que ya no puedo más... –hablaba a trompicones, obligándose a encontrar las palabras mojadas- he viajado hasta aquí para nada, he tenido que recorrerme el mundo para que se atreva a decirme a la cara que no me quiere, ¿te lo puedes creer?, que no me quiere ... Hace menos de un año que ha tenido una hija conmigo y no me quiere, maldito hijo de puta...

Según iba hablando se envalentonaba elevando la voz. 

-Lo tiene claro si cree que se lo voy a poner fácil, ya puede esconderse en el último rincón del planeta que pienso encontrarlo...

Moqueaba y pude imaginar en la distancia sus ojos verdes enrojecidos y desbordados.

La mañana se colaba sin tregua en mi habitación, al sentarme en la cama comprobé que ni siquiera me había quitado la ropa.

-Amaya, escucha, vente ya y mándalo a la mierda, qué más necesitas para darte cuenta del tipo de personaje que es, vuelve y empieza de cero con Elisa...

Mientras lo preparaba todo para ducharme  fui consciente de que nada de lo que pudiera decirle causaría el efecto deseado.  Mi hermana estaba empeñando su vida para que la amase, por imperativo legal, el hombre equivocado.  Y aunque conocía a la perfección el resultado de ese binomio jamás quiso sostenerle la mirada.

-No es eso precisamente lo que necesito escuchar Lucía...- se le habían agotado las lágrimas y me respondía despechada y tajante- busco ánimos para apretarle las tuercas, debe responsabilizarse de su hija, no sé si te das cuenta...

Abrí el grifo con rabia salpicando de agua el suelo, no sólo me había despertado precipitándome el domingo, sino que iba a dictarme lo que quería escuchar ... pero estaba lejos, y podía rebelarme, al menos podía rebelarme...

-¿Y cómo vas a obligarle?

Era otra la mujer que se había puesto al teléfono, altiva, con voz de látigo, como si se tratase de una vieja institutriz y yo la alumna que comete todas las faltas.

-Desde luego tú no puedes entender nada porque no tienes hijos... yo no me voy de aquí con las manos vacías, ya lo puedes tener claro.

Y colgó sin despedirse.  Un corte seco, que me dejó varada y desnuda sobre la alfombrilla del baño, mirando el teléfono y tratando de buscar a través de él una respuesta coherente al caos emocional de mi hermana.

La ducha me reconcilió con el día por delante, ayudándome a situar las cosas y a encontrarles nombre.

Amaya estaba en Buenos Aires repitiendo lo que venía haciendo durante los últimos tres años, buscar a Jorge, perseguir a Jorge, encontrar a Jorge, pelear con Jorge, dejar a Jorge, reconciliarse con Jorge, jugar al gato y al ratón con Jorge, al fin y al cabo depender de Jorge.  Y en medio de toda esta chanza de callejones sin salida y círculos concéntricos nació Elisa, clavadita a su padre y recordándoselo todos los días, convirtiéndose de repente en la excusa perfecta para tratar de exigirle una responsabilidad que no viene impregnada en el ADN, que no se compra en los estancos, ni subtitula las películas, ni la sirven en el puente aéreo.

A Amaya nadie nunca, y menos aún cualquiera de sus ligues o novietes anteriores la había plantado, ninguno se lo había puesto difícil y por ninguno había perdido los papeles.  Pero supongo que nadie está libre de pecado y puede llegar un momento en el que todo se descontrole, porque bajas la guardia, porque crees que dominas o por lo que sea, el caso es que cuando quieres darte cuenta hasta la dignidad está haciendo las maletas.

Yo asumo mi condición de aburrida al admitir que me gustan los hombres sencillos, si es que los hay, esos que se olvidan de abrirte paso a la entrada de los restaurantes y de llevarte el peso de la compra, pero a los que les gusta comer palomitas en el cine y darte una palmada en el culo si les apetece, puntuales y organizados, que saben siempre lo que deben regalarte y hacen el amor sin contratiempos ni florituras, porque la vida es mucho más que una noche loca, que una hora loca, y no transcurre entre los labios de nadie.

