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MARTES DE CENIZA

70 AÑOS DE "POETA EN NUEVA YORK"

70 AÑOS DE "POETA EN NUEVA YORK"

Ciento doce años hubiese cumplido Federico García Lorca el pasado 05 de Junio.

Probablemente esta vida que tanto desmenuzó no le hubiera permitido tan largo viaje… o sí, hipótesis improbable dado que fue asesinado el 19 de Agosto de 1936 y enterrado en un lugar todavía desconocido, por una cuestión, según las últimas investigaciones, de caciquismos territoriales (y por republicano, y por homosexual, y por poeta… y porque sí).

El caso es, que este año se cumplen además setenta de la publicación de “Poeta en Nueva York”.  El primer y único borrador de esta obra se lo entrega Lorca poco antes de su muerte a José Bergamín, que se lo lleva al exilio, primero a Francia y luego a México y realiza la primera edición de 1940, que aparece simultáneamente en México y Estados Unidos.

Durante casi toda la segunda mitad del siglo XX el original del libro permanece en paradero desconocido, hasta que logra ser adquirido por la Fundación Federico García Lorca en 2003.

El autor considera esta una de sus obras poéticas esenciales, cuidando de su elaboración, así como de sus ilustraciones, hasta el último detalle.  La influencia del surrealismo, tan patente en “Poeta en Nueva York”, y la revolución del lenguaje que conlleva, dan un giro radical a la trayectoria poética de Lorca, que centra lo que quiere contar en esta obra en dos aspectos: la ciudad y el poeta.  Ciudad como concepto abstracto, alienadora del ser humano, “símbolo del sufrimiento”, como él mismo la definió.

Lorca desembarcó en Nueva York el 25 de Junio de 1929 con una clara intención de desconectar y dejar atrás el desasosiego producido por la ruptura con el escultor Emilio Aladrén y el distanciamiento con Dalí, recién estrenado “Un perro andaluz”.  Va a dar una serie de conferencias y se instala en la Residencia estudiantil Furnald Hall.  La primera impresión que tiene de la ciudad es favorable y fantástica, participando de lleno en la vida social de la misma junto a otros intelectuales españoles que residían allí.

Unas semanas después visita Harlem (donde frecuentarían un club de Jazz) y recibe el impacto de comprobar cómo viven las minorías étnicas norteamericanas; se erige, una vez más, en portavoz de los oprimidos, reivindicando a través de sus poemas un mundo más coherente.  Todo ello, unido al Crack del 29, impulsa al poeta a iniciar una obra cargada de dramatismo, denuncia y angustia existencial que busca la reacción emocional del lector, pretende no dejarlo reflexionando, sino comprometerlo con las pasiones.  “Poeta en Nueva York” es una puesta en escena y a voz en grito del interior de Lorca, de su estado anímico, del deseo de amar y ser amado, del respeto a las libertades…

Yo sé el uso más secreto
que tiene un viejo alfiler oxidado
y sé del horror de unos ojos despiertos
sobre la superficie concreta del plato.

Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.
¡Mi amor humano! (Fragmento de “Poema doble del Lago Eden")

Los  treinta y cinco poemas de “Poeta en Nueva York” se organizan en diez secciones temáticas con dibujos del autor.  Además del poemario, aquella ciudad le inspiró un guión de cine: “Viaje a la luna”, que habría sido de estilo surrealista.  El 4 de Marzo de 1930 Lorca abandona Nueva York para pasar tres meses en Cuba, invitado para dar una serie de conferencias.  La impresión que le produce La Habana, que la compara con una mezcla de Málaga y Cádiz, su cultura y sus gentes, son mucho más favorables y cercanas que las de la capital norteamericana.  En una carta dirigida a sus padres señala: “Si me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”, frase que reprodujo el Correo de Cuba en un sello, junto a la imagen del poeta, con motivo del centenario de su nacimiento.

Lástima que volvió, que quiso volver porque jamás imaginó las dimensiones de nuestra Guerra Civil.

