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MARTES DE CENIZA

EL CICLO DE LA VIDA EN LA HUERTA DE SAN VICENTE

EL CICLO DE LA VIDA EN LA HUERTA DE SAN VICENTE

Ha hecho frio en Granada, ha hecho calor y ha llovido, volviéndose el clima loco como parece estarlo desde hace tiempo... había mucha gente, muchísima, debido a ese atrayente binomio de Semana Santa y Andalucía.  Tratábamos de huir de las procesiones y la muchedumbre, pero resultaba complicado.  Creí que no conseguiríamos entrar a la casa de verano de Lorca, pero los turistas en Granada madrugan poco y a primera hora de la mañana no resultó difícil conseguir entradas.  Daniel escribió sobre la grava con un palito "Aquí vivió el mejor poeta del mundo", pero la gente  pasaba por encima emborronando las letras.  Daniel se cabreaba y entendió lo que supone ser un artista incomprendido.  Siempre que visito la huerta de San Vicente, cada vez que contemplo el piano que tocaban Falla y Lorca, y subo las escaleras hasta la habitación en la que escribía, y vuelvo a ver la cocina de carbón y el retrato de Isabelita García Lorca se me ponen los pelos de punta.

Que mi hijo haya podido estar allí conmigo, ciento once años después del nacimiento del gran poeta es un lujo inolvidabe, así que desde aquí le doy las gracias a Daniel por acompañarme y dejarse contagiar.

"ELLA QUIERE SOL"

"ELLA QUIERE SOL"

Alejandra subió al autobús con el cansancio de un corredor de fondo en la recta final.

Nunca podía ser más tarde de las séis y cinco de la mañana, si no llegaba tarde a currar y ese día todo se precipitaba oliendo a catástrofe.

Saludó al conductor, con el que ya existía cierta camaradería, y buscó su asiento acostumbrado, junto a la rejilla de la calefacción.

Joder, era puro invierno, y aquel sopor le recordaba sus sábanas de franela, los cinco minutos de más, el sonido de la cafetera ...  las cosas que habían sucedido no hace mucho, cuando aún campaba a sus anchas la confianza de lo insospechable.

Se arrebujó en el asiento y casi quiso esconderse entre las vueltas de su bufanda.

Se sacudió de encima la añoranza porque en la cadena le iba a servir de poco.  Dentro de veinte minutos ficharía, y cinco minutos más tarde sus manos sin memoria, sus manos sólo hábiles y productivas, sólo manos, irían guardando juguetes en cajas con la destreza inanimada de los que se saben al margen de la historia.

Porque la historia de cada día tiene luz de amanecer, y una mañana donde las grandes arterias de la ciudad se saturan de coches, y los niños van al colegio, y las persianas de las tiendas se levantan y palpita un mundo subterráneo de recados: citas de médicos, papeles en el registro, la compra, graduarse unas gafas, comprar el periódico, pasear a un perro ...

Todo lo que se queda al otro lado de los muros de la fábrica y que no le pertenece.

Pero tampoco nos vamos a poner dramáticos, ni que fuera lunes después de un largo puente ...  En la cadena de montaje no operan espantapájaros, aunque a veces lo parezcan.  En las taquillas se quedan fotos de niñas con medalla, novias con un mar de fondo, nietos en bicicleta.  Dinero poco, porque desaparece, pero en las hormas de los zapatos la preocupación por el familiar enfermo, la tensión por los exámenes de los chicos, los triunfos futbolísticos y las cábalas para llegar a fin de mes.

Como cualquiera de los que resisten ahí fuera con la mejor de sus sonrisas.

Sinceramente, Alejandra nunca pensó en la vida como una cuestión de resistencia.  La sentía como unos zapatos cómodos que se adaptan al pie, su vida en la Universidad, su aeróbic, los dos veranos de cooperante en Guatemala, el negocio de sus padres, sus amigas de la infancia ... hasta los veinticinco fue un pasodoble aprendido que no equivoca el compás.  Había visto ampliar su casa con el piso de al lado, tener su propia habitación de estudio que de poco le servía porque iba eternizando las asignaturas de una Ingeniería Química que le aburría mortalmente, pero la mantenía en contacto con las fiestas universitarias, las tertulias interminables, el bullicio de una colectividad provocativamente joven.  Había visto casarse a su hermano, séis años mayor y después nacer a su sobrina Idoia, que decían se parecía mucho a ella, rubia como el trigo y con dos hoyuelos simétricos y preciosos en las mejillas.  Se marcharon a vivir fuera y Alejandra los echa en falta, porque es una tía a distancia y con su hermano, pese a ser un tipo callado e introvertido se podía hablar de todo.

Después, una de tantas mañanas de domingo, frente al chocolate con churros que inevitablemente le sabía al vodka con naranja de la madrugada, mientras Marcos le mordía el cuello, y eso sí que ya no le sabía a nada, sonó el teléfono móvil.  Le costó trabajo encontrarlo en el bolso, descolgar, y antes de poder preguntar nada escuchó la voz de su madre entre sollozos pidiéndole que fuera a casa enseguida porque su padre acababa de morir.

