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MARTES DE CENIZA

POESÍA DE FEBRERO

POESÍA DE FEBRERO

Antes de que termine el mes, porque empiezan pareciendo interminables, extensos , prometedores, y se escurren como agua entre los dedos, he de seguir con mi intención de celebrar la poesía dedicándole cada mes un hueco honorífico.  El mes pasado fue García Montero y este le toca a Lola Mayo. La obra de esta autora me la recomendó un día Ramón de Aguilar, que sabe mucho de muchas cosas, especialmente de Literatura, y da gusto escucharlo y leerlo, y por eso me metió por los ojos y directamente a la vena los versos de esta mujer, que se ha hecho más famosa como guionista de cine y televisión que como escritora, aunque nadie le quita la creación de maravillas únicas como esta:

A disfrutarla todos.

"La Limpiadora de Cuartos"

LLEVO AÑOS limpiando habitaciones

que no son las mías,

y haciendo las camas donde duermen los otros,

y creo conocer

un poco de las vidas

de la gente que viaja,

de los hombres que viven

en hoteles o en casas

por un día o un mes.

He limpiado las casas de la gente infeliz.

Dejan siempre ventanas cerradas

y calcetines feos tirados por el suelo,

y no tienen libros,

y no escriben cartas

ni apuntan los nombres

de las cosas que vieron.

Los felices en cambio,

yo no sé por qué,

dejan escrito sin letras

lo felices que son.

Será probablemente

que olvidan en las camas

camisas de colores

y pijamas del revés

y postales con el mar

y libros de lomos rotos.

O será que los felices

cambian de sitio los muebles,

traen geranios de la calle

y marcan con pintalabios

los espejos.

Me gustan más los felices.

Yo les coloco los libros

y les doblo los pijamas

y les termino las cartas

que dejaron sin firmar.

Me gustan más los felices,

a pesar de que, ya ven,

me dan mucho más trabajo.

 

Lola Mayo

 

CARNE VIVA

CARNE VIVA

Me dejé la piel.

 

No eran las cinco en punto de la tarde,

ni siquiera recuerdo la fecha precisa,

pero sé que la lluvia me dolía

y el viento trazaba heridas fugaces

sobre mis hombros decaídos.

 

Supe que me había quedado sin piel

cuando ví como me miraba,

con la pena de los atardeceres rotos,

rescoldos de amor viejo

y los bolsillos vacíos.

 

La peor limosna

es una caricia marchita.

 

“Vete por dónde has venido”,

quiso decirme aunque no pudo,

“me siento incómodo”.

Yo buscaba, aterida,

la sombra aún caliente de lo que fuimos,

pero los cadáveres se descomponen rápido

queriendo convertirse en ausencia,

trampa de un recuerdo magnificado

donde el dolor se torna poesía.

 

Me dejé la piel,

pero no fue suficiente.

Nunca lo es.

 

Cuando nos vemos,

todavía la lluvia huele a playa desierta,

 

 y me duele.

LA SEGUNDA MUJER

LA SEGUNDA MUJER

"La Segunda Mujer" de Luisa Castro (Foz, Lugo,1966) es una novela de 2006 que nos habla del amor con mayúsculas, de sus renuncias, entregas, pasiones y mundos germinados.  Un amor absoluto, de vendaval.  La historia de dos personajes antagónicos condenados a encontrarse, y a pisar uno el mundo del otro como el turista que pisa parajes exóticos sabiendo que su casa está en otra parte.  Julia y Gaspar llegan a venerarse, pero tienen los pies de barro y descubren la mentira del "contigo pan y cebolla".  Porque el amor no debe protegerte de la realidad, sino acompañarte a descifrarla. Luego están las familias, esos escudos heráldicos que siempre pesan mucho más de lo que parece, los vericuetos del alma, y la desilusión.

Es lo primero que leo de esta autora, pero no será lo último.  Me ha vendido unas gafas para leer con precisión su texto que me gustan, se las compro.  Tiene, además de otras novelas,  ("El somier", "La fiebre amarilla"...) el libro de relatos: "Podria hacerte daño" (Premio de Narrativa Torrente Ballester, 2004) y toda su poesía recopilada en. "Señales con una sola bandera.  Obra reunida 1984-1997".

Es colaboradora habitual de "La Voz de Galicia", "El Mundo" y  "El País Semanal".

Autora de intensa actividad que convence, y si te descuidas, compromete.

MOLINOS DE VIENTO

MOLINOS DE VIENTO

“Velo por los mendigos humanos

desde el fulgor de mis tristezas" (Miguel Labordeta)

                                                            

                                                        

Yo sé que sigue evocando su olor con la nitidez de los recuerdos que no son fugaces.