Setenta años después de que fuera publicado por primera vez, la Diputación de Granada ha recuperado el facsímil de “Poeta en Nueva York”, libro que nunca se había reeditado y del que hay contados ejemplares en todo el mundo.  Al facsímil de la edición americana se le han sumado dieciséis páginas que incluyen nota editorial y prefacio de Antonio Muñoz Molina titulado: “El poeta perdido y encontrado en Nueva York”.

El tiempo demuestra que los versos no pueden ser fusilados.

 

ANKARA

ANKARA

Todo inseguro,

todo postrero,

polvo sin mundo.

(“Menos tu vientre”-Miguel Hernández)

 

 

Nos hemos intuído.

 

 

Entre miles de rostros,

en medio del gentío

nos hemos sospechado

como la caracola

precipita el mar

y los impermeables

la lluvia.

 

 

Sin vernos.

 

A veces el tren pasa

y nos coge desprevenidos,

aún sin lavarnos la cara

ni terminar

las cosas que empezamos,

por eso se marcha,

sigue,

y evitamos mirar

a ninguna ventanilla,

por si acaso

conocemos a alguien

decepcionado,

capaz de esperarnos.

 

 

Hemos buscado.

 

Queriendo no encontrarnos.

No tentar a la suerte,

pero sentir

tu presencia

en medio

de la realidad ámbar

de todos los días,

de todas las vidas…

 

A veces uno

sólo desea.

 

Y eso no es malo.

 

Sólo efímero.

Pan para hoy.

Polvo sin mundo.

AMPARO POCH Y GASCÓN

AMPARO POCH Y GASCÓN

En Zaragoza hay un Centro de Salud y una Asociación de Mujeres que llevan el nombre de Amparo Poch.

En esta ciudad no se conceden honores y distinciones así como así, ojo, que para predicar afectos y reconocer lo reconocible somo huracanados y aviesos, como el cierzo.

En el caso de Amparo Poch y ya inmersos en el Siglo XXI no quedaba otra que valorar la identidad de esta mujer nacida en Zaragoza en 1902, médico, publicista, protagonista de la lucha obrera, feminista y partidaria de la libertad sexual. En el centenario de su nacimiento el rector de la Universidad descubrió la placa que bautiza una de las salas del paraninfo universitario con el nombre de Amparo Poch. En ese acto de homenaje se presentó su biografía, escrita por Antonina Rodrigo. No en vano su carrera fue una de las más brillantes desarrolladas en nuestra facultad de Medicina (28 matrículas de honor), dedicándose después a la puericultura y a la formación de la mujer obrera en temas de higiene y educación sexual. Excelente oradora, escribe numerosos artículos para la prensa libertaria y colabora estrechamente con Federica Montseny en el Ministerio de Sanidad. En plena Guerra Civil y hasta su exilio, acoge en granjas-escuela a los niños refugiados provenientes de diversas zonas, y dirige en Barcelona la Casa de la Mujer trabajadora. En 1939, ya en Francia, sigue dando a conocer su ideario y socorre como puede a los millares de refugiados asentados en los campos de concentración. Dirigió el Hospital de Varsovia en Toulouse, lugar por donde pasaron numerosos combatientes españoles.

Antonina Rodrigo, estudiosa de la biografía de Amparo, cuenta de ella que era una extraña mujer de provincia, menuda y vivaz, solía vestir pantalón y usaba corbata, su actitud de mujer adelantada a su tiempo causó conmoción en su familia, cuyo padre, censor durante la guerra, destruyó las hojas de su expediente académico. Impensable que de una familia tan conservadora y religiosa (su madre nunca accedió a fotografiarse por considerarlo pecaminoso) surgiera una mujer con las ideas tan claras y un compromiso social tan entusiasta e inquebrantable. Rodrigo especifica que el mayor legado de Amparo Poch es que nos enseñó a pensar, expresó la necesidad de preparación de las mujeres y la creencia en la sexualidad como privilegio y derecho.