Tenía cinco llamadas perdidas desde su casa, pero estando de fiesta a nadie se le ocurre mirar el teléfono, intuir que puede morirse tu padre y has de estar localizable, porque ni siquiera tu canción preferida en el garito acostumbrado detiene las cosas.

Los minutos siguientes fueron extraños, como el transcurrir de una película subtitulada que carece de ritmos paralelos entre las imágenes y las palabras escritas.  Se terminó el chocolate con churros y permitió a Marcos que le siguiera babeando el cuello.  A pesar de decirle: “Marcos, tío, se ha muerto mi padre, se ha muerto ...”, muy despacio, para escuchárselo a sí misma.  Porque su ligue-Guadiana desde hace un par de años, su ligue- pareja abierta, ni contigo ni sin ti, iba tan pedo que no podía entender nada de nada ni asirse levemente a ningún resquicio de realidad.

Por eso pagó y se fue mientras él estaba en el baño.

Prefirió ir andando hasta casa, tratando de despejarse y de entender un poco, sólo un poco, lo que estaba pasando, para no quedar al margen, para no parecer idiota.  Se lavó la cara en una fuente y en el ascensor se recogió el pelo con una goma que solía llevar en la muñeca.

Luego sombras, tristeza, lo que se da la vuelta transformándose para siempre, las deudas de su padre, las trampas pendientes, todo lo que ella desconocía y de lo que hubiera querido huir, porque no servía para noticias suburbiales ni páginas necrológicas, no estaba hecha para las cuentas en números rojos ni para modificar ningún status, sólo hubiera pretendido, de haber sido posible, seguir viviendo en paz.

Perdió bastante peso, en contra de lo que las almas caritativas querían creer, no fue por el dolor ni la pena, que siguieron su curso sin quebrantos, fue por pura agonía.  La agonía de abandonar la tersura y perder seguridad, la vergüenza de vender su casa y marcharse con su madre a un piso de alquiler en el extrarradio, dejar de estudiar o aplazarlo, que es lo mismo, y buscar un curro con su perfil de niña bien sin especialidad alguna.  Tres meses primero, entre chicas adolescentes que no habían terminado el colegio, oliendo su colonia de litro y soportando las bombetas de sus chicles. Primero un trabajo, luego otro, si no eran chiquillas eran marujas de vida predeterminada con ropa de mercadillo, o medio tarados que bien cumplidos los cuarenta seguían en la casa paterna mantenidos por la pensión de sus progenitores.  En la fábrica de juguetes, al menos, había de todo, conversaciones las justas, todo lo que distraía restaba producción.  Gracias a un amigo de su hermano ha conseguido este trabajo, en el que lleva ya dos años, aborreciéndolo como el primer día, viniéndose abajo como el primer día cada vez que suena el despertador, pero tratando de mantener el tipo como lo hace su madre, aunque con menos elegancia porque lo suyo no es resignación, no puede sostenerle la mirada a la vida, me has puteado, me has sacado de mi casa y de mis casillas, me has colocado en primera línea de fuego, sin márgenes, sin recreos, sin poder comprarme los zapatos donde siempre, mis mechas en la peluquería de siempre, mis amantes de siempre.  Y encima tengo que mirarte como si te quisiera.

No es resignación, sino frustración.

El vecindario friki con sus carros de la compra y el batir de huevos para las tortillas de patata, y los pocos amigos y familiares comprometidos con la causa que aún les quedan piensan que Alejandra es valiente y que hay que ver como ha sabido tirar hacia delante.  Y una mierda.

Tiene miedo y se inclina por hacer lo que debe porque no sabe como rebelarse.

Ella quiere sol, y mediodía de domingo, vodka con naranja, chocolate con churros, besos que sepan a Visa Oro, viajar a Estambul, tener un anillo de Tous como el que luce la administrativa de su empresa, la que le da en un sobre los anticipos, qué ganas le entran de cortarle ese dedo, cenar de restaurante pescado de verdad, y follar por placer o por aburrimiento, pero nunca más por soledad.

Quiere que le devuelvan su vida, plantarse ante una ventanilla en cualquier despacho de la Administración pública y decir Buenos días, si querían que me diera de bruces con la porquería de la vida, con lo que nadie elige pero que crece como la mala hierba en cuanto te das la vuelta pues ya lo he hecho, que conste en acta, ahora devuélvanme mi tiempo y mi calma, muchas gracias.

Baja del autobús agradeciendo al menos no trabajar a turnos.  Su madre lo lleva con aplomo y simpleza desesperantes.  No la ha oído quejarse ni una sola vez, allá que va con su termo cuando le toca de noche, y si la jornada es de mañana al salir se va a la piscina con un par de compañeras y vuelve a casa extenuada, con la piel brillante y el pelo lacio, lo suficientemente cansada como para cumplir con la continuidad y desear buenas noches sin engañar a nadie.