Cuando nació Elisa casi llego a creer en los cambios extraordinarios.

Jorge estuvo con ellas los tres días de hospital, saliendo de la habitación sólo para pasar por casa, cambiarse de ropa y recoger algunas cosas.  Se instalaron los tres en el ático de él, tenía una terraza que parecía un invernadero gigante desde la que se divisaba toda la ciudad.  Los primeros meses parecieron funcionar como una familia dispuesta a serlo, los domingos acudían a comer paella a casa de mis padres,  Amaya mostraba una expresión relajada y satisfecha, acunando a esa niña modelo que se quedaba dormida agarrada a la tetina del biberón y no se despertaba hasta la toma siguiente.  Jorge parecía abducido, leía el periódico, comentaba los programas de televisión y si había que cambiar los pañales de su hija se prestaba voluntario para hacerlo.  Cuando nos juntábamos en la cocina mi madre, mi hermana y yo,  Amaya  comentaba satisfecha que Elisa había logrado la transformación: “Desde que nació la pequeña es otro, la paternidad lo ha cambiado...”  Hasta que de buenas a primeras, antes de que Elisa cumpliera seis meses Jorge desapareció marchándose un fin de semana fuera porque necesitaba respirar y llegado el lunes no volvió.  Ni contestó al teléfono, ni era cierto que estuviese en el destino señalado.

Había dejado pagados por adelantado dos meses más de alquiler, pero al día siguiente Amaya y Elisa se metieron en casa de mis padres.  Mi hermana ni comía ni dormía, encadenó una baja tras otra en el trabajo de toda la vida hasta que cesó apañando un despido con sus jefes.  Rastreó las huellas de Jorge como un sabueso desesperado, pero él lo había dispuesto todo concienzudamente y no pudo encontrar ninguna pista fiable.

Hasta que el propio Jorge llamó por teléfono, quizás pensando que había transcurrido tiempo suficiente como para que Amaya hubiese aterrizado.  Qué iluso.  No estaban casados, pero le había dado sus apellidos a la niña y quería verla, pasar un tiempo con ella ... Mi hermana sostenía el auricular pálida, ojerosa y estremecida, pero le salía un asombroso control en la voz, propio de la actriz con más años de espectáculo a cuestas, asentía, corroboraba las palabras de él, entendía su decisión... el caso es que consiguió que le enviase los billetes de avión para ir a visitarlo, “verás lo guapa que está, ya tiene cinco dientes..., claro, es que en mes y medio cumple el añito...”  Cuando colgó sólo pudo vomitar, y al salir del baño nos dijo: “Ya veréis como me lo traigo, este viaje va a ser decisivo”.

Elisa se quedó con mis padres y ella viajó con las garras de la  encerrona sobre los hombros , guapísima, impecable, ropa nueva, peinado nuevo, toda la artillería pesada, pero con una inevitable sombra de desolación envolviendo los gestos de sus manos temblorosas.

Se estaba volviendo loca, pero no era tonta.

Las horas transcurridas sobre la llamada de esta mañana me hacen sentirme mal, pienso en lo desesperada y sola que debe encontrarse, “¿Que te cuesta darle la razón?”, suele preguntarme mi madre, me cuesta que no quiero tratarla como a una tarada, me cuesta mi sobrina y el amor propio que a mi hermana no le queda, que no quiero participar de sus embustes ni darle el último empujón, ni estar esperando siempre su derrumbe.

Pero me duele su lejanía, me da más pena aún imaginármela con sus tacones y sus maletas de ruedas yendo al encuentro de un Jorge que sólo aguarda a su niña, al que sólo le interesa su niña por unos días y hasta el próximo ataque de nostalgia o remordimiento, y la ve a ella, la mujer de la que ha huído y que significa todo lo que él no quiere, y la abofetearía allí mismo, en mitad del aeropuerto, pero no le queda otra que poner cara de póker, parecer civilizado y darle la oportunidad de que se explique.