Como todas las mujeres que tuvieron voz y voto ante las masas durante la República, Amparo fue humillada, negada y rechazada al terminar la guerra. En Nimes y sin documentación era constantemente asediada por los gendarmes franceses, aún así se ganó la vida pintando sombreros y pañuelos, y participó en el movimiento de Resistencia contra los alemanes.

Murió en Toulouse un 15 de Abril de 1968, y su obra, eternamente innovadora y pedagógica, merecerá siempre ser difundida.

GARDEL Y EL TANGO

GARDEL Y EL TANGO

"Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida, tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenen mi soñar, pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar..." 

"Volver", el mítico tango de Gardel, me acompaña algunas mañanas camino del trabajo, con su sonido antiguo de disco rayado y su tono meloso y envolvente convenciéndome una vez más de la pura poesía que son los tangos, con la pieza clave del bandoneón como instrumento esencial.  Enrique Santos Discépolo definió al tango como "un pensamiento triste que se baila", qué más se puede decir.

El más recordado cantante de tangos de los años veinte y treinta, Carlos Gardel (¿a quién no se le ponen los pelos de punta con "El día que me quieras"?) creció en Argentina y comenzó a ser conocido como el Morocho del Abasto (haciendo honor al barrio en el que vivía y donde se situaba el mercado central de frutas y verduras de Buenos Aires).  A la salida de un salón de baile en 1915 Gardel recibe un balazo procedente de una reyerta y canta el resto de su vida con una bala alojada en el pulmón izquierdo.  Actor y cantante de éxito mundial debuta en España en el teatro Apolo de Madrid, año 1923.  El 24 de Junio de 1935 Gardel, junto a algunos de sus inseparables músicos fallece en un accidente aéreo en Medellín, tragedia que lo catapultaría como eterno ídolo del que se sigue diciendo que "cada día canta mejor".  Está enterrado en el cementerio de La Chacarita en Buenos Aires, lugar de constante peregrinación de sus fans, que los son también del tango, ese arte de raíz suburbana y arrabalera que le da al barrio, a sus pasiones y sus gentes, la categoría de país de las emociones.

 

Fragmento de "El día que me quieras"
Música: Carlos Gardel
Letra: Alfredo Le Pera

Acaricia mi ensueño
el suave murmullo
de tu suspirar.
Cómo ríe la vida
si tus ojos negros
me quieren mirar.
Y si es mío el amparo
de tu risa leve
que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
todo todo se olvida...

"CELIA NO ESTÁ EN CASA"

"CELIA NO ESTÁ EN CASA"

 

Relato de 2007

 

“Siempre quiso vivir una historia que no fuera la suya” (Carlos Goñi)

 

 

Mi principal problema es la inconsciencia.  Las grandes meteduras de pata de mi vida son su producto.  Me embarco en algo que luego se complica hasta lo imposible y resulta  que todo mi entorno excepto yo ha barajado esas complicaciones.  También es muy fácil quedarse fuera y augurar mil peligros desde el sofá de casa.  A mí la vida me anega como una riada imprevisible.  Cuando me quiero dar cuenta ya no toco suelo.  Hace unos meses que murió mamá, mis hermanos se despidieron de ella con una resignación impropia de luchadores, como si dieran por hecho que así debían ser las cosas.  Yo me quedé atónita, desde el cuello hasta el vientre sentía los surcos de un rastrillo arrancándome por dentro.  No podía admitir la ausencia, comprenderla siquiera, por mucho que le hubiesen diagnosticado un cancer terminal.  Los médicos se equivocan, la esencia de la vida les da mil vueltas y no todo tiene una razón científica.  Si una está viva es presente, presente inmediato, te toco, te siento, te escucho, te busco y te encuentro, y a los desenlaces fatales nos exponemos todos ¿o alguien tiene en su poder un irrevocable pasaporte al futuro?.

Que no.  Que yo a la muerte no le sirvo terrones de azúcar para el café.