Esas imágenes abrazadas a la memoria como hiedra cubriendo los cimientos de las cosas que tardaremos en comprender.

Pero que están ahí.

Como las noches largas.  O los días de fiesta.

Imágenes incorruptas asociadas a lo inevitable.  Viajando desde el país de lo inevitable.

Recordar una manera de peinarse el cabello, un nudo peculiar en los zapatos o el dibujo de las comisuras de la boca al sonreir es algo completamente distinto al recuerdo de un olor.  Este es niebla densa que se extiende, presencia, sombra alargada que pasa de puntillas por lugares inverosímiles, que se cuelga de los hilos que arrastran los bajos de los abrigos, menos obvio, menos pueril y menos decadente que el cabello rubio en la solapa, el beso de carmín en el cuello de la camisa, o la llamada imprevista de madrugada.

A un olor no se le puede mirar a la cara con desvergüenza esperando que agache la cabeza.

No se le puede esposar, denunciar, acosar, mandarle a unos matones para que le partan las piernas.

Hay que convivir con la posibilidad de su dictadura mientras se sienta a la mesa y toma el mejor bocado, decide qué programa de televisión vamos a ver o anida en el hueco de la mano que te acaricia distraídamente las rodillas.

Mi limitación para definirlo le da alas.

Posiblemente ella huela a fin de invierno y a sueño tranquilo, a los días que se despiertan siendo muy azules, muy vivos, a película y a palomitas, a Navidad y a calcetines de lana ...  ella debía oler a catálogo del Corte Inglés por los cuatro costados, y sin querer.

Una de las veces que me hice la encontradiza con ella estuve a punto de preguntarle qué colonia utilizaba, pero me pareció desmedido y propicio para que reparase concretamente en mí, cosa que para nada me interesaba.

A Raúl siempre le gustaron las mujeres altas de pelo oscuro e imponentes caderas, con el maquillaje adecuado, bien vestidas.  No sé qué pudo ocurrir para que se enamorase de Claudia, el antiprototipo.  El caso es que sucedió, no me importa en absoluto como fue, sino lo que generó.

Perdió la cabeza y casi lo pierde todo por una mujer que viste de manera masculina, ropa amplia, zapato plano, canas a la vista … esas pulseritas de cuero que llevábamos hace veinte años, la cara lavada, los ojos azules, propietaria de una motocicleta tipo repartidor de pizzas, y un piso de techos altos en el Casco Antiguo.  Separada.  Me da por pensar que no quiso tener hijos.  Profesora de Instituto.  Come muchas ensaladas, queso, natillas …  bebe vino rosado y leche desnatada.  Recicla la basura.  Lo sé porque se la he registrado.

Una y mil veces más lo haría.

Cuando tu marido reconoce abiertamente que se ha enamorado de otra mujer y que se está replanteando su futuro, que es el tuyo y el de tus hijos, y el de los armarios roperos de mi casa, y el de mis suegros, y el del monovolúmen, y el de la cara con la que me mirará la dependienta de la tintorería, y el de los vecinos de rellano, la labor de investigación ha de ser exhaustiva.

Conocer al enemigo.

Tener bien claro que no son molinos de viento.

Frente a Raúl aguanté el tipo, hasta entonces, en dieciséis años de relación, él había tenido sus aventurillas esporádicas y yo las mías, eso le daba oxígeno a la convivencia, nos distanciaba de la monotonía.  Sabíamos que los juegos de ilusionismo se quedaban en el felpudo de bienvenida de la entrada.  Una cosa eran las atracciones del parque, el algodón de azúcar, y otra pelar patatas para la cena mientras ayudamos a los crios con los deberes.  Hasta el “momento Claudia” supimos siempre dónde queríamos volver.

No fue de repente, de eso estoy segura, pero yo me dí de bruces contra el cristal como quien dice Buenos días o guarda los cambios en el monedero.  Un giro, un giro muy pequeño en medio de los gestos normales, entre los días sucesivos.  Me visto, desayuno, leo el periódico, me miro en el espejo del ascensor, cojo el coche, mi marido me está engañando y esta vez va en serio.

Vértigo en la boca del estómago, la boca seca, ni siquiera habíamos tocado el tema, se acercaba el fin de curso, planeábamos tantas cosas para las vacaciones ….