Muchas veces se pregunta qué tiene esa mujer dentro de la cabeza, esa mujer que antes tenía masajista y fisioterapeuta en casa, un vestidor como medio piso en el que ahora viven y una colombiana que le sacaba brillo a la plata y planchaba como nadie.  Si desconocía todas las deudas que su marido había contraído porque delegaba en él e ignoraba que hasta las alfombras estaban hipotecadas porqué no había profanado su tumba, porqué no se había muerto de espanto y de ridículo, porqué no se había cagado en todos sus muertos y en el infarto que las dejó compuestas y sin nada en los bolsillos.

La dignidad es una cosa terrible.  Insondable.  Todo se ampara bajo su manto.

Va a empezar su jornada continua, los dedos de los pies esperan bajo los agujeros de los zuecos, nota rígido el cuello de la bata, se olvidó de plancharlo.  Algunos fluorescentes están fundidos y hay menos luz que de costumbre.

Antes de ponerse manos a la obra, antes del timbrazo inicial, la encargada le toca en el hombro: “Valero te reclama, sube a hablar con él, yo te suplo”.  Valero es uno de los jefes, lo ha visto puntualmente, en las renovaciones de sus contratos y poco más, Alejandra no ha ído a cenas de empresa ni a reuniones informativas sobre como mejorar la producción, no ha participado en nada ajeno a las ocho horas de trabajo.  Que les quede bien claro que lo hace por extrema necesidad, sino de qué.  Piensa en todo esto mientras sube la estrecha escalera de caracol y piensa también en que si la echan lo matará allí mismo y con sus propias manos, porque se está pagando un buen abrigo a plazos, y el próximo mes pensaba matricularse en la Escuela de idiomas,  que para meter juguetes en cajas y mandarlos a la conchinchina de Lavapiés es muy práctico.

Valero le ofrece un contrato indefinido.  Cambia la política de contratación de la empresa, se acabaron los contratos temporales y las personas mayores de cincuenta años, ella vale mucho, trabaja mucho, apenas habla ni se le conoce relación con sindicatos, podría decirse que es de las preferidas y eso se premia.  Contrato indefinido.

Mira por detrás de su jefe, un amplio ventanal comunica el despacho con una de las salas de producción.  Las manos del personal, con sus cuerpos detrás, con sus días terminados y venideros detrás, no controlan la política de la empresa por muy hábiles que sean.

Sonríe levemente pensando en que quizás debería haber estudiado Empresariales.

“Tengo que pensármelo”, dice, y se da media vuelta para volver a su puesto, pero Valero se levanta de la mesa y eleva la voz indignado, como si le hubiesen dicho que su hijo es un niño tremendamente feo, estúpido o ilegítimo.

“¡Cómo que pensártelo!, ¿Será posible?, ¿pero qué te has creído? Que te estoy ofreciendo el pan de cada día, ¡te estoy poniendo en bandeja el futuro niña!.”

Alejandra se vuelve anonadada, definitivamente, el bulo de que este hombre se mete al cuerpo en ayunas varios carajillos ha de ser cierto.

“Por favor, no me grite que yo no le he elevado la voz en ningún momento”

Valero se sienta y la mira por encima de las gafas resoplando como un toro antes de saltar al ruedo.

“La Reina de Saba, aquí la tenemos, ni más, ni menos, y nosotros sin saberlo, pensando que le hacíamos un favor a la pobre huerfanita venida a menos y resulta que es ella la que nos lo hace a nosotros honrándonos con su presencia cada mañana.  Fuera de mi vista.  Vuelve a tu sitio y olvida lo que te he ofrecido.”

Resulta que Alejandra siente unos enormes deseos de llorar, y no piensa permitírselo porque ni con la muerte de su padre sintió esta inundación trepando por la garganta, abre la puerta para salir, pero no puede, no puede avanzar y dejar a ese pobre hombre allá arriba, sólo con su poder de gilipollas mediocre, con su manojo de llaves de mil euros dominando el mundo estrecho de sus operarios que es su propio mundo, incoloro, de casa con jardín quiero y no puedo. Así que retrocede y mientras Valero habla por teléfono ella se quita la bata y la deja colgada en el perchero sobre el abrigo de él, que enrojece y cuelga con una excusa.

-Me estás hinchando mucho los cojones...

Sólo la mesa, con restos de cacahuetes y de colillas, cubierta de papeles desordenados, los separa.  Alejandra percibe que son de la misma altura, percibe el resuello de él, todo su cabreo de casi patrón esclavista acostumbrado al ordeno y mando, y elige una a una las palabras, como rescatándolas del fondo de una chistera:

-Es que ya he tomado una decisión, voy a firmar ese contrato que me has ofrecido negociando además ciertas condiciones de mejora, para empezar y partiendo desde hoy mismo cojo los cinco días de vacaciones que me debéis, te parezca bien o no, y evita poner la cara de besugo que se te está poniendo porque si no cumples con lo que te digo la huerfanita venida a menos va a hacer público que te tiras a la encargada de envasados y frecuentas prostíbulos en los que trabajan menores.  Es lo que tiene estarse calladita observando, escuchar a quien quiere hablar y saber sumar dos y dos.  Que tengas un buen día.

Valero sentado, Valero pálido que ya no se muestra colérico ni resopla, Valero que la mira como si la viera por primera vez, porque es eso lo que ocurre, que debajo de la bata hay alguien que es algo más que un número de la seguridad social que necesita trabajar.  Valero que enciende sus últimas y desesperadas bengalas.