Luego vino lo del reparto.  No hablo de la herencia en sí, sino de repartirse las cosas que eran de ella, aunque fuese con su permiso, que yo no ví nada escrito ...  venga a envolver vasos y copas en papel de periódico, a sacarlos de los estantes dónde siempre habían estado, la cubertería de plata, las fuentes de porcelana, la sopera de la abuela ... sentí naúseas y tuve que bajar a tomarme un café.  Cuando subí me había correspondido una caja con multitud de objetos dispares que habían rechazado los demás.  Dije que no la quería y seguro que pensaron que era una pataleta, o por el escaso valor de las cosas, pero aunque hubiesen sido lingotes de oro no me los habría llevado.  Tenían su sitio, sus costumbres, su dueña, y sacándolos de contexto sólo conseguían parecer más viejos e inservibles.  Sí que cogí por mi cuenta algunas fotos de mi madre sola, mi madre joven y contenta, para que la memoria no me juegue malas pasadas y al evocarla no solo me devuelva la imagen de su decrepitud en los últimos meses.

Sé que Silvia llegó después de irme yo, la avisarían.  “Ya puedes venir, Celia acaba de marcharse, no hay moros en la costa”.  Y Silvia, mi hermana pequeña, cinco años menor, llegaría con las ojeras de su insomnio crónico y su vida atragantada, abierto el abanico de su pena que va a resultar eterna.  Confirmado.  Fui una completa imbécil.  Me acosté un par de veces, quizá fueron tres, con su marido, del que hace un año que por fin se ha separado, porque le ponía los cuernos hasta con las chicas de Man en la peluquería, y lo peor no es eso, lo peor es que era un tonto del culo y un prepotente, pero estaba como un queso, qué le vamos a hacer, y yo, que soy otra tonta del culo y que veía que aquello no iba para ningún lado, pues me dejé querer sin pensar en nada más, ni en Silvia ni en mi sobrina Carla, con sus dos añitos y su carrito de las muñecas, y sus zapatos preferidos, rojos y con lunares blancos, de gitana bailaora.  Esas cosas pasan porque no se piensa en nadie, porque a una le nace una niebla densa en la cabeza que esconde todos los relieves y todas las presencias.

El caso es que le faltó tiempo para vomitárselo a Silvia cuando ella le puso las maletas en la puerta.  Y la pobre me llamó sin dar crédito a las barbaridades que el muy anormal podía decir para herirla, dando por hecho que era la fábula, el órdago a la grande de un miserable.  Pero mi silencio la hizo removerse en el sitio, le aceleró el viaje neuronal, porque sabe que yo no sé mentir y además no iba a poder vivir con la mentira, así que lo reconocí sin remedio.  “Eres lo peor que he conocido en mi vida, no te me acerques jamás, ni a mí, ni a mi hija.”  Ya se le pasaría.  Eso creí, no pensé que fuera a mantenerse tan firme, un año entero de rabia, rencor, despecho o lo que sea.  Al fin y al cabo hubiera sido peor que se lo hubiese quitado, quedándomelo para mí sola, por encima de todo, pero menudo regalo, qué va, ni de saldo.

Con la enfermedad de mamá hemos disimulado lo justo, pero si entra con la niña donde estoy yo, la manda jugar a otro lado, aprieta los dientes y no me mira.  No puede ser sólo culpa mía que la Silvia siempre alegre y tranquila lleve a todas horas puesto el disfraz de gruñona-sufridora.

“Esta vez te has pasado de la raya”, me amonestó África, nuestra hermana mayor y la primogénita del clan.  ¿Esta vez?  Ha sido al único de mis cuñados y cuñadas que me he tirado, nunca se me pasó por la cabeza y ya no hay vuelta atrás.

Pero África es que es toda racionalidad y sentido común, un aburrimiento total.  La recuerdo mayor, ejerciendo de matriarca porque mamá salía muy temprano a trabajar, peinándonos a raya y metiéndonos el almuerzo en el bolsillo de la bata, curándonos los rasguños de las rodillas y ayudándonos con los deberes.  Quizás nació ya mayor y con sus responsabilidades asignadas. Nunca puso la radio demasiado alta, ni la oí cantar en la ducha ni eternizarse al teléfono, ni sisarle a mi madre.  No sé como le quedaron ganas  de crear su propia familia, debía estar muy segura de poder hacerlo bien, después de tanta práctica.