No sé que va a decirle ella, pero por lo que contaba esta mañana él lo tiene bien claro.

Supongo que cuando le presentas a alguien el desamor llega el THE END de la película.

Cualquier segunda parte será una bazofia.

Me estaba calentando una sopa de sobre sin parar de darle vueltas a todo este asunto cuando ha llamado mi madre, pensé que habría hablado con Amaya y que íbamos a empezar a preparar, una vez más, la convalecencia, pero por el contrario su voz sonaba eufórica:

-“¿Sabes que vuelve tu hermana dentro de tres días? Acabo de hablar con ella,   vuelven juntos Lucía, yo creo que esta vez va en serio...”

Ni siquiera le comenté mi conversación con Amaya.  ¿Era posible que mi madre se hubiese contagiado  de las paranoias de su hija mayor?  ¿O simplemente quería CREER con todas sus fuerzas?.  La Fe no mueve montañas madre.  El amor no lo puede todo, no puede abrir en canal la cabeza del otro y meterle un archivo de emociones escogidas.

El caso es que fui a buscarles y me encontré de nuevo con la Amaya exultante, más redondita la cara, los brazos llenos de bolsas con regalos, y el Jorge abducido que me preguntaba por mi vida como si tal cosa.  La niña lloró cuando su padre la cogió en brazos, y miró a su madre detenidamente, tratando de adivinarla, preguntándose dios sabe qué.

Alquilaron otro ático, este incluso con piscina, ese hombre tenía predilección por las alturas.  Mantuvieron una relación bastante estable hasta que Elisa comenzó el colegio y fueron popularmente conocidas, pues no se escondía, las aventuras de Jorge con otras mujeres, especialmente una tal Judith con la que Amaya no dudó en entrevistarse.  Me pidió que fuese a recogerla a un centro de salud donde la estaban atendiendo de varios y profundos arañazos en la cara.  “No quieras saber como ha quedado ella” fue todo lo que logré sonsacarle.

Comenzaba un otoño de días frágiles y cortos cuando Jorge se marchó definitivamente llevándose a Elisa.  Siempre pensé que podría ocurrir, pero sólo me atreví a imaginarlo, porque decirlo en voz alta podía provocar un cielo bajo de nubarrones panzudos, y callarme equivalía a nada tangible, un disparate más en medio de tanta realidad ficticia.

Nos la arrebató.  No era un juego.  Ni un chantaje.  Se llevaba lo único que quería.

Después sólo denuncias, embajadas, promesas firmadas que duermen sobre escritorios de funcionarios, cartas, pesquisas, huellas en el agua ... Nada.

Mi hermana se consumió hace tiempo y sólo la mantienen medianamente activa los fármacos.  Mi madre la obliga a  levantarse cada mañana, le planifica el día, le cepilla el pelo.

Mi padre, siempre tan reacio a exteriorizar sentimientos, fue el primero en suplicar el regreso de su nieta en televisión, radio y prensa.

Yo sé que no volverán, hay que vivir deseando que la niña esté bien y que algún día, en caso de conocer su historia, quiera encontrarnos.

Ya va a cumplir siete años. Guardo en un armario todos los regalos que no he podido darle.

Amaya conserva el vestido que se compró para su primera cita con Jorge.

Cada vez que llega ese aniversario vuelve a ponérselo y permanece un rato largo asomada a la terraza, esperando que él vuelva a buscarla.

 

"EL LIBRO DEL AMOR ESQUIVO"- Rubén Abella

"EL LIBRO DEL AMOR ESQUIVO"- Rubén Abella

"El libro del amor esquivo"

Rubén Abella

Finalista Premio Nadal 2009

Editorial Destino

Es este un libro-anzuelo, de los que te enganchan a vuelta de primera página y no te sueltan hasta exhalar la última frase.  Una historia bien tejida, de personajes que se cruzan, relacionados entre sí sin saberlo, que confirma lo circular de una vida que no para de encontrarse a sí misma.