-Ten cuidado dónde te metes, tendrás que demostrar lo que estás diciendo...

-Y tú tendrás que defenderte.

Silencio.  El ruido lejano de las maquinarias, telón de fondo que marca la rutina del todo está saliendo como debe.

Valero saca un borrador de contrato y se lo tiende.

-No tengas prisa, tendrás que ver a quién mueves de oficinas o qué puesto te inventas, pero yo no voy a seguir en la cadena.  Me llamas en estos cinco días.  Y por cierto , no me la juegues, las fotos de mi móvil son extraordinarias y en segundos toda la empresa tendrá un salvapantallas nuevo con tu imagen.

-Qúe hija de puta ...

-No ibas a ser tú el único.

Fuera la calle es azul, gris, violeta.  Calle de colores por la que pasea convencida ya de que para cambiar las cosas se necesita algo más que el deseo.  Se necesita un minuto de tiempo predispuesto.  Una señal.  Un cabrón en tu camino que te remueva las tripas hasta encontrar algo. Revolución, melancolía, coraje...... algo incendiario y definitivo.

Puede que la jugada no le salga bien, pero ella no se ha quedado quieta ni al margen.

La sensación de haberse defendido es un caramelo en la boca, la dulzura de haber podido controlar un ápice de su vida.

Hoy va a invitar a su madre a comer, al aire libre, en cualquier parque, comida japonesa...

La vida son fogonazos de memoria, trenes de alta velocidad que sólo se detienen por avería, y si en ese momento bajas a comprar una revista, a tomarte un café o a conversar con alguien entras en la dimensión de las esquinas rotas y del olvido con la facilidad derribada de un otoño perenne.

Las calles desembocan en otras calles atestadas de gente que se oculta tras gafas de sol y teléfonos móviles, y ella se inmiscuye en el tránsito formando parte de un presente caótico que late con fuerza manejando el mundo. Mundos grandes y pequeños, mundos desapercibidos, empresariales, colectivos e individuales, mundos de todos y de nadie, un único mundo en realidad, una única avenida, un solo tiempo.  Presente continuo.

Ella quiere sol para desayunar, sol sin techo.

Y días azules.

 

 

 

 

POR LAS ARBOLEDAS DEL TAMARIT

POR LAS ARBOLEDAS DEL TAMARIT

Granada es la ciudad más bonita que conozco. Me enamoré de ella en el 98, cuando se celebraba el centenario del nacimiento de Lorca y pude visitar la casa de la Huerta de San Vicente, y su casa natal en Fuentevaqueros, callejeé por el Albaicín y llegué hasta la última cueva del Sacromonte, desde donde se divisa Granada como si te situaras por encima de las nubes.  Después he ido más veces, he visitado la Alhambra de noche y he dejado pasar el tiempo desde el mirador de san Nicolás.  Me parece perfecta, es lo que tiene el amor, y no vivir en ella, la idolatras.  En Granada vive Mamen de Miguel, persona excepcional de la que ya os hablé en los comienzos de este blog.  Mamen dejó la antítesis de Granada, que es Zaragoza, por encontrar allí su sitio y aprender a bailar. Lo consiguió, con empeño, esfuerzo y mucha ilusión.  Ha recorrido España y más allá con una compañía de danza, teatro y acrobacias.  Ahora Mamen está en la semana treinta y dos de su embarazo gemelar.  Dos niños que nacerán en una casita cuya terraza se sitúa sobre el Darro.  Os muestro en la foto que acompaña a esta entrada la gran tripa que los cobija.  En Granada también vive por opción Raúl Mainer, que no es de ninguna parte y es de todas, un hombre que me provoca una ternura y una alegría infinitas, y que luce la sonrisa más espectacular que yo haya visto nunca.  Con ambos, con Raúl y con Mamen, compartí hace demasiados años andanzas laborales, y algo más de camino se hizo al andar ... porque hay corriente de afecto, y en la distancia, nos recordamos, deseándonos todo lo bueno.

Voy a ir a Granda esta Semana Santa, para emocionarme cuando la pise y cuando me vaya, como siempre, para encontrarme con gente a la que quiero y para transmitirle a mi hijo la huella de tanta belleza... si le quedan ganas tras el palizón del viaje.

"...Tu gran luz que sostiene mi alma,

en tensión aguda"...

"Canción del día que se va"- Federico Gª Lorca

GEOGRAFÍA ABSTRACTA

GEOGRAFÍA ABSTRACTA

Ya no puedo esperarte

al final de las calles que llevan tu nombre,

como quien espera la lluvia

necesaria para la vida,

una lluvia útil de arena húmeda

y pasos marcados.

 

Me cansé de morirme respirando.

Muerta.

Quieta.

Invisible.

Hasta que tu aparecieras

y quizás

desearas acariciarme el pelo,

sonreir sin prisas,

invitarme a un helado.

 

Descubrí un mundo que latía sin ti,

nombres, películas, mascotas, espejos...

otro idioma,

otro lenguaje de signos,

otra manera de amar.