El caso es que a mí me cuesta mantenerle la mirada, ese dominio de la perfección impone.

Somos cinco hermanos y a ella jamás le gasté una broma, nunca hemos ido de compras, escasamente nos llamamos por teléfono, y aunque me lleve diez años la siento como a una de esas viejas enlutadas que parecen sobrevivir a cualquier catástrofe, inmutables al paso del tiempo.

Mamá murió entre sus brazos.  En esos brazos que lo abarcan todo, capaces de amortajar y llamar a quien haya que llamar a la hora adecuada, parecen débiles pero son raíces de roble, no tienen hambre, ni frio, ni soledad, ni miedo.

Yo no pude cruzar el umbral de la habitación, no me dio la gana de verla muerta, de ver a la muerte campar a sus anchas junto a la cama, entre el tocador y las cortinas, expandiendo su olor por la colcha de ganchillo ...  Soy incapaz de cumplir con los rituales, así que mientras todos  revoloteaban junto a la invitada de honor me fui al mueble-bar y me serví una copa de vino añejo, dos.  El sopor me adormeció en un sillón y cuando quise despertarme estaba sola, las luces apagadas, no quedaba nadie en la casa que había sido de todos.  Los gemelos, huidizos y tímidos, más unidos que nunca, me dijeron ya en el complejo funerario que habían intentado despertarme, pero que susurraba en sueños y parecía muy cansada.

Ya.  Nunca han sabido qué hacer conmigo.

África es la mayor, seguida tres años después por Alfonso y Bernardo, gemelos, en cuarta posición Celia la extravagante, caprichosa, inmadura, impropia de esta familia, y en el furgón de cola Silvia resentida, Silvia Campanilla, Silvia de niña alegría y luz para todos, Silvia mamá de Carla y valiente mujer de un tío imponente pero con menos cerebro que un mosquito al que por fin se decidió a plantar.

Mi madre jamás tuvo el valor de hacerlo con mi padre.  Vivieron juntos ocho años, hasta que a él se le vino encima la estructura familiar, los gemelos que no paraban, aquella mujer agotada de cambiar pañales y fregar escaleras, el sueldo que no llegaba, los vicios que no podía tener, él que era de pañuelo planchado y afther save, partida todas las tardes y limpiabotas con propina ...  Cogió la puerta y se fue, porque podía, a los de su género siempre se les ha permitido, a aquel pobre hombre de oídos sensibles le reventaba el llanto de los gemelos a la hora sagrada de su siesta, sus amigos del barrio no podían subir a casa a ver el futbol porque no había cervezas en la nevera ni a su mujer le salían las tortillas de patata como antes, cuando estaban los dos solos y la casa olía a limpio y África era una niña que no era niña, silenciosa, dormida la mayor parte del día, todavía podían practicar sexo con cierto placer mutuo, sin prisas ni agotamientos, ni facturas, la comida de mañana que pondré yo para la comida de mañana, cómo vas a hacer el amor con una mujer que piensa en los zapatos de los crios, en bajarle el doble a los pantalones, en una excusa lógica para el casero y que hace meses que no va a la peluquería, mucho más mayor parece de lo que es ...

No contento con el “ahí te quedas” se molestaba en reaparecer, y en cada embestida de arrepentimiento dejaba embarazada a mi madre, un aborto después de los gemelos, yo y Silvia.  Volvía como el exiliado político o el marido combatiente, sólo que todos sabían que estaba con otra, cuatro calles más abajo, a la que también le hizo un hijo porque como semental no tenía precio, el muchacho debe ser de mi edad ...  El último eslabón es Silvia porque al barrio llegó una artista inglesa que montó una tienda de decoración, y a los seis meses la cerró para largarse con mi padre, nunca supimos a dónde porque nunca volvimos a saber de él.