Rubén Abella (Valladolid, 1967) consigue una historia redonda, poblada por personajes parecidos a cualquiera, imperfectos, cambiantes,  que sumergen en el amor sus estados carenciales y pretenden poco más que vivir en paz sin que los fantasmas del pasado les muerdan los talones.

Cuando llega el final uno desea seguir conociendo qué les ocurre y dónde desembocan.

Un libro activo, emergente, con bocas de metro, mujeres distintas, hombres que arremeten contra el destino, niños que tienen miedo, desertores, incomprendidos, perfeccionistas... nunca solitarios, siempre en red, formando parte de un entramado cíclico.

Sin lugar a dudas un libro que se lee por placer.

POESÍA DE JULIO: ENCONTRANDO A ELENA MEDEL

POESÍA DE JULIO: ENCONTRANDO A ELENA MEDEL

Elena Medel ( http://www.elenamedel.com) es la pepita de oro encontrada en un río de aguas cristalinas.

Nacida en Córdoba en 1985, resulta estremecedoramente joven para contar las cosas que cuenta, y cómo las cuenta.  No se trata de una poesía previsible, sujeta a cánones, fácil de diagnosticar.  Con dieciséis años ganó el Premio Andalucía Joven por “Mi Primer bikini”.  Después publica otros dos libros de poemas y una antología de relato erótico: “Todo un placer”, en 2005. Ya ha sido traducida al árabe, inglés, italiano y portugués, ejerce la crítica literaria y coordina “La bella Varsovia”( http://www.labellavarsovia.com)  un proyecto que engloba un fanzine, una pequeña editorial, una revista... pretendiendo otorgar alternativas literarias y culturales en general.

Actualmente reside en Madrid, donde ha conseguido una beca de creación en la Residencia de Estudiantes.

Sé que de niña fue una lectora implacable, y que considera que desde los institutos no puede trabajarse la animación a la lectura por imperativo legal, tragarse el Quijote o a Juan Rulfo con calzador, y sé poco más de ella, pero sabré, sabremos todos, porque las alas de su poesía adquirirán dimensiones extraordinarias.  Si resulta alucinante su proyección hasta ahora admira sólo el pensamiento de su futura creación, hasta dónde será capaz de contarnos y cómo.

Que alivio este de las nuevas generaciones poéticas.

 

Curso de Submarinismo

Como anticipo a la pérdida,
un corazón que flota y sobrevive
a la riada de sueños encerrados en burbujas.

Como coraza contra la victoria,
agendas que no abandonan su jaula de jabón,
muertas sobre la placa de la ducha.

Hoy es epílogo

las horas construyen su ataúd junto a mi almohada.

De "Vacaciones" 2004

            

 

 

"CONTIGO, SIN TI, EN LA DISTANCIA"

"CONTIGO, SIN TI, EN LA DISTANCIA"

Duermo a cien kilómetros de ti.

 

Separados por barrios y parques

donde juegan niños con las rodillas heridas,

que tienen sed

y comen golosinas

sentados en toboganes de plástico rojo.

 

A mil kilómetros de ti

la vida tiene mis normas

y no se te parece.

 

Sabe de tu extinción

con la pena de una juventud perecedera

que de vez en cuando se asoma a tus ojos

y tiembla.

 

Fuimos un segundo vivo sembrado de verano.

 

Al amparo de tus labios

la realidad era un muñeco de trapo sin aristas.

Lluvia que no cala.

Corazón de plata.

 

Pero se empeñó el tiempo en volverse tiempo,

dejándonos al margen de las leyendas épicas,

los cuentos de hadas

y el futuro.

 

Cuando te pienso,

anochece en el alma silenciada de las emociones perdidas,

y los kilómetros son tierra conquistada,

tu libertad y la mía,

 

nostalgia