 

Y tú no estabas.

Y aunque la vida se me hacía cuesta arriba

me esperaba,

ahí arriba, lejos,

me esperaba.

Nunca he llegado a alcanzarla del todo,

siquiera a veces me pongo a la par,

la melancolía es un caballo de madera sin ruedas.

 

 De haber existido los milagros

te miraría ahora como sólo se mira lo imposible,

con el deseo intacto,

vacío de este asomo de derrota

que muerde el quicio de los años.

1971

1971

En 1971 comienza una década crucial en la historia de este país que nos catapultaría definitivamente hacia la democracia.  Aunque en ese año todavía no se intuían, ni de lejos, todas las cosas que iban a ocurrir, tiempo después, y que estaban sumergidas, aletargadas, clandestinas, preparadas para salir a la luz en cuanto fuese necesario.  Y salieron. Pero antes, volviendo a 1971, mientras El Lute se fugaba del penal del Puerto de Santa María y Karina quedaba en el segundo puesto de Eurovisión con “En un mundo nuevo”, el Cine Exin era el juguete estrella cuando las inimaginables consolas Nintendo sólo podían ser cosa del demonio.  Pablo Neruda ganaba nada más y nada menos que el Premio Nobel de Literatura, se inventaba en unos laboratorios ingleses  algo tan revolucionario como el Predictor, salía al mercado el SEAT 124, y Jane Fonda ganaba el Oscar a la mejor Actriz, siéndole otorgado a Charles Chaplin el Oscar Honorífico.  A ningún Julio Verne de la tecnología moderna se le ocurría elucubrar sobre la televisión digital mientras los auténticos vecinos de vecindario se reunían frente a la tele para ver el éxito del momento “Un millón para el mejor”, presentado por Joaquín Prat y Laurita Valenzuela.  En la radio “Simplemente María” llenaba de emoción contenida las tardes junto al brasero.

Fue el año en el que Jhon Lennon grabó “Imagine”.

Y Serrat grabó “Mediterráneo” en Milán (¿casualidad? Serrat y esa canción me han acompañado, literalmente, de por vida).

En 1971 los bancos chilenos fueron privatizados y las amas de casa chilenas iniciaron la marcha de las cacerolas para protestar por la escasez de alimentos.  ¡GLUPS!  No miro a nadie ni quiero ponerme agorera.

El 11 de Marzo de 1971, sobre las once y media de la mañana, tuve la ocurrencia de nacer, como lo hicieron ese mismo año, cosecha de la esperanza, Pilar Alejandro, Fran, Luis Montañés, Manuel Lapuente, Francisco Javier Peralta y tantas otras personas con la que he coincidido, algunas de ellas me acompañan incondicionalmente, de ahí que el único regalo fundamental en este día sea cerrar los ojos y saber donde encontrarlos.

 

 

08 DE MARZO

08 DE MARZO

"El Día Internacional de la Mujer, que tiene sus orígenes indiscutiblemente en el movimiento internacional de mujeres socialistas de finales del siglo XIX, tenía como finalidad exclusiva promover la lucha por el derecho al voto de la mujer, sin ningún tipo de restricción basada en el nivel de riqueza, propiedades o educación.

Cuando se celebró el primer Día Internacional de la Mujer en 1911, más de un millón de mujeres participó públicamente en él. 
Además del derecho a voto y a ocupar cargos públicos, demandaban el derecho a trabajar, a la enseñanza vocacional y el fin de la discriminación en el trabajo".
Declarado por la Asamblea General de Naciones Unidas. 

Fuente de información: 
ANA ISABEL ÁLVAREZ GONZÁLEZ
(1999) Los orígenes y la celebración del Día 
Internacional de la Mujer, 1910-1945. KRK-Ediciones: Oviedo.

 No sé que decir porque me gustaría sentirme más optimista de lo que me siento al escribir estas líneas.  Sé que se han conseguido avances, que ahora hay muchas alumnas en Ingeniería Industrial, que no necesitas una autorización de tu padre o tu marido a la hora de comprarte un coche, que puedes entrar a tomarte un café al teleclub del pueblo sin necesidad de confesión al párroco ... pero son tantos los años de patrones repetidos, adquiridos mansamente como una herencia genética que sigo desconfiando de la realidad práctica de esos avances.  Cuando seguimos teniendo que salir a la calle cada 8 de Marzo para reivindicar este día es por algo.  Por algo que no termina de suceder.

La violencia machista sigue cubriendo cada día la primera página de los periódicos, se nos sigue preguntando en una entrevista de trabajo si tenemos hijos o pensamos quedarnos embarazadas, son numerosos los casos en que desempeñando las mismas funciones que un hombre el salario es menor, y cada año desde hace décadas salimos tal día como hoy a la calle gritando los mismos lemas: “Nosotras parimos, nosotras decidimos”.

Algo ha debido cambiar, porque en mi caso, no soy yo la que cocina en casa, y en lugar de reprobármelo ahora hay quien me mira con condescendencia.  Esa mirada se convierte en asombro cuando decido marcharme un fin de semana fuera mientras mi hijo se queda con su padre, y no con el vecino del 5º, cosa del todo improbable porque mi casa sólo tiene tres alturas.  Y curiosamente quien primero me pone en tela de juicio son mis compañeras de generación y género.