Mi madre siguió hablándonos de su marido como si fuera un mensajero de la paz que debe peregrinar por el mundo propagando la palabra divina, sus fotos y algunas de sus cosas ocuparon durante años lugares privilegiados de la casa, hasta que nosotros las fuimos sustituyendo sin más y ella no pidió explicaciones.

Supongo que conforme fuimos creciendo nos hicimos nuestra propia composición de lugar.

Físicamente yo soy la que más me parezco a Alfonso Esteban Palacios.  No podía ser de otra manera.  Me corre por las venas su sangre inconformista, el gen salvaje de los que no estamos hechos para la cotidianidad.  Tengo sus ojos oscuros y su pelo indomable, prisa por todo, apego por lo justo.  Quiero la parte correspondiente del reparto equitativo que no tuve y detesto la sencillez.

También he tenido un hijo, yo uno solo, que he preferido que viviera con su padre porque qué iba a hacer yo con Ander y sus ocho años, empezaba a resultar impertinente, el niño absolutamente bello, guapo hasta lo indecible, pasaba a una etapa de preguntas y confirmación de su identidad bastante incómoda.  Me reprochaba que no jugase con él, yo que tengo los tobillos fatal de tanto tacón no me iba a poner a darle patadas a un balón de reglamento, ni a raquetear en el parque, la verdad, tampoco le parecía bien que los fines de semana saliera a divertirme un poco, qué monjil el niño, como si una no tuviera derecho a desconectar un rato, lo pasaba a casa de Sole, mi vecina, o lo llevaba a dormir con alguno de sus amigos, que sólo no lo dejaba ...  un día me salió con que quería irse con su padre y no tuvo que repetirlo, ya lleva tres años con él y creo que es lo mejor para todos.  De vez en cuando voy a verlo, están a 70 kilómetros, pero los autobuses me marean y esa ciudad de provincias tan austera ... 

A Imanol no le pareció mal que el crio se fuese con él, al fin y al cabo yo, además de parirlo, lo había tenido ocho añitos, sí que es verdad que él venía mucho, en cada periodo de vacaciones y cuando yo le pedía socorro.  Imanol es buena gente, acerté en elegirlo como padre de mi hijo, aunque todo fuese fortuito dicen que las casualidades no existen.  No se desentendió en ningún momento y a punto estuvo varias veces de pedirme matrimonio, pero tan loca no estoy y él es un hombre bueno sin más, sin misterios, sorpresas ni dobleces, fácilmente comprensible.  No podía hacerle la gran putada de emparejarme con él.  Así que le dí un hijo con el que se lleva de maravilla y todos nos soportamos mejor que si hubiésemos formado una familia convencional.

Tengo miedo de que Ander continúe reprochándome cosas con el paso del tiempo, que se convierta en uno de esos adolescentes que odian a su madre pero no pueden vivir sin ella.  Es un chaval inteligente y sabrá comprender que somos como somos, no como les gustaría a otros y que los lazos de sangre son eternos, indestructibles, no se puede mirar para otro lado, cuanto más te alejas antes llegas a la boca del lobo.

Cuando saco unas perrillas de alguno de mis trabajos eventuales le mando unas deportivas de marca, un reloj sumergible o una peli de DVD, y él me llama para darme las gracias como si en lugar de ser su madre fuese su madrina o una tia benefactora.

Le está cambiando la voz.

Sé que me lo estoy perdiendo, cómo no voy a saberlo yo que soy su madre, pero no se puede tener todo, la vida es breve y plana, hay que intensificarla, probar de aquí y de allá, sucumbir a la tentación, caer y levantarse, levantarse siempre, perder para ganar.

Ahora estoy con mi proyecto de negocio y sólo existe ese frente en mi vida.  Voy a ser una mujer de negocios, ¿por qué no?, tengo tiempo, ni siquiera he cumplido los cuarenta, económicamente pienso afrontarlo con la parte de la escuálida herencia de mamá y la cuenta en común que tengo con Ander, antes de que cumpla los dieciocho años le habré devuelto con creces hasta el último céntimo, la familia de su padre es generosa y le ingresan de vez en cuando suculentas propinas, como no va a prestármelo si soy su madre, no tengo ni que preguntárselo.

