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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2014.

DE FRAGMENTOS

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http://martesdeceniza.blogia.com/2013/062101-la-pena-es-claustrofobica.php

Quizás para situarse convenientemente convenga leer el enlace que da comienzo a esta entrada, entenderemos mejor las coordenadas de lo que pretendo contar.

Ayer fue día 13, lunes además, Enero, por si le faltaba algo a la fecha.

Desde que escribí "La pena es claustrofóbica" han pasado ocho meses, en este tiempo mi padre dejó de leer su periódico deportivo de todos los días, olvidó firmar, y asistir a su visita puntual al peluquero, es decir, perdió de vista las migas de pan que señalaban su camino, sus costumbres, su forma de ser y estar.

Los neurólogos y especialistas fueron modificando un discurso que saltaba de puntillas sobre los tejados, quiero decir que se trataba de un mensaje frágil, difuso, sin cohesión.  Del Alzheimer se habla mucho y se sabe muy poco.

El que a nosotros nos tocó en suerte se llevó a mi padre por completo y nos dejó un enfermo dependiente que trató por todos los escasos medios que le quedaban de agarrarse a la vida sin conseguirlo.  En los márgenes del tiempo uno acaba siendo una sombra que se difumina.

Perdió la movilidad y a comienzos de Diciembre la última caída le propinó una brecha en la cabeza que terminó por postrarlo en la cama y requerir de ayuda extra para levantarlo, acostarlo o cambiarlo de postura.

Dejó de hablar, aunque hasta el final reconoció a sus nietos y se los comía a besos.

Se despedía diciéndonos adiós abriendo y cerrando los dedos de las dos manos, como los niños chicos.

Dejó de importar la historia, el pasado, los vínculos... te condicionan la vida, pero al final, cuando necesitas toda la ayuda del mundo para respirar o beber agua, se relegan al trastero de la memoria porque toca arremangarse, responder a lo básico, acompañar.

Ayer, a primera hora de la mañana de un Lunes 13 de Enero, mi padre fallecía durmiendo en su cama.  Se acabó la agonía.  Quizás podríamos haber hecho las cosas de otra manera, pero cuando se hace todo lo posible lo demás son globos sin aire, flor sin olor.

En medio de la pena, que siempre acecha, se queda como un poso frío e imprevisible dispuesto a romper los diques en cualquier momento, una descubre que estamos hechos de fragmentos reciclados.  Comparamos la ausencia con otras tratando de buscar los abrigos y la esperanza, esa fórmula de la supervivencia que sabemos que funciona, que sólo hay que recordar cómo ponerla en práctica, las herramientas imprescindibles y las que nos sobran. Nos miramos en el espejo de los más jóvenes para robarles un poco de su inmediatez, su pasión y su mañana será siempre otro día, y en el de los más veteranos para tratar de obtener el innegable poso de la experiencia, esa elegancia frente al dolor y al cúmulo de ausencias que sólo se adquiere cuando se ha vivido comprendiendo que nada más importa.

Hechos de pedazos, sí, un puzzle que trata de reflejar las estaciones y puntos de encuentro que somos, personas que se construyen apoyadas en otras.

Sólo la gente que te importa importa cuando te falta tu gente.

Perdonarme la frase que parece sacada de un graffitti en la puerta de un lavabo o de la portada de una carpeta adolescente, ya sabéis esto que digo a veces sobre las licencias que una se permite por tener un blog, o un diario abierto al público, para contar cosas que de otra manera sería tan difícil contar...

Mi padre no quería exposición pública, si habéis leído la primera parte comprenderéis sus porqués, era anticlerical, ateo y de izquierdas, así que nada de funerales ni velatorios... polvo eres y en polvo te convertirás tan solo como viniste... 

En la memoria que él perdió estriba la diferencia.  Todas las diferencias

14/01/2014 17:03 Puri Novella Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

"ESPUELAS DE PAPEL"

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"Siempre hacia adelante, siempre,

aunque tengas que picar el vientre 

del caballo con espuelas de papel"

La cita más característica de esta novela (Alfaguara, 2004) serviría como resumen de una historia trabajada concienzudamente, bien documentada y rica en matices poéticos.  De principio a fin recrea los paisajes y personajes propios de la época, una posguerra feroz entre una andalucía inhóspita y seca y una Barcelona gris, despiadada, marcando a fuego las desigualdades sociales, el qué dirán, las apariencias.

La novela me ha recordado al mejor Juan Marsé y creo que a él le gustaría mucho esta historia, lo que representa, cómo lo cuenta, a qué huele.

Porque "Espuelas de Papel" mantiene alerta los cinco sentidos, escuchas los pasos de zapatos gastados, el correr de las cortinas improvisadas para separar estancias, el sonido de las máquinas en un taller de confección; como la historia, sólo con empatizar muy poco, te atrapa, puedes oler la humedad, la madrugada, las violetas amarillas con las que Liberto describe a Juana... hasta el miedo, que tiene una consistencia tan real, tan cercana y palpable, como la muerte. Abriendo bien los ojos contemplaremos un país condenado al silencio, minado de secretos e injusticias que condicionarán los días venideros, porque la mala suerte existe, y estar en el momento inadecuado en el lugar más inoportuno no es cualquier cosa. En el cielo de la boca se alberga el sabor salado de las lágrimas, más intensas aquellas que no pueden derramarse, la sopa de boquerones, la pelusa de las malvas, el vino de Gandesa permitiendo la niebla en la memoria... La novela huele a lejía y a mugre, a honestidad y calles marchitas, a madera. Es un legado de todo lo que se nos olvida que fuimos, un retrato fiel, una verdad sin aristas.

La vida es otra cuando nada se puede elegir.

Siendo una historia triste, transcurrida en una época carente de luz y de alegría, no resulta trágica o deprimente, quizás por su absoluta realidad, o porque no queda otra que levantarse al alba cada mañana y continuar, cómo lo hacen Manuel Merchán y sus séis hijas, a pesar de todo, de ese tremendo equipaje que a duras penas arrastran, cómo lo hace el propio mundo, que no se detiene.

De las buenas novelas siempre se aprende y esta es una narración más sobre una posguerra que dió para escribir cientos de historias, similares en muchos aspectos, diferentes siempre.  Las diferencian la memoria de los personajes, su manera de ser y estar dentro del argumento.  Esta Juana Merchán que se quemó a propósito con salfumán las manos finas derrocha melancolía y al mismo tiempo lealtad, tiene una capacidad de amar sin prejuicios que está por encima de lo visto y lo vivido, que la convierte en alguien especial, capaz de conquistar, en fragmentos minúsculos, una libertad quimérica. Vive envuelta en resignación y memoria, es una niña vieja, una mujer marchita capaz de sobreponerse siempre, de derrumbar muros con una caricia.

En las buenas novelas se ama a unos personajes y se odia a otros, como ocurre en esta, en la que nadie pasa desapercibido.

Todas las guerras son desproporcionadas, innecesarias y terribles, pero las señales de su trayectoria merman la vida de generaciones enteras, condicionan el alma.

Olga Merino (Barcelona,1965) realiza un trabajo excepcional, cómo en su última novela "Perros que ladran en el sótano" (Alfaguara, 2012) (la historia de una troupe de variedades en la España franquista, entre otras cosas, de la que ya hice reseña en este blog). Me parece una escritora capaz de describir al detalle, emocional, contundente, sobria.

Acierto seguro.

26/01/2014 19:07 Puri Novella Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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