Creo pues que los tiempos avanzan que es una barbaridad, como decía la canción, pero las personas no, su cambio viene predeterminado por tantas cosas que el sistema, poco amigo de aceptar las diferencias, se ralentiza en exceso.

En este 08 de Marzo se me pone algo de niebla en la mirada, cierta melancolía de ir cumpliendo años y no terminar de creerme los grandes logros de la modernidad, como el camelo de la conciliación de la vida familiar y laboral, entre otros.  Necesito creer en el esfuerzo de las nuevas generaciones, que se supone vienen más preparadas, más guerreras, y con menos restricciones mentales, sin olvidar a puñados de mujeres que se manifestaron y manifiestan  públicamente a favor de una igualdad para la que todavía queda mucho trecho: Dolores Ibarruri, Victoria Kent, Les Dones del 36, Mª Teresa León, Haifa Haidar, Carmen Alborch, Amelia Valcárcel y un largo etcétera que no puede englobar a todas, pero que nos identifica, por encima de cualquier frontera.

Conozco a un hombre que es matrona.  Voy a tener que enmendarme y comenzar a creer que el cambio es posible.

CELEBRACIÓN

CELEBRACIÓN

"Hay mujeres que arrastran maletas

cargadas de lluvia" (Joaquín Sabina)

 

-Yo no podría salir con un hombre que llevase peluquín, me daría cosa, que quieres que te diga, no podría evitar mirarle a cada rato el pelo postizo pensando: “¿qué esconderá ahí debajo? Hay que ver lo ridículo que está …”

 

Escucho a Hortensia hablar mientras moja los churros en el chocolate.

Tocamos a dos, pero si nos descuidamos la maraña de su verborrea nos deja sin nuestra ración.

Hortensia se quedó viuda hace cuatro años.

Se acortó las faldas y permite que sus nueras le embadurnen la cara sin compasión en un simulacro de adecuado maquillaje.

Excepto en los meñiques, luce anillos de oro en el resto de sus dedos: las alianzas de boda, los sellos de comunión de sus hijos, una sortija que se hizo con un pendiente roto…

Ella se lo pone todo, como si tuviese miedo a que se lo robaran dejándolo en el joyero de casa.

La disertación sobre peluquines varía el rumbo, le toca el turno a los dientes.

 

-No sé que es peor, que lleven fundas de oro en los colmillos o que te levantes por la noche al baño y topes con el frasquito de la dentadura postiza …

 

Hoy está especialmente dicharachera.  Y rápida.  Come, habla, gira la cucharilla, se limpia la boca con varias servilletas de papel dejando sobre ellas un rastro peculiar de carmín fucsia y chocolate.

Hortensia apenas sabe leer ni escribir.

Cuando se da cuenta de ello, cualquiera de las tardes en las que nos reunimos, por cualquier cosa, se repliega en la silla haciéndose pequeña y pasa desapercibida con el gesto de la niña a la que le han pinchado un globo.

Conocemos sobradamente la historia de su infancia, madre de sus hermanos pequeños, trabajadora en el campo como la que más, casada antes de cumplir la mayoría de edad con un hombre bueno como él sólo, pero parco en palabras, detalles y afecto, que no la dejaba llevar tacones ni ponerse bikini y que traía a casa un sueldo raso para seis bocas.

Murió y ella se quedó frente al espejo averiguando su procedencia de mujer sola, sin nadie a quien atender, con necesidades y miedos y días de fiesta por delante.

Casi le asustó un poco aquel poso de satisfacción en medio de su viudedad.

Pero salió a la calle como quien se atreve a cruzar una esquina después de un bombardeo y descubre que queda ciudad y queda vida.

 

-Las uñas de los pies, ya he cortado bastantes, no gracias, sólo de pensarlo… no ha nacido tío al que le corte yo ahora las uñas de los pies…

 

Nos reímos y ella se apoya satisfecha en el respaldo de la silla, animada por la acogida alegre de sus palabras.

Hoy es Jueves, normalmente solemos reunirnos los martes, pero hoy es el cumpleaños de Mercedes y nos ha invitado a esta chocolatería del centro.

Mercedes no salió de las clases de corte y confección donde nos conocimos el resto, llegó como por descuido, con sus botas altas y su larga cola de caballo, amazona silenciosa, una tarde de lluvia torrencial en las que fuimos a refugiarnos dentro de un mercado.  Olía a sardinas rancias, las baldosas blancas del suelo ennegrecidas, luz escasa.  El mercado sólo mantenía abiertos un par de puestos, y un  pequeño asomo de cafetería en una esquina al que nos abalanzamos sin pensárnoslo dos veces.

Las tres llenábamos toda la barra, que apenas sobresalía un poco del diminuto hueco en la pared habilitado como bar.  Una amalgama de estanterías con botellas, una cafetera y unas cubiteras componían el telón de fondo.

Parecía no haber nadie.  Aún nos asomamos de puntillas sobre la barra, como esperando encontrar a uno de los siete enanitos apilando cajas.