El negocio los va a dejar a todos boquiabiertos, quien sabe si en un futuro mis hermanos han de verse mendigándome trabajo o pidiéndome un préstamo, que la vida da muchas vueltas y esta es mi oportunidad de demostrarles que no he elegido ser una mujer desafortunada.

La suerte es un factor determinante, y si yo hubiese nacido en otro lugar, en otro contexto, con posibilidades reales ... hoy sería una mujer famosa, de eso estoy segura, porque habría aprovechado todo ese currículum oculto y especial que me hierve por dentro y me hace diferente.

Es un lástima que no contemos con vidas multiplicadas, que no podamos dedicar una de ellas exclusivamente a nosotras, con el vestuario adecuado, la casa ideal, las vacaciones soñadas y una pareja oportuna. Sería una buena recompensa a cambio de meses y años esperando que todo cambie, que no es mi sitio, que alguien venga a buscarme.

La gente aún no se ha enterado de que hay quien nace demasiado pronto, en desacuerdo con el tiempo cronológico que le corresponde vivir, y no encuentra su hábitat.

Ante eso sólo queda rebelarnos, buscar lo que nos hace instantáneamente felices para exprimirlo en un aquí y ahora, porque después se hará de noche y volveré a estar sola en mi cama, en la casa pequeña que quiero cambiar y no puedo, donde las velas aromáticas siempre huelen a desencanto.

Voy a tomarme un Dry Martini, que es una bebida muy chic aprendida de las películas americanas, -nadie bebe como lo hacía Ava Gardner- me prepararé un baño con espuma aunque mi bañera sea minúscula y tenga que estar hecha un cuatro y estrenaré la última ropa de batalla que me he comprado.  La noche es benévola, cosmopolita, suave como un abrigo de visón.  Siempre me mira con los ojos que me gustan y me acoge sin condiciones.

Está ahí para sobrellevar los días imposibles.

Así que Celia no va a estar en casa, y bailará descalza como si nunca más pudiera hacerlo y con la imagen que le devuelvan los cristales de los garitos pensará que está estupenda, que la vida es maravillosa y que nada ni nadie le va a amargar los Dry Martinis.

Resacosa, tumbada boca abajo en la cama con el sol quemándole los talones volverá a pensar que es una incomprendida de la historia y que este no es su sitio.

 

 

Pero eso será mañana, antes todavía debo decidir que zapatos ponerme.

BENJAMÍN PRADO Y ÁNGEL GONZÁLEZ

BENJAMÍN PRADO Y ÁNGEL GONZÁLEZ

Benjamín Prado nació en Madrid en 1961.  Obtuvo el XIV Premio Andalucía de Novela por No sólo el fuego.  Ha escrito canciones con Sabina, trabajó con Alberti, practica el ensayo: Siete maneras de decir manzana (2000), la poesía: Cobijo contra la tormenta (1996), Iceberg (2002), el relato: La sangre nunca dice la verdad (2007) y la novela: Mala gente que camina (2007) Dónde te crees que vas y quien te crees que eres (1996)... Y todo lo hace bien.  Benjamín Prado tiene la suerte de ser Benjamín Prado. 

En el libro donde se publica una Antología de la Poesía de Ángel González para jóvenes (Alfaguara, 2008) es él quien escribe el prólogo, realiza la selección de poemas y entrevista al autor.

Coherente hasta la médula, ángel González tituló su obra poética completa Palabra sobre palabra, pero también podría haberla llamado igual que su segundo libro, publicado en 1961, Sin esperanza con convencimiento, porque esos dos sustantivos la simbolizan y resumen a la perfección su largo viaje literario, que va desde Áspero mundo (1956) a Otoños y otras luces (2001).