Cuando esperó a que se acostaran los niños, apagó el televisor y vino al cuarto de la plancha quise difuminarme, accionar la maldita palanca de la máquina del tiempo, no quiero, no quiero que esto me pase, no por favor …

Lo contó despacio mirándome a la cara, con una voz sin matices que parecía de otro.  Habló de tiempo, de reflexión, de irse unos días … resultaba muy difícil mantener la pose de mujer moderna educada en colegios de pago, porque me daba mucha rabia que Raúl no mostrase ni un átomo de vergüenza, remordimiento o culpabilidad.  Si el otro abre esos abanicos una se crece en ellos, encuentra enseguida su sitio, pero en este caso ninguno de esos sentimientos afloraba, ni siquiera le noté abatido.

Cansado sí, como si viniera de conducir toda la noche, tenía ojeras y había descuidado su barba de pocos días.

Sabía que no iba a montarle ningún escándalo, no era mi estilo.  Tampoco yo sé que estilo hay que tener cuando tu pareja te dice que se va con otra, que es lo que espera de ti.  O en realidad no espera nada, admite lo que venga porque tiene claro que, sea lo que sea, no lo detendrá.

Por eso estaba convencido de que no iba a arrojar su maleta por la ventana.  La hizo en un santiamén, posiblemente había meditado despacio lo que iba a llevarse, cuatro cosas, se dejó los útiles de aseo, el resto de calzado, sus libros de cabecera.  Supe que guardaba la ropa mientras se zambullía en el mar, que no había calculado bien las distancias, que no controlaba la cronología de la huída.  Supe también que aquello era ni más ni menos que el principio de la fragmentación, pero sólo el principio, con un montón de coletillas venideras y de retornos, que me brindaba el tiempo suficiente para rearmarme y salir a la jungla con el puñal entre los dientes.

Le dejé marchar porque era lo que tenía que hacer, prometió seguir asumiendo sus tareas como padre, recoger a los niños en el colegio, llevarlos a sus actividades extraescolares, estar con ellos por la tarde.  De momento no íbamos a decirles nada, ya lo pensaríamos después y se lo comunicaríamos conjuntamente.

Después cuando.

Después cómo.

¿Cuando es después?, ¿qué debe ocurrir?, ¿hay que quedarse bordando en el sofá esperando a que suene el teléfono?, ¿qué cantidad exacta de lágrimas hay que llorar?, ¿Cómo sabe una que la han abandonado definitivamente?

Yo ya sé que puedes tener pareja y estar más sola que la una, puedes tener una pareja que sea como un marido de pago, como un figurín de Telva, algo representativo, mínimamente para salir del paso.  Pero lo tienes, sabes que está en la ducha, su postura a la hora de dormir la siesta, sus mensajes en el móvil.  Conoces una por una las palabras que te escupiría a la cara si pudiera.  Pero no puede.  Y pasa la Nochebuena contigo.  Y te hace un regalo caro.  Y te lleva a la cena de empresa y al cumpleaños de su madre.

Has parido a sus hijos, porque fue un buen momento, el momento adecuado en un transcurrir del tiempo que fue haciéndose escarpado, y esa patria potestad en el mercado de valores vale mucho, muchísimo.  Y no necesitas utilizarlo porque es tan evidente como las ortodoncias y los aprobados, como los pánicos nocturnos, los triunfos deportivos, las actuaciones de fin de curso, la primera regla y el primer cigarro.

Sólo el tiempo te da la razón.  El tiempo a las espaldas, la baba de caracol se traduce en pequeñas operaciones que se traducen a su vez en noches en vela maldurmiendo en una silla de hospital, en firmas de notas escolares, de hipotecas y de letras, en la simple firma para poder recoger un certificado, en partidas de nacimiento, libros de familia y cientos de fotografías.  Hay que ver lo que pesa una triste foto.  La sonrisa de ese día, la luz, el gesto.  Son testigos implacables.  Estaban contigo y apostaron el resto de su vida para seguir estándolo.  Y te persiguen por toda la casa, en marcos de plata, de madera, hechos en un taller de manualidades del colegio.  Te das cuenta de que siempre te han estado observando, desde la entrada, sobre las estanterías, entre las copas … ahí está el que fuiste, a los que amaste, todos los años seguros temblando ante la improvisación.

Porque también tiene algo de teatral coger una noche la maleta y representar el sempiterno ahí te quedas, si lo piensas, hasta raya en el ridículo.  Porque ya no tienes cuarenta años para achacarlo a la famosa crisis, roncas y te huelen los pies, la carne te gusta muy hecha, juegas una partidita mensual de mus con los amigos, y sabemos de sobra qué llamadas pasarte y a cuales responder que no estás en casa.

Dudo que pensara en todas aquellas cosas desvanecidas que parecían no importarle.