Nos sorprendió una voz a nuestras espaldas:

- Uy, creo que estas señoras necesitan un café con leche bien caliente…

Venía secándose las manos en una toalla de papel. Se coló dentro del puesto por una puerta minúscula a la altura de nuestras rodillas sobre la que no habíamos reparado, y sacó, no sé de donde, unas tazas de loza enormes y unas magdalenas deliciosas que nos sentaron de maravilla.

Es de esas personas que sin saber dónde estaban antes parecen incluídas en tu vida desde los inicios.

Al poco rato de haberla conocido resultaba una más, generaba una confianza tibia y asequible, como su café con leche y las migas sobre la falda de sus magdalenas.

De buen rollo, como dirían mis nietos.

Aunque nunca me han gustado las mujeres que pasada una edad determinada se dejan el pelo largo, con Mercedes es diferente, en ella todo parece adecuado.

 

-Mejor que no digas nada Hortensia, a ver si luego te echas un novio que cumpla todos los requisitos que detestas, mira que el amor es ciego …

 

Mercedes sabe de silencios y de cegueras, aunque le sonría a Hortensia con suavidad y picardía, aunque parezca que en esta tarde de primavera cuatro amigas toman un chocolate hablando de cosas triviales que no detendrán la rotación de nadie.  Porque se ha tirado la vida esperando que la eligieran, siendo reserva en el banquillo de las Navidades y en los meses de verano, esperando bajo las sábanas, en bata, casi siempre de noche, enroscada sin querer en el nido de las víboras.

Para que al final todo siga como empezó, tan cómodamente como al principio, es a ti a quien quiero pero vivo con otra, nadie cocina como tú, pero me como lo de otra, hay que ver qué manos tienes pero son otras las que se posan en la almohada de mis iniciales.

A estas alturas ya no hay más que llamar a las cosas por su nombre, pese a seguir deseándolas.

 

-Lo de menos son los complementos Hortensia, igual pelo y dientes son postizos y hasta hay que cortarle las uñas pero resulta ser un tipo extraordinario …

 

Sigue confiando Mercedes, estoy segura de que cree tener más tiempo del que le queda, un tiempo además fructífero, de bienes compartidos, con un sol de justicia.

Y qué más Reina.  ¿No ves que la palabra Justicia es un cebo vivo?, una de esas promesas de futuro que se esperan eternamente con la confianza del merecimiento.

La manzana que hay que morder con las manos atadas.

Una burda mentira para rellenar el sentido de la vida.

 

-No existen los tipos extraordinarios chicas, nos lo podrían haber avisado cuando vinimos al mundo, otro gallo nos cantaría ...

 

Trini está hasta el gorro del género masculino, “a mis años me he convertido en una feminista radical”, nos dice a veces con media sonrisa helada.  Ella, Reina en su día de los Cafés cantantes, y de ese género que comienza a caer en el olvido irreparable y consentido: las Variedades.  Sigue luciendo unas piernas casi perfectas, como lo eran cuando bajaban enfundadas en pantys de rejilla las escaleras y se sentaban sobre las rodillas de hombres elegantes que fumaban puros.  Los hombres le han regalado joyas, bombones, pasajes de avión, noches en hoteles de lujo ... pero nunca ha encontrado a uno con quien mereciese la pena envejecer. Alguien que le dijese: “Quédate conmigo”.

Si hubo alguno que trató de insinuárselo ella no se dio cuenta, y cuando quiso realmente que ocurriera las coordenadas del tiempo habían cambiado, se cerraban los teatros de siempre con sus letreros de neón fundidos colgando de las fachadas,  las cigarreras sin pensión y sin propina, furiosamente envejecidas, perecían solas en sus casas frente a estufas catalíticas y el mundo que se había jugado de madrugada a las cartas la leontina de plata del abuelo miraba para otro lado sin querer reconocerla.

 

-         Huyen de las dificultades y no tienen sangre en las venas ...

 

Fue madre soltera y  artista en una época en la que estaba mal visto ser cualquiera de las dos cosas, y ya no digamos ambas ...  cómo sacudirse luego el San Benito, desear una casa con ventanas llenas de geráneos, y pasear por la calle agarrada del brazo de alguien que le abriese las puertas de los cafés.

Néstor ya descubrió hace tiempo que Trini no era su tía, como le habían contado durante muchos años, sino su madre.  Viene a verla a menudo y le envía flores por el Día de la Madre, pero a ella le parte el pecho que la siga llamando por su nombre de pila.

 

-Tú sí que has sabido hacerlo Olvido... enganchaste a uno de los buenos.

 

Reímos todas.  Pido un vaso de agua, se me ha quedado la boca seca.  Hace más de cuarenta años que me casé con Paco y no he amanecido a un solo día de mi vida en el que no me haya arrepentido.  Publicitariamente hablando es un hombre cordial, con don de gentes, honesto y cabal.  De puertas para a dentro es un ególatra depresivo que no soporta que nadie respire más fuerte que él.