Así comienza un librito de tapas rojas, fino, emotivo, intenso, que presenta para jóvenes o para no tan jóvenes una antología poética sin desperdicio que cautivará a cualquiera que le dedique su tiempo.  Porque Ángel González era mucho más que un poeta, era un poeta real y enamorado, un poeta descreído, rebelde y humano al que no podemos dejar pasar levantando los hombros, porque acercarnos a sus versos es entender más y mejor la vida. Otro pequeño fragmento os dará más pistas:

 Ángel González empezó siendo un gran poeta y terminó por ser un poeta inevitable. Sus muchos lectores, los que agotan una tras otra las sucesivas ediciones de Palabra sobre palabra, demuestran que el largo viaje personal y colectivo que es su obra no lo ha hecho solo, sino en compañía de miles de amantes de la verdad y la buena literatura.

La entrevista con la que Prado cierra el libro provoca nostalgia por el poeta desaparecido y su manera única, privada y especial, de entender la historia, el tránsito, este presente de todos que parece sólo de unos pocos.

Un librito sencillo, pero no fácil, inmejorable para leerlo en estos días, con mucha luz y mucho compromiso por la vida que tejemos entre todos, cada día.

PRAGA

PRAGA

De la colección "Mapa Mundi"

 

A pesar de la nieve

y de estos días tan parecidos a otros,

nosotros somos diferentes.

Nos hemos perdido demasiadas veces

en el estómago de una ballena,

girando en tiovivios quietos,

empeñados

en un amanecer que nunca sucedía.

Es verdad

que hay un tiempo para cada cosa,

y que el presente tiene su naturaleza

como las noches de verano su cronología.

Por eso

no podemos sacudir la historia,

volverla del revés

en un empeño compensatorio.

 

Todo lo que pasa se muere despacio,

como nosotros,

cada día.

MEMORIA DE LA MELANCOLÍA

MEMORIA DE LA MELANCOLÍA

Mª Teresa León Goiry nació en Logroño un 31 de Octubre de 1903.

La mujer de inolvidable mirada estudió en la Institución Libre de Enseñanza.

Fue su tía María Goiry, la primera mujer en España que obtuvo un doctorado en Filosofía y Letras.

Mª Teresa, subdirectora del Consejo Central de Teatro, lideró en plena Guerra la salvación de los cuadros de la pinacoteca del Museo del Prado, el Palacio Real, etc, y ejerció el cargo de Secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas.

Aquel Madrid bélico se ve reflejado en: Contra viento y marea y Juego limpio.

Dedicó su Romancero de la Guerra Civil a Federico García Lorca.

De su relación con Rafael Alberti ya se ha hablado demasiado, un binomio perfecto que dejó siempre en la sombra a Mª Teresa, tal y como ella quiso.

El exilio los lleva a París, a su trabajo como locutores de radio y traductores, a Argentina, donde residirían durante veintitrés años y nacería su hija, Aitana, a viajes por Europa, a conocer China y a instalarse en el Trastevere de Roma, donde ambos, figuras míticas, alumbran con rigor importantes obras de madurez.

Son los años en los que Mª Teresa escribe su libro autobiográfico “Memoria de la Melancolía”, terminado en 1968, un documento fundamental para entender el movimiento cultural y político de una parte importante del siglo XX, pero sobre todo para comprender humanamente lo que significa estar exiliado, un lastre que acarrearon siempre allá dónde fueron, sin lograr ser de ninguna parte, y queriendo dejar siempre constancia de sus raíces, de sus recuerdos, de todo lo arrebatado.

“Estoy cansada de no saber donde morirme. Esa es la mayor tristeza del emigrado. Estoy cansada de hilarme hacia la muerte. Y sin embargo, ¿tenemos derecho a morir sin concluir la historia que empezamos?. Porque todos los desterrados de España tenemos los ojos abiertos a los sueños.”(Fragmento de Memoria de la Melancolía)

Con la llegada de la democracia consiguieron volver a España en 1977, con Mª Teresa ya enferma de Alzheimer.

Falleció once años más tarde interna en una residencia cercana a Madrid.

Estoy de acuerdo con quienes manifiestan que fue la gran olvidada de la Generación del 27