El caso es que la puerta se cerró y me quedé petrificada en medio de un silencioso pasillo.  Todavía me asomé al salón tratando de encontrarlo, queriendo haber imaginado lo ocurrido.  Pero sólo quedaba la forma de su cuerpo en su sillón de lectura, el periódico sin desdoblar y una ausencia apabullante revolviéndolo todo con cuidado.

Su historia con Claudia duró siete meses, durante los cuales cumplió con sus obligaciones como padre y gestor del hogar.  No se la presentó a los niños y siempre procuró cuidar las formas.

Cuando los observaba de lejos lo veía reirse mucho, gesticular y hablar sin parar.  No se correspondía con la imagen de dieciséis años de duración que yo tenía de Raúl.  Adelgazó y se descuidó un poco en el vestuario.  De casa fue llevándoselo todo, hasta los discos de vinilo.

Debió creer que la cosa podía prosperar.

No sé que sucedió, porqué rompieron.  Lo hicieron cuando ya me había dado por vencida reconociendo que Claudia me caía bien, es una de esas personas que a todo el mundo le vendría bien tener cerca, aunque no tan cerca, claro.

Volvió con su cargamento de trastos y su mirada perruna, sin arrepentimiento, sin súplicas, pero con un innegable dolor en las pupilas.

Podría haberme atrincherado, pero no lo hice, podría haber crecido, hacerme fuerte, imponer nuevas reglas … pero no lo hice.

Volvió al hemisferio de las fotos y al no te vayas tanto de viaje de los niños.  Se sucedieron los cumpleaños, las bodas, el mus con los amigos, el sexo pálido y bochornoso que nos sobresaltaba en la noche cerrada.

Y tres años después de Claudia y esta vez sin explicaciones, todo por escrito, se marchó definitivamente, no con ella, no con nadie en un primer momento, por mucho que yo no diera crédito a que tuviera el valor de reinventarse solo.

Es mucho más humillante que te dejen a cambio de nada.

Hubo reparto de bienes, separación legal en condiciones bastante beneficiosas para mí.

Los niños están bien, mejor que él, que no puede evitar cierta melancolía en la mirada, cierta sombra de lo que dejó pendiente.

Comenzó a provocarme una total indiferencia desde el mismo instante en que salió por la puerta con las manos en los bolsillos y la conciencia vertida en unos miserables folios con los que aún creo toparme sobre la encimera de la cocina.

Desconozco lo que siete meses de su vida pudieron proporcionarle, comparados con toda una estructura familiar.

Los hombres tristes me dan grima.  Los hombres-suspiro.

Los hombres tristes y solos.

Porque aunque esté con otras no está con ella, que no lo esperó y pasea de la mano con un acompañante al menos diez años más joven que no parece haber dejado nada atrás, y si lo ha hecho ha sido sin deudas.

En cualquier caso y como lo conozco porque siempre hay una parte de los demás que dimos a luz, engendrada y alumbrada por años de convivencia, sé que supo, y aún sabiéndolo se fue, que no debía volver a buscarla.

Por eso su olor, algunas veces, lo rodea como si fuese una boa de siete metros que aprieta con fuerza, para dejarlo aterido y exhausto, a la deriva.

 

"REMAKE"

"REMAKE"

La ví hace poco en "Versión Española".  Partía con ventaja porque me gustan mucho Juan Diego y Silvia Munt.  El argumento me enganchó desde el primer instante, como lo hacen otros que rescatan el pasado para entender el presente y vislumbrar el futuro, esos que van dejando miguitas de pan... es una de esas historias capaces de mirar atrás sin rasgarse las vestiduras, entendiendo que las cosas suceden precedidas por eslabones y que las personas mudan de piel como las culebras.  Está dirigida por Roger Gual y es una coproducción hispano-argentina de 2005.  Una masía que se vende y cuyo único habitante invita a todos los que un día vivieron allí con él al estilo de una comuna.  Niños que nacieron allí y que se educaron en plena naturaleza, sin colegio ni arquetipos clásicos, y que vuelven reconvertidos, como sus progenitores.  En qué y cómo es mejor verlo.  Trata el debate generacional de un modo extraordinario, y la dignidad de cada cual está expuesta a múltiples factores que la modifican.  Examen de conciencia, dolor de los pecados y poco propósito de enmienda.

Para mí una lección magistral, de las que hay que ver.

CUENTOS

CUENTOS

Igual que hay que comer de todo para mantener una alimentación equilibrada, hay que leer de todo, fundamentalmente para decidir con qué nos quedamos, y para permitirnos el lujo de decantarnos por uno u otro género según nos de el aire.