Había decidido abandonarlo cuando me quedé embarazada de Nicolás y un año y medio después de Verónica.  Me refugié en los críos como la avestruz que entierra la cabeza, pero los niños traían una hermosa vida de seres dispuestos que me ofendía.  No sé porqué, pero me resultaba insoportable su alegría desbordante sobre todas mis heridas, sus amistades nuevas, los saltos de trampolín de su libertad.

Y les corté las alas siempre que pude, procuraba que bajasen de golpe de las nubes a las que solían encaramarse.  Vuestro padre es así, chicos, mirar mi cara, mirar a todas las mujeres de mi edad que en nada se parecen a mí, mirarlo a él y compararlo con el resto de padres, tenemos una vida gris de ratones asustados, aunque os inviten a fabulosas fiestas de cumpleaños y siempre llegue el verano.

Moraleja: mis hijos, hoy ya padres, me detestan.

Cumplen con sus obligaciones básicas y sus visitas apresuradas.

Se me ha olvidado cuando fue la última vez que me besaron.

De nada serviría decirles que jamás pretendí que las cosas salieran así, yo quería, como dice la protagonista de “Cosas que dejé en La Habana”, una vida bonita, con álbumes de fotos y vacaciones en Roma, un vestidor enorme y un hombre que además de darme de comer me regalase violetas.

Ni siquiera la infancia tiene el control remoto de las cosas.

La historia no funcionó para nadie y todos perdimos.

Se nos notan en la cara las apariencias y lo que hubiera podido ser.

Aunque yo procuro disimular, mirar todos los días de frente, pagar con la tarjeta de crédito, ser la señora de tal.

Esta tarde, antes de venir a la reunión con mis amigas y sabiendo que no la cambio por nada,  con su cara mortuoria me ha pedido que no me fuera, que si un dolor en el pecho, que si me cuesta respirar, que si me meto en la cama ... me he arreglado rápidamente y ya con las llaves en la mano he oído como tiraba las cosas que había sobre la mesilla al tratar de incorporarse.  He cerrado la puerta y al entrar en el ascensor le he oído gritar mi nombre.

 

-         Seguro que después de tantos años ya no lo cambiarías por otro, os conocéis tanto...

 

Lo conozco lo suficiente como para saber que esta vez iba en serio.

Vamos a cantarle el cumpleaños feliz a Mercedes.

Brindemos.

Posiblemente mañana comience el resto de mi vida.

 

MORIR DE PENA

MORIR DE PENA

 Siempre he pensado que se puede morir de pena.  El parte médico nos dará la explicación lógica que necesitamos para todo (neumonía, tifus, lo que sea), pero la tristeza nos hace abandonarnos hasta tal extremo que podemos convertirnos en pasto de cualquier derrota, de cualquier miseria.  Esto fue lo que le ocurrió, hace setenta años, a Antonio Machado (1875-1939),  que murió en el Hotel Bougnon-Quintana de Colliure, a consecuencia de una neumonía, de la derrota, del desamor y del exilio.  Como para no morir.

Catedrático de Literatura Francesa y perteneciente a una familia sevillana intelectual con hondas raíces republicanas, Machado participa entusiasmado en las iniciativas culturales de la Segunda República, defendiéndola hasta lo indecible mientras su hermano Manuel gana puntos en el escalafón Franquista durante la Guerra Civil, el drama vivo de las dos Españas.  Enamoradizo y melancólico Antonio Machado se queda viudo de la joven Leonor Izquierdo el mismo año de su aclamado éxito con " Campos de Castilla"(1912).  Años más tarde inicia una relación con Guiomar (Pilar Valderrama), una mujer casada y con hijos, ferviente admiradora de su poesía, con la que tampoco logrará alcanzar la plenitud amorosa.  En "Sí, soy Guiomar", las memorias de Valderrama, se detallan todos los pormenores de la relación , así como parte de la correspondencia que mantuvo con ella Antonio Machado (prácticamente la totalidad del legado epistolar del poeta, una especie de diario íntimo, fue destruída en vísperas de la guerra Civil, lo que supone toda una tragedia).

Ian Gibson (Dublín, 1939), hispanista mundialmente reconocido, gran estudioso de la obra y vida Lorquianas, detalla en "Ligero de Equipaje" (Aguilar, 2006) la vida de Antonio Machado desde sus ancestros hasta el trágico final en Colliure.  La profusión de fechas y detalles puede resultar desbordante, pero el libro recoge con pulcritud y esmero todos los escenarios, momentos y antecedentes que convirtieron al poeta en lo que fue: un genio que nunca quiso serlo, retraído y olvidado, en la época que jamás hubiese imaginado que le tocaría vivir: su país en guerra.

Son conocidos los últimos versos que encontró su hermano José en el bolsillo de su chaqueta: "Estos días azules y este sol de la infancia".  Su ataúd fue portado por milicianos republicanos refugiados.  Tres días después falleció su madre.

En la última página de "Ligero de Equipaje" Gibson dice: "Queda el consuelo de la obra del poeta, cada vez más leída y traducida en el mundo entero".

Cierto, al final nadie pudo con la fuerza de sus versos.

"Late, corazón... No todo se lo ha tragado la tierra." (CXX, Antonio Machado)