No estoy de acuerdo con la catalogación "Cuento infantil", dentro de este imenso y diversificado  hábitat encontramos historias que podrían encajar perfectamente en el "pshycotriller", moralejas despiadadas y deshumanizados ambientes que poco tienen que ver con el mundo Disney...  Quiero decir que los cuentos infantiles no deberían ser exclusivamente para el lector-niño, porque si es cierto eso de que todos llevamos un niño dentro hay que seguir alimentándolo, ponernos en su piel y contarnos lo que siempre nos ha gustado que nos contaran.

Las posibilidades son infinitas, el cuento tradicional tiene ganado su espacio por veteranía y derecho propio, pero hay miles de obras en el mercado que nos hablan a todos de multiculturalidad, educación en valores, intercambio de roles... cuentos para que aprendamos todos, sonriamos y nos quedemos con la boca abierta.  Hay que recuperar al pequeño lector, que se nos quedó atrapado como Pinocho dentro de la ballena,  e ingerir con entusiasmo toda la belleza del cuento actual, para transmitirla y contagiarla.  Porque las buenas narraciones son islas paradisíacas a las que siempre retornaremos.

"Señor Nimbo y la Máquina de nubes" es un cuento de Nuria Rodríguez publicado en Sieteleguas Ediciones. Esta editorial destina parte del importe de sus libros a un proyecto educativo en Bolivia, e imprime en papel ecológico.  "El trabajo del Señor Nimbo consistía en fabricar nubes con su máquina y repartirlas por el mundo con su bicicleta voladora..."  Aparece una bruja, y hasta una recomendación para comprender porqué nunca llueve a gusto de todos.

"Yago, el cocodrilo vegetariano" de Ignacio García-Valiño y Carles Árbat, de Buchmann Ediciones, incluye CD con la narración contada por el propio autor.  "Yago tenía siete años y su gran problema era que no le gustaba la carne, ¡qué deshonra para la familia!, ¡un cocodrilo vegetariano!".  Los demás cocodrilos le llamaban "Cacadrilo", hasta que conoce a alguien tan diferente como él , que le ayudará a ver las cosas de otra manera como sólo puede hacerse a través de la amistad...

En fin, ejemplos hay miles, sólo hay que perderse por las estanterías dedicadas al público infantil, admirar las ilustraciones, los títulos, esos cuentos que ofrecen la posibilidad de ser exclusivamente leídos en completa oscuridad, otros que llevan imanes, abalorios, acuarelas... hay para todos los gustos, personalmente yo me iría cargada hasta las cejas, porque el partido que se les puede sacar es tremendo. 

Confieso que mi posesión más valiosa son los libros, especialmente los cuentos.

PASADO VULNERABLE

PASADO VULNERABLE

No te llamaré amor,

sino pasado vulnerable,

porque se cumplen años sobre la sabiduría de los conceptos

y una reconoce la importancia básica

de llamar a las cosas por su nombre.

 

Crecer es lavarse la cara con agua fría,

oler el peligro,

no permitir algunas equivocaciones

como por ejemplo,

errar en un paso de baile

para tener que mirarte a los ojos

echando de menos tu boca.

 

Ahora ya no es tiempo,

aunque siempre lo haya no es tiempo,

de volcarse la vida por un beso

que nos dejará tiritando desnudos

sobre el presente de otros.

 

No te me puedo permitir,

es así de simple.

Si estamos tan lejos es por algo

si han pasado los años es,

además de por inercia,

porque cada uno tomó de ellos lo que necesitaba

o creía necesitar,

la carta blanca de la cordura.

 

No te llamaré amor,

sino foto en blanco y negro,

tiempo acontecido,

desamparo.

 

Hace veinte años

las estrellas lucían puntas de aluminio.

POESÍA DE ENERO

POESÍA DE ENERO

Una vez al mes, qué menos, dedicarle una entrada a la poesía para seguir creyendo que la vida no es hermética y que los cambios necesarios son una cuestión de Fe poco religiosa.  Inauguraré el año con García Montero, como no, ya conocéis mis debilidades.  Espero que os guste.

Canción 2001

 

Los periódicos son

largas noches de invierno.

 

Mis palabras se queman en la lumbre.

 

Y en los televisores

llueve sobre mojado,

precisamente allí donde la tierra

no conoce la lluvia.

 

El frío del sermón

ha descubierto rosas, castigos y milagros

en las reglas impuras de la objetividad,

y ahora vende noticias

en vez de arena blanca en los pasos del naúfrago

o libertades en los cementerios.

 

Son las reglas

y el mar no las olvida.

 

Yo te espero a la luz de un pasado imperfecto.

Tú llegas por las sombras de un futuro perdido.